| 5/2/2014 7:00:00 AM

La rebelión de los Uwa

Colombia volvió a bajar su producción de crudo en abril por debajo del millón de barriles diarios, pues el pueblo Uwa se opone a que el oleoducto Caño Limón Coveñas sea reparado. Las implicaciones son más peligrosas de lo que se ha dicho hasta el momento.

Casi 40 días se ha mantenido parada la producción de petróleo en el campo de Caño Limón, por cuenta del bloqueo que mantiene el grupo indígena de los Uwa, quienes se oponen a la refacción del oleoducto que fue objeto de un atentado con explosivos el pasado 25 de marzo.

El resultado: cada día se dejan de producir 77.000 barriles, es decir más de US$7 millones por jornada; en algo más de un mes, se han quedado en la tierra unos 2,3 millones de barriles de petróleo. “Eso a valores de hoy son US$230 millones”, señaló una fuente de Ecopetrol, quien explicó que el taxímetro de esa cuenta seguirá creciendo, mientras no se logre restablecer el tránsito de crudo.

El viernes 25 y el lunes 28 de abril, el Gobierno realizó nuevos intentos por convencer a la comunidad indígena de permitir a los ingenieros de la petrolera de entrar al terreno a reparar los estragos.

En los encuentros, realizados al cierre de esta edición, estuvieron presentes los ministros del Interior, Aurelio Iragorri, y el de Minas, Amylkar Acosta. También, el Presidente de Ecopetrol, delegados de la Procuraduría, de la Defensoría, y varios mandatarios locales. Así que nadie puede decir que el Gobierno no ha mostrado voluntad para resolver la situación.

Los representantes del pueblo Uwa piden, entre otras cosas, $2 billones en inversiones en su zona y suspender todos los proyectos exploratorios en el área que ellos consideran territorio Uwa (que va mucho más allá del resguardo indígena definido por la norma colombiana y que según los indígenas se extiende hasta Venezuela). Además, exigen modificar el trazado actual del oleoducto para que no pase por el que ellos consideran su territorio.

Impacto generalizado

El problema no solo afecta la producción del campo Caño Limón. La situación también tiene implicaciones para el crudo de los Llanos Orientales, donde se produce 75% del petróleo colombiano. Resulta que el oleoducto Caño Limón es el receptor de los crudos que vienen por el oleoducto Bicentenario. “Así que si Caño Limón no funciona, el Bicentenario tampoco, porque esos dos trazados se unen en el sitio conocido como Banadía”, explicó una fuente.

La situación ha sido enfrentada por parte de las compañías petroleras de los Llanos, donde se encuentran Ecopetrol y Pacific, volviendo al tradicional transporte a través de carrotanques.

La situación ha empezado a afectar el costo de transportar el crudo: movilizar un barril por oleoducto vale US$3 a US$4; por carrotanque puede llegar hasta US$20. Eso significa que, en las actuales condiciones, el transporte le está mordiendo cerca del 20% del valor del crudo colombiano.

Actualmente se podría decir que la situación ha afectado a por lo menos 75% de la producción, no solo porque el campo Caño Limón está cerrado, sino porque otros campos claves como Rubiales han tenido que buscar otra forma más costosa de transportar el combustible.

El presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP), Alejandro Martínez, aseguró que es muy grave que la situación ya complete más de un mes y no se haya podido entrar para hacer las reparaciones, no solo por el golpe económico, sino porque “hay un impacto ambiental y un riesgo de seguridad en la zona”. Se refiere a que la exposición del crudo derramado al sol y el aire libre libera gases tóxicos y de alta combustión, lo que no ha podido ser tratado por los expertos de Ecopetrol.

Algo huele mal

Esta situación ha vuelto a poner en riesgo la meta de superar el millón de barriles de producción. Durante los dos primeros meses de 2014, el objetivo se había alcanzado, pero en marzo y abril es claro que no se logró.

El impacto económico es importante, el sector petrolero es uno de los mayores generadores de divisas para Colombia. La tendencia debe empezar a generar preocupación. Cabe recordar que, el año pasado, Ecopetrol registró una caída en su utilidad operativa, al pasar de los $23,3 billones a $21,8 billones. Esta caída estuvo asociada al incremento en los costos de producción.

Esto significa fundamentalmente que las presiones para producir petróleo en Colombia están creciendo. Si a esto se suman problemas como el que se presenta actualmente en el territorio Uwa, es claro que los indicadores de las empresas afectadas y del sector en general podría deteriorarse igualmente.

Las peticiones Uwa suenan desproporcionadas, más aún cuando el problema ha ocurrido por fuera de los terrenos del resguardo indígena; en ese sentido, a ellos no les asiste la razón.

Si a esto le sumamos el hecho cierto de que el país no ha logrado anunciar nuevos y representativos hallazgos petroleros, no es desproporcionado augurar mayores problemas en el futuro próximo.

¿Qué va a pasar si este año los ingresos por regalías e impuestos no resultan ser los esperados?

Cualquier desviación de las proyecciones puede representar un problema serio para las finanzas de las compañías y, consecuentemente, para las finanzas públicas.

Entre impuesto a la renta, regalías y dividendos, la industria petrolera le representa hoy $23 billones anuales al Estado colombiano. Es decir, el 23% de los ingresos corrientes del gobierno central. Una afectación de 10% en estos ingresos abre un hueco enorme a las finanzas públicas.

Lo que está en juego en esta coyuntura parece poner en evidencia de nuevo un problema estructural del aparato productivo colombiano: la excesiva dependencia de los ingresos petroleros de una economía que si bien ha mostrado salud hasta el momento, podría tener en este frente la principal vulnerabilidad.

El pueblo Uwa tiene todo el derecho a presentar las exigencias que desee; sin embargo, las que ha puesto sobre la mesa en estos momentos, son exageradas; por la afectación que podría tener esta historia para la economía nacional, los Uwa parecen estar jugando con fuego.
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