| 6/10/2015 7:00:00 PM

Los aranceles de la discordia

La nueva reforma arancelaria promete generar un gran remezón en la estructura del comercio exterior y mejorar el desempeño de la industria. Pero no está exenta de polémica.

En Colombia, el promedio de los aranceles que se cobran a los productos importados está en 8,3%, una cifra baja frente al promedio internacional, que lo ubican entre los países que más ha avanzado para insertarse en el comercio mundial y competir globalmente.

Pero a veces las cosas no son tan buenas o tan simples como parecen. Aunque el promedio de los aranceles ha bajado en la última década –en especial desde la Reforma Arancelaria Integral (REA) adoptada entre finales de 2010 y comienzos de 2011–, todavía existe un grupo importante de productos que gozan de enormes protecciones para evitar la competencia del exterior y generan de paso grandes distorsiones al sistema productivo.

Ya sea por la fuerte capacidad de lobby de sus productores locales o por las enormes presiones que ejercen ante el Gobierno, un grupo de privilegiados mantiene un nivel de protección tan elevado que impide que haya transparencia en el comercio exterior. El resultado: los excesivos privilegios no dejan que bajen los precios al consumidor, que haya más innovación y que entre la competencia.

Algunos aranceles selectivos para bienes intermedios superan 80% –casi 10 veces el arancel promedio–, generan enormes distorsiones por el alto nivel de dispersión, y llevan a que sea mejor importar el producto final, porque producirlo localmente resulta muy costoso.

En otros casos esta protección beneficia productos finales y evita la competencia externa, ya sea vía aranceles o aplicando mecanismos no arancelarios, como requisitos técnicos, y medidas sanitarias y fitosanitarias, hasta demoras en los procedimientos aduaneros cuyo resultado es un alto número de productos con una protección efectiva que llega hasta 400%, lo que hace prohibitiva su importación.

Estos casos fueron plenamente identificados por el experto en comercio exterior Juan José Echavarría, quien en un completo estudio al que tuvo acceso Dinero detalla las características y los efectos que ha tenido el otorgamiento de estos privilegios selectivos a un grupo importante de bienes, en su mayoría producidos por sectores grandes, que tienen una estructura productiva muy concentrada.

Curiosamente, aunque muchas veces se ha dicho que la mayoría de estos tratamientos especiales se ha otorgado al sector agropecuario, el estudio muestra que también muchos productos industriales han sido beneficiados. De hecho, en algunos casos las protecciones efectivas son mayores para ciertos productos industriales que para los agropecuarios, pese a que estos tienen tasas arancelarias altas en términos nominales.

Andrés Espinosa Fenwarth, director de la consultora de comercio exterior Inver10, asegura que en el país el sector agropecuario “no está tan protegido por la política arancelaria como se pretende hacer ver desde el cuartel de sus detractores. A pesar de tener un arancel nominal más alto que el sector manufacturero, como ocurre en todo el mundo, la agricultura tiene realmente un arancel aplicado menor al de la industria”.

Reforma urgente

El escenario de una estructura arancelaria con grandes distorsiones llevó a Juan José Echavarría, autor del estudio contratado por el Ministerio de Comercio, a sugerir que se tomen medidas para homogenizar la estructura arancelaria, reducir las distorsiones y generar unas condiciones que les permitan a todos los empresarios colombianos insertarse en las cadenas globales de valor.

El estudio de Echavarría ya fue entregado a la ministra Cecilia Álvarez Correa, y será la base de una nueva Reforma Estructural Arancelaria que se planea ejecutar en los próximos meses, con la cual el Gobierno busca crear las condiciones propicias para que todos los industriales aprovechen las ventajas de los acuerdos comerciales, mejoren su competitividad y se beneficien del buen momento generado por la coyuntura de la devaluación.

El Gobierno ya tiene claro dónde están los privilegiados que han obtenido las generosas concesiones que han entrabado la producción nacional. De hecho, de tiempo atrás algunos industriales se han quejado de la existencia de protecciones efectivas negativas que les impiden competir. Los ejemplos se cuentan por decenas y han salido a la luz pública sin que se hayan hecho las correcciones.

En una reciente reunión del presidente Juan Manuel Santos con un grupo de industriales del sector de confitería y galletería, el directivo de uno de los principales grupos de alimentos del país le dijo al primer mandatario que su compañía estaba contemplando trasladar una unidad de producción de Medellín a México, pues le resultaba mejor importar el producto terminado debido a los altos costos generados por la protección de algunos insumos del mercado nacional.

También el año pasado el presidente de Analdex, Javier Díaz Molina, se quejó de que mientras el atún crudo tiene en el país un arancel de 15%, el producto procesado en lata entra con 0% de arancel, desestimulando la industrialización de este producto. Otros ejemplos de protecciones efectivas negativas se dan en las preparaciones de mezclas para la alimentación infantil (-45,3%) o el desmote y preparación de algodón para hilado (-12,2%), por mencionar solo algunos casos.

¿Cómo llegar a una estructura arancelaria más homogénea?

Existen dos vías: una, establecer una tarifa arancelaria plana, como la que opera en Perú, que fija un mismo porcentaje para todos los productos. También está la escalonada, pero con menor desviación estándar; es decir, niveles menos amplios que los que existen ahora.

“Lo ideal sería que el país adoptara un arancel plano, pero sabemos que esto no es factible en el plazo inmediato, así que en esta discusión entre lo óptimo y lo posible deberíamos quedarnos con un arancel más homogéneo, que evite privilegios excesivos para ciertos sectores y facilite los encadenamientos globales para el desarrollo de un nuevo modelo de industria”, asegura el exministro Carlos Ronderos Torres.

Pero, aunque ya están identificados los casos en que se han otorgado privilegios arancelarios a algunos sectores, el Gobierno no la tendrá fácil por el fuerte poder de lobby que en el pasado han exhibido los productores que hoy gozan de estos beneficios.

Si bien la elevada devaluación que registra en estos momentos el peso colombiano resulta propicia para poner en marcha una Reforma Arancelaria Estructural, no le será fácil al Gobierno desmontar estos privilegios.

Los detalles de la reforma todavía no se conocen y habrá que esperar por lo menos un trimestre para conocer su dimensión. La ministra Cecilia Álvarez tiene en sus manos una verdadera ‘papa caliente’.
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