| 3/17/2016 12:00:00 AM

¿La economía colombiana tendrá un aterrizaje suave o forzoso en 2016?

El panorama económico para 2016 sigue lleno de dificultades. Una mirada al consumo señala nuevos riesgos.

Al cierre de esta edición, el Dane revelaba las cifras de crecimiento desde la perspectiva de la demanda. Es claro que el 3,1% de crecimiento implica una desaceleración del consumo.

Si bien en general los agentes del mercado han recibido con neutralidad las noticias sobre el acontecer económico, el actual nivel de crecimiento no es una cifra extraordinaria. De hecho, ratifica que el país está en un proceso de desaceleración. La pregunta es si dicho proceso ya tocó piso o si se agudizará en 2016.

Al analizar las cifras sobre el PIB desde el punto de vista de la oferta, el grupo de investigaciones de Bancolombia señaló que 2015 fue un año de “aterrizaje controlado, en medio de un entorno internacional retador”. Es claro que las cifras no son tan críticas como las de otros países y que Colombia viene creciendo por encima del promedio en la región.

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Aún así, muchos interrogantes siguen vigentes. Todavía no es posible asegurar que la economía haya hecho el aterrizaje completo, ya que todavía está mucho en juego en el proceso de ajuste a las nuevas circunstancias. Una mirada a lo que podría estar pasando por el lado del consumo puede dar más luces de análisis.

El primer elemento de alerta está en los resultados de la Encuesta de Opinión del Consumidor (EOC), cuyo Índice de Confianza al Consumidor (ICC) tocó mínimos históricos, con un nivel de -21,3 puntos. Esto significa que la gran mayoría de los consumidores consultados considera que la situación económica presenta riesgos importantes actualmente y eso condiciona sus decisiones de consumo.

Por eso, el índice se ha convertido en una herramienta eficaz para prever el comportamiento del consumo de los hogares –que pesa casi 70% del PIB colombiano–. La medición fue adaptada del Índice que desarrolla la Universidad de Michigan, que se ha convertido en un predictor eficaz de las tendencias de la economía estadounidense. El asunto es que los efectos de esta medición son completamente visibles dos trimestres después; así, es posible concluir, a partir de los resultados de febrero de la EOC, que el país todavía no conoce el piso de este ciclo de crecimiento. Es claro que lo importante para el análisis económico no es haber crecido 3,1% en 2015, sino qué tan cerca estaremos de 2,0% en 2016.

En general, estos resultados del ICC no muestran signos buenos. En febrero la confianza se desplomó a mínimos no vistos desde abril de 2002. El desplome del índice responde principalmente a tres razones: i) las expectativas económicas sobre la situación del país son muy bajas, alcanzando un balance de -42,1 desde un registro de -12 en diciembre de 2015; ii) la percepción del país para los próximos doce meses se deterioró y alcanzó un puntaje de -23,6; y, iii) la percepción de los consumidores sobre la adquisición de bienes durables en febrero es la peor de la historia del indicador, con un registro de -41,4.

Este último dato es preocupante, pues muestra el balance de respuestas de los consumidores consultados sobre si este es un buen momento para comprar muebles, nevera, lavadora o televisor. Las respuestas muestran que mayoritariamente los colombianos consideran que este no es un buen momento para gastar y, en consecuencia, podrían ajustar sus propios presupuestos. Como ya se dijo, esa es una señal sobre lo que tiene pensado hacer el 70% de la economía; es decir, el consumo de los hogares.

Crecen menos

Otro dato que indica que la demanda está empezando a ajustarse es que las ventas minoristas en Colombia subieron 2,2% en enero, muy por debajo del alza de 6,3% que marcaron en el mismo mes de 2015. Los principales incrementos se registraron en las ventas de alimentos, víveres en general y bebidas no alcohólicas, así como en la comercialización de repuestos, partes, accesorios y lubricantes para vehículos, y prendas de vestir y textiles. Entretanto, las ventas de vehículos y motocicletas fueron el principal factor de desaceleración del comercio minorista.

El otro factor que podría desacelerar la demanda es que el Gobierno ya anunció un recorte en el gasto público. Esa es otra fuerza que agudizaría el ciclo de desaceleración.

Todos estos elementos muestran que al país le corresponde en 2016 bajar el acelerador en materia de consumo. Esa es la consecuencia lógica del tipo de ajuste que debe implementarse para tratar de reducir el principal problema que enfrenta la economía colombiana hoy: el déficit en cuenta corriente.

Ajustar la economía por el lado de las exportaciones, con una demanda internacional que sigue endeble, es prácticamente imposible. En enero de este año, las exportaciones siguieron cayendo, esta vez a una tasa de 36,6%; lo preocupante es que esta tendencia no se refiere exclusivamente a las exportaciones de crudo, sino también a otras como las de productos industriales que cayeron a una tasa de 17%. Finalmente, las ventas externas de productos agropecuarios, alimentos y bebidas cayeron 30,7 %. Eso muestra que el sector externo colombiano sigue en proceso de ajuste y que no existe una posibilidad aceptable de que la demanda externa ayude a cerrar la brecha.

Así las cosas, volvemos a quedar frente al hecho cierto de que el consumo, tanto público como privado, necesita ajustarse para garantizar los recursos que ayuden a acomodar la economía. Esta Revista ha venido insistiendo en dos aspectos: primero, la necesidad de acelerar el ajuste fiscal, que implica no solo aumentar los ingresos por la vía de una reforma tributaria estructural, sino morigerar el gasto público; segundo, es necesario sostener la tendencia al alza de las tasas de interés por parte del Banco de la República para reducir el consumo y anclar las expectativas inflacionarias. Todas ellas son aún tareas pendientes. De cómo sean implementadas estas medidas depende que el aterrizaje de la economía colombiana en 2016 sea suave o forzoso.

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