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Mauricio Santa María, el actual director, ha tenido que concentrarse en sacar adelante el nuevo esquema de regalías que parece ser la tabla de salvación para el DNP.

| 9/14/2012 11:00:00 AM

Planeación en su laberinto

El Departamento Nacional de Planeación dejó de ser la gran institución de hace unas décadas y hoy está completamente desdibujado ¿Qué pasa?

Hasta principios de este siglo, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) era el hogar de la tecnocracia del país. Por allí pasaban no solo los más brillantes economistas, sino los más poderosos personajes, en manos de quienes estaba el futuro de la economía nacional.

Figuras legendarias dirigieron el DNP: Miguel Urrutia, Edgar Gutiérrez Castro, Luis Eduardo Rosas, Eduardo Wiesner, Jorge Ospina Sardi y María Mercedes Cuéllar, entre otros. En momentos críticos, el DNP fue el soporte de las grandes decisiones: Armando Montenegro perfiló, desde allí, la apertura económica; Jaime Ruiz Llano le dio fundamento al Plan Colombia; y José Antonio Ocampo saltó de allí a las élites de la ONU y la academia estadounidense.

Pero las cosas han cambiado y lo que era hasta no hace mucho tiempo un comentario de pasillo se está volviendo una verdad de a puño: estos son muy malos días para Planeación Nacional, una entidad que está en franco retroceso y completamente desdibujada.

El senador Juan Mario Laserna, quien inició su carrera pública en Planeación, aseguró que al Departamento lo desmantelaron. “Recientemente hubo un debate en el Congreso sobre la licitación celular de 4G. La presentación del DNP sobre el tema fue lamentable”, señala Laserna, para sentenciar que definitivamente algo pasa con la institución que antaño era la de mostrar en asuntos técnicos. Otro reputado economista, que pidió no ser citado aseguró que “Planeación perdió completamente cualquier papel”.

Entre los economistas, este tipo de comentario es cada vez más común. Por eso vale la pena preguntarse cuándo empezó el declive de esta importante institución, qué es lo que está pasando y si hay alguna salida.

La acción de planear el desarrollo del país empezó a tener fuerza a mediados del siglo pasado, cuando la banca multilateral y el gobierno de Estados Unidos impusieron como condición para asignar recursos de fomento a Latinoamérica, que se hicieran planes de largo aliento que guiaran la acción de los Estados.

Así nació la planeación, que no es otra cosa que imaginarse un futuro deseado en materia de desarrollo y establecer el camino para lograrlo a través de políticas. Fue Carlos Lleras Restrepo quien en 1968 creó el Departamento Nacional de Planeación; desde entonces, la entidad ha venido cumpliendo esta función.

Pero esa capacidad empezó a ser desmontada paulatinamente porque, durante los últimos gobiernos, los ministerios asumieron un rol protagónico en la planeación. Por ejemplo, con la aparición del Viceministerio Técnico de Hacienda, esa cartera se ha dedicado a hacer las proyecciones macroeconómicas del país, tarea que antes quedaba plasmada en el Documento Conpes Macro de Planeación, que era la versión oficial sobre el comportamiento futuro de las finanzas públicas y la economía en general. Cualquier experto que quisiera tener un marco confiable sobre asuntos económicos, esperaba con ansiedad este documento y sus actualizaciones.

Otros episodios pusieron en evidencia que el rol del DNP estaba amenazado. Uno de los más sonados se presentó en 2008, durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe. El entonces ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, casó una pelea con el equipo técnico del DNP por las condiciones de un documento Conpes que definiera el marco para la renegociación de 22 concesiones viales. Fue un duro enfrentamiento entre Planeación, entonces dirigida por Carolina Rentería, y el Ministerio de Transporte. Aunque no hubo vencedores ni vencidos, Gallego terminó haciendo las renegociaciones, proceso que hoy es investigado por la Contraloría General de la República.

Ese fue un punto de ruptura y ratificó una sentencia demoledora que ilustraba hasta dónde habían llegado las cosas para Planeación: “En el gobierno Uribe, un Conpes no se le negaba a nadie”, se decía en los pasillos ministeriales a la hora de aludir a las políticas del país.
El Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), cuya secretaría estaba a cargo del DNP, había sido hasta entonces el think thank de la planeación en el país. Al cierre del gobierno Uribe, el Conpes había perdido toda su jerarquía y esta entidad había terminado convertida en un simple notario de los grandes temas que antaño eran de su resorte.

El mal continúa

Lo preocupante es que en el actual gobierno la situación no ha cambiado. Esa ausencia del DNP en los grandes temas ha generado la sensación de que el gobierno Santos no tiene sustento técnico. Los Conpes que han sido aprobados hasta el momento son para resolver cosas de trámite y no para definir los grandes asuntos. El país extraña un documento que sirva como brújula de las políticas en los grandes desafíos del país, como infraestructura, minería, medio ambiente o pobreza.

Una mirada al tema deja en claro lo que está pasando. En los dos primeros años del gobierno Uribe fueron aprobados 108 documentos de política Conpes. En lo corrido del actual Gobierno, apenas van 55. De todos los documentos que se han aprobado en estos dos años, apenas 9 se refieren a lineamientos de política. Los demás son de trámite; para la autorización de créditos o para la actualización catastral en el país.

¿Hay futuro?

La reforma a las regalías podría convertirse en la gran salvadora de Planeación. El senador Laserna señala que esa ley hizo algo parecido a lo que el Gobierno Lleras planteó al crear el DNP en 1968: centralizar las decisiones de inversión de un presupuesto importante.

Planeación se ha apropiado del tema y ha tenido que estar presente en todos los escenarios de discusión de las regalías. Es claro que ha tenido dificultades en la implementación del nuevo tinglado, pero todo indica que la maquinaria de las regalías está empezando a andar paulatinamente.

Sin embargo, si el futuro del DNP solo se justifica por las regalías, más valdría convertirlo en una agencia con la única función de vigilar y verificar el uso de esos recursos. Pero hay otros temas como las Alianzas Público Privadas y la agenda de competitividad en las que el DNP tiene que jugar un papel clave. Sin embargo, es claro que hoy el DNP está al margen en la discusión de estos importantes temas.

Quizá es el momento de repensar el papel del DNP. Si su esfuerzo central es mantener aceitado el esquema de regalías, podría simplemente convertirse en una institución técnica adscrita a algún Ministerio.

Si, por el contrario, se piensa en repotenciarlo como el gran think tank público del país, es necesario darle un timonazo a la institución, empezando por su presupuesto que se ha visto recortado en los últimos años. Es necesario plantear la discusión claramente, pues a estas alturas es válido preguntarse, con el DNP ¿cuál es el plan?
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