| 10/14/2015 7:00:00 PM

¿Qué se define en las ciudades con las próximas elecciones?

Las próximas elecciones son claves para el futuro de las principales ciudades colombianas. Planear el crecimiento urbano es el gran asunto para la política pública del posconflicto. La decisión está en manos de los electores.

Les llegó el momento a los votantes de elegir el futuro de sus ciudades. En un escenario de paz, los procesos electorales regionales adquieren mayor importancia, pues diagnosticar los problemas de Colombia pasa por identificar geografías específicas. Es lo que los expertos han dado en llamar “economía urbana”.

Con la firma de un acuerdo entre el Gobierno y las Farc, será necesario concentrarnos en resolver los problemas asociados a maneras de distribución de los espacios y las responsabilidades al interior de los grandes centros de aglomeración de personas. Ese debe ser el tema central de la política y la administración pública en los próximos años.

En las grandes urbes es donde se da la mayor concentración de población hoy en Colombia. Eso explica que en la agenda de la ciudadanía primen asuntos como la inseguridad, la movilidad, la educación, el empleo y los servicios públicos.

El tema tiene una enorme importancia económica. Solo Bogotá representa 25% del PIB colombiano. Si le sumamos algunas de las más grandes ciudades como Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, se podría decir que más de 40% del valor agregado de la economía colombiana se produce en estas ciudades.

Luis Armando Galvis, investigador del Banco de la República, coordinó el estudio Economía de las grandes ciudades en Colombia: seis estudios de caso. En la introducción al documento, se señala que si se toma el PIB urbano como el total de la producción del sector industrial, de servicios y el financiero, el 80% de este producto se concentraría en las principales ciudades.

Gente que produce

La concentración productiva está, obviamente, relacionada con la concentración de población, fenómeno que se ha agudizado en las últimas tres décadas. En 21 ciudades colombianas vive hoy prácticamente la mitad de la población del país. 

Los procesos de urbanización en Colombia han tenido una dinámica interesante. Mientras el total de población colombiana creció 65% en los últimos 30 años, en esas 21 ciudades la población aumentó a una tasa de 86,3%. Hay casos excepcionales como Soacha, cuya población creció 327% en estas tres décadas; Soledad, 294%; Valledupar, 157% y Villavicencio, 154%. Bogotá prácticamente duplicó su población en el mismo periodo. La población de Cali creció 76%; Medellín, 67%, y Barranquilla y Bucaramanga un poco más de 30%.

Como se defina la suerte del uso del suelo en este grupo de centros urbanos determinará buena parte de las condiciones de desarrollo de la economía colombiana para los próximos años.

Crecer y crecer

Hasta no hace muchos años, los procesos de urbanización se vieron como uno de los aspectos negativos del desarrollo. El abandono del campo y el confinamiento de grandes masas de campesinos en los círculos de miseria de las capitales eran la imagen habitual de este proceso.

Sin embargo, hoy ese diagnóstico no parece ser tan acertado. Como ya se dijo, en las ciudades se está dando la mayor porción del valor agregado que producen las economías modernas. Adicionalmente, también en ellas se han dado los pocos o muchos logros sociales de los últimos años. Un ejemplo de ello son los resultados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Según la Asociación de Instituciones Financieras (Anif), el país logró un alto nivel de desarrollo humano, basado en el ranking de la ONU, gracias a que muchos de sus indicadores sociales mejoraron ostensiblemente.

Expectativa de vida, alfabetización, ingreso per cápita y reducción de la mortalidad infantil y la tasa de homicidios son algunos de los frentes en los que el país ha logrado cambiar las tendencias. Eso fue posible en medio de este agresivo proceso de urbanización.

La microeconomía de las ciudades permite entender varios de los aspectos más importantes de este fenómeno y plantear el camino a seguir. La economía urbana se refiere sustancialmente a cómo definir los procesos de ocupación y distribución de los espacios. Si la ciencia económica se ocupa de la administración de la escasez, las ciudades han sido todo un laboratorio de aprendizaje sobre cómo se han distribuido dichos bienes escasos en espacios limitados.

El ejemplo más evidente: la mano de obra. Las grandes ciudades han contribuido a organizar y ubicar a las personas que ponen la fuerza laboral de una sociedad. En Colombia, las 13 principales ciudades alojan 54% de la población económicamente activa. Gracias a estas aglomeraciones, los mercados laborales son más elásticos y los costos de producir pueden mostrar reducciones importantes. Visto así, las ciudades son verdaderas aceleradoras del crecimiento y la competitividad.

Sin embargo, de aquí se derivan nuevos problemas asociados a la urbanización de Colombia. El más importante de ellos, la movilidad. El asunto no solo tiene que ver con la eficiencia en los desplazamientos y en las horas de productividad perdidas. Esa es apenas la punta del iceberg.

Esa situación expresa un problema de fondo. Si, por ejemplo, una persona tiene que movilizarse durante dos horas para llegar a su puesto de trabajo, atravesando la ciudad entera (como ocurre con muchos empleados en Bogotá) y otras dos horas para volver a casa, se le está imponiendo un gravamen equivalente a 50% de su jornada laboral, pues destina 4 horas en desplazamientos en una jornada laboral de 8 horas.

Este “impuesto” se expresa en costo de oportunidad. Si esa misma persona pudiera reducir sus tiempos de desplazamiento, bien podría contar con más horas de descanso para reponer fuerzas o buscar ingresos adicionales. A precios de salario mínimo por horas, las personas con este tipo de desplazamientos están perdiendo hasta $3,9 millones anuales.

Esta situación es perversa. Primero, porque las personas gravadas con este costo de oportunidad son siempre las de menores ingresos y, segundo, porque esta situación destruye valor, pues el tiempo que gasta una persona de clase media o baja para dirigirse a su trabajo se va, literalmente, a la basura.

Así que la distribución de los espacios y la reducción de distancias entre los hogares y las organizaciones son fundamentales para combatir esta nueva forma de desigualdad que están generando las grandes urbes. Pero esa es apenas una de las facetas del diagnóstico.

Muchos temas están asociados a la manera como las ciudades han decidido usar su territorio: la violencia e inseguridad, el acceso a educación de calidad, el acceso a la salud y a los servicios públicos.

Desde esta perspectiva, diseñar, aprobar e implementar los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) son las actividades fundamentales en el futuro próximo en cada una de las principales ciudades del país. El caso de Bogotá durante estos últimos cuatro años muestra lo nefasto que puede ser que el debate en torno del POT quede congelado. 

La Capital prácticamente tuvo que vivir este tiempo sin una norma para organizar la distribución de sus espacios; el impacto sobre industrias como la construcción fue evidente.

Con la distribución de espacios se definen las vocaciones de las ciudades. Lograr mayores niveles de productividad e innovación, ampliar la oferta educativa y mejorar el acceso a educación de calidad y combatir la inseguridad son temas cuya resolución está asociada al POT.

Las ciudades han logrado avanzar de manera importante en los últimos años. Esto ha permitido generar eficiencias para las industrias; ofrecer mano de obra mejor calificada para sectores de avanzada como las telecomunicaciones y la banca; ampliar la oferta educativa, especialmente en educación privada universitaria y consolidar la infraestructura de servicios.

Igualmente, las fisuras han empezado a aparecer: lo que está ocurriendo con la seguridad y la movilidad; los desafíos con servicios públicos como la disposición de basuras, problema que en Bogotá nuevamente amenaza con explotar, o la recepción de grupos de personas desmovilizadas del conflicto armado, ponen de presente que nadie puede cantar victoria. 

Es desde esta perspectiva que deben ser miradas las propuestas de los candidatos a las alcaldías. Dinero decidió hacer un paneo sobre los problemas centrales de las cinco principales ciudades para que los electores los contrasten con las propuestas de quienes aspiran a estos cargos públicos.

De lo que decida la ciudadanía el próximo 25 de octubre depende el desarrollo que tenga al menos 50% de la economía en los próximos cuatro años. Ese está lejos de ser un tema menor.
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