| 3/16/2017 12:00:00 AM

¿Qué pasará con los recientes cambios en el Banco de la República?

Los recientes cambios en la Junta Directiva del Banco de la República abren un interrogante sobre cómo quedan las cargas al interior de la autoridad monetaria y cambiaria del país. Un asunto clave para el futuro económico.

El presidente Santos culminó una de las transiciones que con más expectativa tenía al mundo económico y empresarial del país: los ajustes a la Junta Directiva del Banco de la República.

El proceso se cerró con la salida de Carlos Gustavo Cano y César Vallejo, quienes serán reemplazados por el abogado Gerardo Hernández y el economista José Antonio Ocampo.

Se trata de dos importantes protagonistas de la historia económica colombiana contemporánea, que cuentan con condiciones suficientes para desempeñar un gran papel en la autoridad monetaria y cambiaria del país.

Se pueden mencionar algunas anécdotas sobre ellos. Por ejemplo, Hernández es el segundo abogado que es codirector de la Junta, después del hoy fiscal Néstor Humberto Martínez; la idea sobre la conveniencia de tener un abogado en la junta venía de Francisco Ortega, quien fue el responsable, como gerente general de la entidad, de la transición del antiguo Banco de la República a la nueva entidad creada por la Constitución de 1991.

Ocampo, por su parte, es el segundo exministro de Hacienda que llega a ser codirector, luego de Roberto Junguito, y es considerado el economista colombiano que más lejos ha llegado en el ámbito internacional, pues además de ser profesor en reputadas universidades como la de Columbia, llegó a ser secretario general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

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“Él puede ser visto como un maestro de todos los economistas del país, no solo porque les dictó clase a la mayoría, sino porque, además, todos los otros economistas colombianos han tenido que leer su obra para conocer la historia económica del país”, señaló un conocedor de los temas del Banco de la República.

Pero, más allá de las anécdotas, es necesario puntualizar las implicaciones de estos nombramientos, pues si bien nadie pone en tela de juicio sus capacidades y responsabilidades, es claro que no se trata de una decisión neutral, ni de un simple trámite administrativo. Cada uno de ellos llega a este nuevo puesto con sus perspectivas acerca del futuro económico de Colombia.

Historia viva

Hernández es quizás uno de los hombres que más sabe sobre el Banco de la República. Fue el secretario general de la Junta durante uno de los periodos más críticos de la economía colombiana: la crisis de finales del siglo pasado.

Su papel como secretario era fundamental en la organización de las reuniones de los codirectores y en la transcripción de la “historia” del Banco en ese momento crítico de la institución, justo cuando la entidad se estaba consolidando y le tocó manejar la peor situación económica en la historia de Colombia.

Alguien que lo conoce de cerca señala que es un hombre muy disciplinado, y que durante su paso por el Banco, primero como secretario de la Junta y luego como subgerente Ejecutivo, ayudó mucho a morigerar las tensiones entre todos los miembros de Junta: el ministro, el gerente y los codirectores.

“Es un tipo de una gran inteligencia, una persona de bajo perfil en sus cosas, pues no está buscando su promoción personal; por esa razón, es alguien que puede trabajar muy bien con todo el mundo. Es una persona discreta, leal, amable, además de brillante, por supuesto. La Junta del Banco de la República le quedó chiquita, pues manejaba eso muy bien, con una gran soltura y gran facilidad. Entonces, Miguel Urrutia decidió ponerle otras funciones, como, por ejemplo, respecto de toda la operación del Banco, como gerente Ejecutivo”, explicó una fuente cercana al nuevo codirector.

El perfil de Hernández es bien particular pues no se trata simplemente de un técnico en teoría monetaria, sino que conoce el Banco también en su operatividad. Esta es una de las claves sobre el aporte de Hernández; no en vano, por ejemplo, a la hora de elegir el gerente, puede resultar tan importante el proceso de votación, como la opinión de los mismos codirectores. Hernández también se mueve muy bien en estos asuntos operativos como en los técnicos.

Además, al haber tenido que enfrentar la crisis económica de finales del siglo y presenciar el proceso de consolidación del esquema de política monetaria aún vigente, conocido como “inflación objetivo”, se ha hecho a una idea sobre el papel del Emisor frente al manejo económico. Por esta razón es posible concluir que el perfil de Hernández responde más a alguien de la ortodoxia económica que de la heterodoxia y que busca consolidar la función institucional del Banrep.

No sería extraño que Hernández se empiece a mostrar partidario de manejar con cuidado las modificaciones en las tasas de interés, porque entiende que la prioridad del Banco es la inflación, por encima de otras variables como el empleo o el crecimiento.

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Hernández igualmente tiene una perspectiva amplia sobre la regulación macro-prudencial, que busca generar tranquilidad sobre la situación del sector financiero. Cabe recordar que, siendo superintendente Financiero, le tocó tomar decisiones sobre los balances y las provisiones de los bancos.

Así, su perspectiva sobre la banca y los desafíos que ella enfrenta le ayudarán a la Junta a tener más herramientas de análisis sobre los posibles choques que pueda enfrentar el país; no es un secreto que Colombia cuenta hoy con un sector bancario de enorme peso en elPIB y profundamente incrustado en la economía internacional.

Maestro de economistas

El otro nuevo codirector de la Junta del Banrep es tal vez el economista colombiano más reputado en el exterior. La carrera de José Antonio Ocampo se ha desarrollado no solo en la academia, sino en la administración pública y la institucionalidad multilateral: llegó a ser el secretario general adjunto de las Nacionales Unidas, director de la Cepal y profesor de la prestigiosa Universidad de Columbia.

Todos esos pergaminos le darán para ser una de las voces cantantes al interior de la Junta: su presencia elevará aún más el nivel de la discusión sobre los grandes asuntos.

Uno de los interrogantes enormes se refiere a cuál será su posición respecto al papel que cumple el Banco en fomentar o no el crecimiento económico. Cuando Ocampo fue Ministro de Hacienda, desde mayo de 1996 hasta noviembre de 1997, una de las preocupaciones centrales para el Emisor fue cómo enfrentar la desaceleración del aparato productivo.

Entonces se optó por una política de flexibilización monetaria (inyección de liquidez y menores tasas de interés), que terminó agudizando las fuerzas procíclicas y recesivas; cuando llegó la recesión en 1999, el nivel de ajuste en las tasas y las restricciones de liquidez implicaron un mayor choque para la economía.

Ahora, Ocampo se encuentra con una situación similar: existe profunda preocupación sobre en qué punto poner las tasas de interés para que, o bien ayude a generar un mayor crecimiento o, por lo menos, no ponga en riesgo la posible recuperación que se espera en 2017.

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Respecto de este tema, el Banco ya envió un mensaje al reducir la tasas y apostar por el crecimiento. Pero esa movida aún sigue siendo arriesgada: si las expectativas de inflación no se corrigen y se vuelven a desanclar, en el futuro próximo el Banco tendrá que emprender nuevamente una carrera alcista en las tasas de interés y, en ese caso, será necesario un mayor choque a la economía para llevar nuevamente las expectativas a un rango racional.

Hay una señal de alerta sobre la percepción acerca del rol del Banco: según la más reciente encuesta de Gallup, la imagen favorable del Emisor es de 36%, mientras que la imagen negativa es del 39%. Es la primera vez en la historia de esta encuesta que la imagen negativa del Banrepública supera la positiva. Así las cosas, ya se está escribiendo otro interesante capítulo de la historia económica de Colombia.

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