| 9/2/2015 12:00:00 AM

Escasea la plata para financiar las 4G

El dinero para financiar todos los proyectos que restan del programa vial 4G, conocido como la tercera ola, no alcanza. Los Santanderes serían los más afectados.

El tercer grupo de contratos del programa de cuarta generación de concesiones (4G) será una de las principales víctimas por la caída en los precios del petróleo. Las menores rentas impactaron las cuentas del gobierno nacional a mediano plazo y por ello se hace difícil que el Ministerio de Hacienda pueda garantizar todos los recursos, unos $10 billones. No hay que perder de vista que cuando el primer gobierno del presidente de la República, Juan Manuel Santos, presentó en sociedad el ambicioso programa vial 4G, la cotización del barril de petróleo superaba los US$80. Hoy se cotiza por debajo de los US$40, por eso la plata ya no alcanza.

Así las cosas, los fondos o espacio fiscal para financiar buena parte de estas obras se agotó. De un total de diez proyectos viales de la tercera ola, al interior del alto gobierno se habla de financiar máximo seis, dos de los que se salvan saldrán a licitación en octubre próximo, según un comunicado oficial conocido en los últimos días.

El asunto se complica más pues los cinco o seis proyectos por financiar de esta tercera ola también están atados a lo que decida el Consejo de Estado con respecto a la eventual venta de la participación del Estado en Isagen. Esos recursos servirían para apalancar los proyectos. El listado de carreteras y regiones favorecidas lo tendría en su agenda el vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras.

Una de las opciones que se baraja en el alto gobierno es aumentar las exigencias a los constructores para apalancar estos proyectos, pero es algo complejo si se tiene en cuenta que las constructoras estarán más que comprometidas con las dos primeras olas.

Lo que sí queda claro a la fecha es que la primera y segunda ola de proyectos no tendrían mayores inconvenientes para financiarse, ya que tienen las vigencias futuras garantizadas mediante documentos Confis.

La tijera no tendría mayores inconvenientes si no fuera porque algunas regiones del país, como Antioquia y el Caribe, lograron entrar con ambiciosos proyectos en las olas 1 y 2, mientras los Santanderes quedaron en el tercer grupo. Además, la ola 3 es la más extensa, al sumar los kilómetros de obra en los 10 proyectos. La “ola uno” acumuló 1.628 kilómetros, la “2” un total de 1.827, mientras la tercera es de 2.240.

“Los proyectos que logren salir adelante de esta tercera fase también se encontrarán con unos bancos con menor liquidez, posiblemente tasas de interés más altas (si la FED sube los tipos de interés en algún momento de lo que resta del año, como está previsto) y un dólar más caro”
, explica un analista del sector que prefirió no ser citado.

El Gobierno ya hizo un esfuerzo al ampliar la exposición crediticia de los bancos para el programa 4G –asumiendo el costo de alejarse un poco más de Basilea III, que pide menor concentración de riesgo crediticio–. El punto es que ahora será más difícil avanzar en el ajuste de la regulación local para permitir que el sistema bancario siga financiado enormes cantidades de dinero a un solo sector, en este caso el de infraestructura.

Los proyectos

Basta con revisar las vías a contratar para darse cuenta de que hay proyectos clave para el desarrollo de las regiones. Por ejemplo, está una de las vías con mayores inconvenientes por deslizamientos y cierres: la carretera Manizales–Honda–Villeta, de 222 kilómetros, cuyo trazado requiere una actualización urgente que permita –mediante túneles y viaductos– reducir los cierres y derrumbes en invierno.

En la tercera ola también está la vía Ocaña–Cúcuta, reconocida por los derrumbes y las dificultades geológicas. Esta carretera tiene 186 kilómetros y el proyecto prevé la construcción de 56 kilómetros en doble calzada.

De la misma manera, la comunicación eficiente entre el centro del país y Ecuador resultaría afectada si no se construye el corredor Pasto–Popayán, el cual tiene prevista la construcción de la variante Timbío–El Estanquillo, de 63 kilómetros, y el mejoramiento y la rehabilitación de 229 kilómetros.

El Gobierno salió al paso hace unos días al anunciar que en octubre próximo abrirá la licitación para Bucaramanga–Pamplona y Pamplona–Cúcuta, los cuales requieren unos $2 billones. Sin embargo, no se precisó cuándo saldrán los demás proyectos. Una de las opciones para cumplir con estas iniciativas de la tercera ola es el desarrollo de un mayor número de proyectos bajo la figura de Alianzas Público-Privadas (APP), pero de origen privado.

Lo cierto del caso es que, si se confirma el recorte de proyectos, será difícil cumplir con las expectativas generadas desde 2013 en materia de generación de empleo y crecimiento económico, al menos en el corto plazo.

Además, las posibilidades para financiar por completo la tercera ola son cada vez más remotas, teniendo en cuenta lo señalado en el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2015 (MFMP). En el documento (página 172) se explica que algunos proyectos fueron reajustados en el plan de obras, peajes o alcance. Por ejemplo, en la iniciativa Mulaló–Loboguerrero se modificó el valor de construcción de un túnel “para las actividades de excavación, pre-soporte y soporte, las cuales gozan de garantía geológica por parte de la Agencia Nacional de Infraestructura”.

También se afirma que dentro de la reestructuración de la Autopista al Mar 2 (El Tigre–Cañas Gordas), se aumenta el alcance del proyecto en dirección al Urabá, para lo cual se contempla el aumento del plazo del contrato, así como recibir dos nuevos peajes que actualmente pertenecen a la concesión Transversal de las Américas. “Estos cambios implicarán un aumento en el riesgo comercial y, consecuentemente, en el Plan de Aportes”, explica el documento del Ministerio de Hacienda.

La ANI explicó que, en el caso de Mar 1, el proyecto irá hasta Necoclí, “pero solo para operación y mantenimiento, pues la construcción está a cargo de la concesión Transversal de las Américas”.

Según el MFMP, las cuentas de pasivo contingente (2015-2025) ascienden a $1,2 billones para la segunda ola y de $667.000 millones para la primera.

Mientras avanzan los cierres financieros de la primera ola y ya se están dando los procesos de adjudicación de la segunda, las inquietudes vienen para la tercera. ¿Alcanzará?
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