| 12/15/2016 12:00:00 AM

Colombia avanza lento, pero seguro. ¿Qué pasará en 2017

La desaceleración del PIB es vista por algunos como una buena noticia, pues implica un ajuste necesario ante la caída del ingreso petrolero. ¿Será que ya se tocó fondo, o vienen más caídas?

Que el país haya crecido en el tercer trimestre a su paso más lento en los últimos siete años (1,2%) no deja de ser un motivo de preocupación. Esto no solo implica que genera menos riqueza, sino que además limita su capacidad de desarrollo, pues hasta hace poco se asumía que podía crecer a 4,5% anual (lo que se conoce como PIB potencial) y ahora se cree que máximo puede avanzar alrededor de 3,3% sin generar inflación.

Quienes ven el vaso medio vacío están preocupados porque consideran que crecer entre 2% y 2,5%, que es lo que se prevé para 2016 y 2017, implica una economía frenada y sin perspectivas de gran mejora. De hecho, la mayoría de expertos decidieron ajustar a la baja sus pronósticos tras conocer lo que califican como el decepcionante crecimiento del período julio-septiembre. El mismo Gobierno bajó su expectativa de 3% a 2% para 2016.

No obstante, quienes ven el vaso medio lleno consideran que es positivo que la economía haya perdido vigor, dado que si hubiera seguido creciendo al 3% tendría que haberlo hecho al debe y eso pondría al país en una situación mucho más vulnerable que la actual.

“La recesión a la colombiana es crecer 2%, porque todos nos rasgamos las vestiduras y nos parece terrible, pero ese enfriamiento es positivo porque no decrecimos como otros países. Es más, es una cifra que muestra que esta es una economía relativamente estable y no tan volátil como las del vecindario que pasan del boom a la contracción con bastante frecuencia”, opina Daniel Velandia, economista jefe de Credicorp.

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Insiste en que, hasta ahora, el ajuste de la economía ha sido ordenado. Tras la caída en los precios del petróleo, el gasto fiscal se desaceleró para cumplir con metas fiscales; el consumo se ajustó a la alta inflación, las mayores tasas de interés y un mercado laboral más débil; al tiempo que la inversión se contrajo por el sector petrolero, una mayor tasa de cambio y menor gasto público (incluyendo el efecto del ciclo político).

El director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, también considera que tal como lo indica la filosofía de Pambelé “es mejor crecer más que crecer menos”, pero desde el punto de vista de la sostenibilidad del crecimiento, la desaceleración era lo más adecuado, pues el país necesitaba ajustarse a las nuevas condiciones, “y en el futuro se va a ver que la situación no fue tan grave y que hasta terminó siendo bien manejada”.

Era necesario

Para Juana Téllez, economista jefe del BBVA Colombia, el ajuste de la economía era necesario, en especial para poder cerrar el déficit de cuenta corriente, que en el tercer trimestre de 2015 alcanzó a estar en 7,4% del PIB y se espera que termine este año en 4,6%. “Claro, lo óptimo no es crecer menos, pero creo que ya deberíamos estar pasando por lo peor”, dice, aunque aclara que la desaceleración del consumo estuvo demorada y que aún falta el ajuste en el mercado laboral.

Efectivamente, mientras varios indicadores están a la baja, como el crédito y la inversión, la tasa de desempleo aún se mantiene en un solo dígito (9,4% en lo corrido del año a octubre), pero expertos como Téllez creen que va a terminar el año en 10,3% y en 2017 subiría levemente a 10,5%, esto debido a la reforma de 2012, que redujo los parafiscales.

Sin embargo, hay otros economistas que consideran que el ajuste en el desempleo está rezagado, porque los empresarios no despiden a sus empleados tan pronto ven un dato económico negativo, sino que retrasan la decisión hasta donde les sea posible y, por eso, este no es considerado un indicador líder que indique hacia dónde va la economía.

Otra opinión tienen en Anif, donde no comparten la idea de que se está dando un ajuste ordenado de la economía a un paso más rápido de lo esperado, la cual es expresada por el Gobierno y el Banco de la República, “pues ¿acaso faltantes de US$14.000 millones en la cuenta corriente y de US$10.000 millones en la balanza comercial son cifras tranquilizadoras?”.

Foto: Daniel Velandia, Economista Jefe de Credicorp

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Para el centro de pensamiento los menores dinamismos de la economía son resultado de caídas en sectores claves como la industria (que crece 3,4% vs. 5,4% proyectado), donde ha quedado claro que el impulso de Reficar no ha sido suficiente, y el comercio (1,2% vs. 2,3%), particularmente afectado por la devaluación y la menor confianza de los consumidores. También ha estado muy afectado el transporte (0,7% vs. 1,5%), dados los lastres del paro camionero de 46 días durante junio y julio.

Pero más allá de si crecer al 2% es positivo o negativo, otra pregunta pertinente es por qué el PIB no se desbarató más con una devaluación de 70% en dos años.

Para Velandia, la respuesta está en el hecho de que la economía doméstica está muy diversificada, al tener más de cinco ciudades con más de un millón de habitantes y con aparatos productivos muy distintos. Por ejemplo, el departamento del Valle del Cauca, que estuvo muy afectado durante los años de dólar barato, hoy muestra un buen dinamismo.

Villar también atribuye el aguante de la economía al hecho de que el gasto público se pudo ajustar más rápido y se preparó el ambiente para la reforma tributaria, cosa que por ejemplo no ocurrió en Brasil, al tiempo que la tasa de cambio flexible ayudó a absorber el golpe, ventaja que no ha tenido Ecuador al estar dolarizado.

Lo que falta de acá en adelante es que los planes de las obras de infraestructura 4G se concreten, pues en ellos están centradas las esperanzas de crecimiento, y que la reforma tributaria no salga tan recortada del Congreso (al cierre de esta edición no habían terminado los debates). Así, pese a todos los vientos externos negativos, 2017 podría ser un año con mejor desempeño que el que está por terminar.

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