| 9/16/2015 7:00:00 PM

Los colegios bogotanos son los que más rajan a sus alumnos

Perder un año escolar y repetirlo tiene efectos adversos sobre el futuro de los estudiantes. Los colegios públicos bogotanos tienen las mayores tasas de repitentes. ¿Qué se está haciendo para impedirlo?

Una idea está presente entre personas mayores y algunos educadores en todo el país: “si el muchacho no entiende los temas, lo mejor es que repita el año”. 

Y no es extraño; hace tres décadas lo normal era repetir, por perder la evaluación de los casos de factorización o por no estudiar los sacramentos en la clase de religión. 

Pero los tiempos cambiaron. Estudios de instituciones como la Unesco coinciden en que reprobar un año tiene efectos negativos en el desarrollo de los niños, porque reduce la autoestima y el interés por aprender.

La Unesco ha señalado que quienes pierden un grado tienen 50% de probabilidades de dejar de estudiar. Esto quiere decir que el gran riesgo de reprobar un año es la posibilidad de que el estudiante pierda las ganas de estudiar y termine desertando.

En últimas, hay tres posibilidades de educación en la vida: la buena, la mediocre y, la peor de todas, ninguna.

Por eso es fundamental que los estudiantes no repitan, para que no deserten, condenándose para toda la vida al peor de los mundos.

Quizá por estas razones, un Decreto de 2002 estableció la promoción “de 95% del total de los educandos que finalicen el año escolar en la institución educativa”; es decir, que en Colombia solo podía perder el año hasta un 5% de los estudiantes de un colegio.

Pues bien, dicha norma, suprimida en 2010, generó incentivos para que en los entes territoriales del país el porcentaje de repitentes estuviera en promedio en el techo permitido (5%) mientras estuvo vigente.

La medida originó dos hechos. Primero, las tasas de repetición del país han presentado un comportamiento decreciente, salvo en 2010, desde que se aprobó dicha modificación. Segundo, en los colegios públicos bogotanos las tasas de repitentes, aunque han caído, están muy por encima de las de todos los entes territoriales del país e históricamente siguen estando por encima del promedio nacional (ver gráfica). ¿Qué pasa entonces en el Distrito?

Según Armando Solano, coordinador académico del Instituto Técnico Central de La Salle, entre los docentes existe el mito que “entre más exijo, más estudiantes pierden”.

Óscar Sánchez, secretario distrital de educación de Bogotá, sostiene que una serie de investigaciones prueban que el componente de la familia explica 70% del resultado en el estudiante y el colegio otro 30%; dentro de este último el docente juega un rol crucial.

Por eso, la ciudad decidió hace varios años hacer una apuesta por la educación, lo cual hizo que pasara de cubrir 30% del total de la inversión en educación con recursos propios a cubrir cerca de 50%. Es decir, cada vez son menores los recursos que traslada la Nación para este rubro.

Estas cifras se pueden corroborar al observar la distribución sectorial de la inversión de la Capital: la mayor tajada se la lleva el sector educación (34%), seguido de salud (23%) e integración social (13%).

Precisamente, se han hecho esfuerzos por disminuir las tasas de repetición y de deserción. Una de ellas es ensanchar la jornada completa de ocho horas diarias. “Allí cubrimos a 230.000 de los 887.000 estudiantes del Distrito”, explicó Sánchez.

El secretario asegura que la jornada completa trae otros perfiles al aula, como científicos, artistas y deportistas. “Nosotros creemos que los estudiantes deben ir a museos y universidades, entre otros espacios”. Cabe destacar que expertos como Felipe Barrera, profesor de la Universidad de Harvard, apoyan este tipo de actividades (no cognitivas), porque cambian la lógica de la educación, despiertan el sentido crítico y aseguran que los estudiantes no estén tanto tiempo sin supervisión adulta.

Asimismo, en términos de formación docente, el Secretario señala que se ha facilitado el acceso a posgrados, en los que el Distrito paga 70% del valor de la matrícula. Se han invertido $100.000 millones y hay 6.500 beneficiarios, “lo cual se traduce en que estaríamos llegando a 10.000 profesores con título de posgrado o estudiando posgrado”.

Del mismo modo, la planta de docentes distritales pasó de 32.000 a 35.000 en esta administración; con una reducción del número de estudiantes matriculados, que pasaron de 937.000 en 2012 a 887.000 en 2014, favoreciendo así la reducción en el número de estudiantes por aula, que en promedio se encuentra en 32.

Conscientes de los riesgos que trae la pérdida del año escolar, desde la Secretaría de Educación se impulsan dos programas para atacar el problema. Uno de ellos es la estrategia A-Probar, que ayuda a que los estudiantes que van mal en alguna materia tengan unas horas de clase adicionales con maestros.

El segundo programa son las “aulas de aceleración”, que nivelan académicamente a jóvenes entre los 14 a 17 años, que superan la edad teórica del aula regular para los grados de 6º a 9º, y se encuentran dentro o fuera del sistema de educación formal.

La ruta a seguir

El país está lejos de llegar a esquemas como el de Finlandia, donde lo normal es que los estudiantes que tengan baches en áreas particulares reciban ayudas personalizadas para que todo el grupo tenga la menor dispersión de resultados.

Mientras eso ocurre, es fundamental darle el sentido al proyecto educativo, que los estudiantes sepan que vale la pena estudiar. Esto, de la mano con el impulso de la pedagogía activa centrada en los intereses de los estudiantes, la continuación de la apuesta que inició el Distrito de invertir en educación y el compromiso conjunto de profesores, planteles y familias. Que no se repita ni en Bogotá ni en Colombia.

La infraestructura ayuda

Un estudio de Hernando Bayona, profesor de la Universidad de los Andes, reveló que las inversiones en infraestructura disminuyeron las tasas de repetición de año escolar en 0,51 puntos porcentuales, en un grupo de 37 colegios del “Programa de Equidad en Educación en Bogotá”, los cuales fueron dotados de recursos locativos como laboratorios y coliseos. En otras palabras, Bayona probó que los adecuados ambientes escolares son los responsables de mejoras en los resultados académicos.
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