| 8/8/2014 6:00:00 AM

División interna

Aunque el Banco de la República está tomando las decisiones acertadas, el Gobierno se empieza a desmarcar en los asuntos de política monetaria. ¿Hasta dónde dejará llevar el Ministro Cárdenas el aumento de tasas?

Algo ha venido pasando en la Junta del Banco de la República. Si bien su decisión de aumentar tasas corresponde con las necesidades de la economía colombiana, que debe desacelerar el ritmo de su demanda, las últimas medidas han sido tomadas en una creciente división.

En la más reciente rueda de prensa, donde el gerente del Banco, José Darío Uribe, explicó la naturaleza del nuevo aumento que dejó los tipos de interés en 4,25%, un periodista le preguntó al funcionario cómo había sido la decisión. La respuesta de Uribe fue lacónica: “por mayoría”. Esto significa que alguno de los miembros de la junta se mostró en contra de subir las tasas.

Según se conoció posteriormente, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, fue el único que votó en contra de subir el costo del dinero.

El tema tiene su carga de profundidad. A pesar de la revaluación y el golpe a muchos sectores industriales, los indicadores líderes siguen mostrando niveles muy favorables, tanto así que muchos ya ven un crecimiento superior a 5% para este año. Todos los analistas coinciden en que 2014 será otra vigencia con un crecimiento aceptable para el aparato productivo local. La economía colombiana se sigue destacando. En su más reciente edición de julio, la revista The Economist dedica un artículo a la que se ha convertido en “la gran economía de mayor crecimiento en la región”.

A pesar de todo ello, es claro que ninguna economía puede crecer hasta el infinito y es necesario hacer ajustes periódicos para evitar sorpresas. Por ejemplo, Colombia ha venido acumulando vulnerabilidades en sus cuentas externas. Por eso, muchos esperan que haya un pronto ajuste, para impedir un impacto mayor cuando se dé el aumento de tasas en los mercados internacionales.

Colombia llegó a su máximo crecimiento potencial. Eso significa que cualquier repunte adicional sólo es posible con mayores niveles de inflación o acumulando síntomas problemáticos. Eso es lo que explica que el Emisor haya decidido subir más las tasas. Y es lo que preocupa de que el Gobierno se la esté jugando por mantener bajas las tasas de interés.

Los buenos resultados de Colombia este año se han dado a pesar de que su motor natural, el sector de minas y petróleo, ha enfrentado un duro panorama. No solo la explotación de carbón ha enfrentado reveses importantes como la paralización de las exportaciones para el segundo mayor productor del carbón del país, Drummond, sino que los atentados contra los oleoductos han puesto a las compañías petroleras contra la pared. Tanto así que los resultados de Ecopetrol para el primer trimestre mostraron una caída de casi $300.000 millones por cuenta de estos actos.

La causa de los positivos resultados se debe, fundamentalmente, a las buenas políticas económicas. Eso es lo que le ha permitido a Colombia mantener una ruta viento en popa, mientras otros países como Venezuela, Argentina, Perú, Chile y Brasil están enfrentando duras coyunturas con presiones inflacionarias y revaluación, una mezcla mortífera para cualquier aparato productivo.

La evidencia muestra que Colombia ha logrado calibrar certeramente su arsenal monetario, cambiario y presupuestal. Por un lado están los programas para impulsar la industria y la construcción. Por ejemplo, los programas de obras públicas y de subsidio a la vivienda; además del famoso Pipe (Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo) gracias al cual el empleo ha respondido y la industria ha logrado reducir sus costos.

Es aquí donde cabe preguntarse cómo la otra gran política –la monetaria– contribuirá a mantener el buen ritmo. De la respuesta que se dé dependerá el nivel de ajuste en los próximos años. Por eso suena preocupante que ante el aumento de tasas, el Gobierno ya empiece a recular.

Desde 2009 el Banco de la República ha logrado consolidar una estrategia contracíclica y fue eso lo que permitió que en el momento en que todo el planeta estaba sintiendo un duro golpe por cuenta de la caída de Lehman Brothers, el país apenas se desacelerara y se pasó el chaparrón sin caer en recesión. En este último lustro, el Emisor ha podido desacelerar la nave sin llevarse por delante el aparato productivo.

Ese es uno de los activos más importantes de la economía colombiana hoy. Y desde esa perspectiva es que se debe ver la actual política monetaria. Por esta razón, la decisión del Banco de la República de empezar a aumentar las tasas de interés no sorprendió a nadie; se trata de mantener vigente el logro de la política contra-cíclica.

Centros de estudios como la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) señalan que las tasas de interés del Emisor deberían llegar hasta el 5%. Eso significaría otros 75 puntos base frente al actual nivel de tasa.

El riesgo de no llegar a esos niveles de tasa es que se desmadre la inflación y en unos meses sea necesario un ajuste más drástico.

Por eso hay que hacer seguimiento a las medidas que adopte el Banco en el futuro próximo, pues darán cuenta del debate interno entre el Gobierno y los técnicos del Emisor. Cabe recordar que la administración Santos tiene ascendiente en dos de los miembros de la junta directiva, pues al fin de cuentas los nombró: Adolfo Meissel y Ana Fernanda Maiguashca. Sobre ellos dos estarán concentradas todas las miradas en el futuro próximo, pues serán claves para que la política monetaria de hoy llegue a feliz término.

Si se logra hacer el ajuste de manera gradual y eso coincide con una recuperación internacional en forma, se estará cerrando exitosamente un nuevo ciclo de política monetaria. Si se da marcha atrás, podría generarse un problema innecesario.

Esa es realmente la disyuntiva hoy: llevar el dinamismo de la demanda interna a sus “justas proporciones”, con unas tasas cada vez más altas y reduciendo de esa forma el riesgo crediticio local, y esperar a que empiece en forma la recuperación de la demanda externa, lo que implicaría una esperada devaluación del peso, aumento en las exportaciones y cierre –sin choques drásticos– del ya preocupante déficit en cuenta corriente que, según las mismas cuentas oficiales, superó 4% del PIB en el primer trimestre.

El panorama está claro. El Banco ha jugado sus fichas y es muy probable que insista en un aumento de tasas en la próxima reunión. ¿Cuál va a ser el resultado?

El segundo semestre será clave para confirmar si Colombia empieza de manera definitiva a alejarse del lote regional y, como lo considera The Economist, se convierte en la economía con mejores indicadores de la región. Estamos en manos de la Junta del Banco. Y del Ministro de Hacienda.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?