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Publicado: 2013-02-08T08:00:00

Peligro inminente

paiamacroo1_. El ministro  de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ha advertido sobre la amenaza de la revaluación. El déficit externo no petrolero, que podría llegar a US$27.000 millones, es la nueva preocupación.
El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ha advertido sobre la amenaza de la revaluación. El déficit externo no petrolero, que podría llegar a US$27.000 millones, es la nueva preocupación.

El dólar barato y el boom petrolero se están convirtiendo en una espada de Damoclés para el empleo y la industria nacional. Hay que actuar ya.

Detrás de la bonanza colombiana de los últimos años se puede estar gestando uno de los más graves problemas económicos que haya enfrentado el país desde la recesión de 1999.

Las más recientes cifras económicas parecen darles la razón a los heraldos negros, pues el país viene creciendo a más de 4% anual, pero el balance externo está dejando un saldo en rojo preocupante: sin contar la bonanza petrolera, el hueco en la cuenta corriente nacional es cercano a 10% del PIB (unos US$27.000 millones, es decir $50 billones). En 2012, este mismo balance solo lo tenían países no petroleros como Serbia, Albania, Armenia, Sierra Leona o Georgia.

Claramente, la bonanza del crudo está sirviendo para financiar las excesivas compras que el país le está haciendo al resto del mundo y eso oculta un problema: sin petróleo, Colombia no tiene los suficientes ingresos para cubrir sus gastos. Así, el aparato productivo nacional no tiene la capacidad para competir con los productos importados.

Eso podría complicar el panorama económico para los próximos años; cualquier variación en las cotizaciones internacionales del crudo o cualquier dificultad para Colombia –por ejemplo, si no hace un gran hallazgo petrolero y agota sus reservas de crudo–, se pueden convertir en una bomba de tiempo. Cada punto de caída en el valor de las exportaciones de crudo abre inmediatamente un hueco de US$270 millones, porque ningún otro sector está creciendo lo suficiente para cubrirlo.

Otras amenazas

La revaluación del peso, derivada del boom petrolero y minero, se está convirtiendo en un problema para la industria nacional, que tiene que competir con productos importados más baratos. Eso explica que en noviembre del año pasado la manufactura colombiana registrara una caída de 4,1%. El balance externo de las manufacturas colombianas es dramático: la diferencia entre exportaciones e importaciones manufactureras supera los US$32.000 millones. Eso quiere decir que, en productos industriales, por cada dólar exportado se importan cuatro. Para ratificarlo está el Índice de Confianza Industrial (ICI) que construye Fedesarrollo. Según las más recientes cifras de esa encuesta, el ICI presentó un balance negativo de 1,9 puntos, nueve por debajo del registrado en 2011. Definitivamente, estos no son buenos tiempos para los industriales colombianos.

El Gobierno también ha dado señales de preocupación. Según el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, la tasa de cambio está revaluada al menos en 8%. Esto significa que el dólar debería estar entre $1.900 y $2.000. Pero con una billonaria entrada de capitales cada año, por cuenta del boom petrolero, enfrentar esta tendencia parece una tarea titánica.

Otros indicadores

Es claro que otros frentes de la economía están marchando aceptablemente. El consumo en los hogares sigue robusto, aunque con menores crecimientos. De acuerdo con Camilo Herrera, presidente de la firma de estudios de mercado Raddar, el año pasado las compras de los hogares crecieron 4,86%. Esto es muy inferior al registro de 10,8% en 2011 y de 8,13% en 2010; sin embargo, lo positivo es que los hogares colombianos, que representan 70% del PIB, mantienen unos niveles de consumo aceptables y crecientes.

Pero lo que resulta desalentador es que paulatinamente ese consumo incorpora cada vez más productos importados. Por ejemplo, según las cuentas de Raddar, la participación de las importaciones en las compras de prendas de vestir llegó el año pasado a 22%, récord de los últimos seis años.

Hay otra señal preocupante. Uno de los rubros de la cuenta externa del país que más déficit está aportando, luego de la industria, es el de transporte y viajes; es decir, actividades asociadas al turismo y a las importaciones. Definitivamente, el eslogan de “compre colombiano” cada vez tiene menos vigencia entre los consumidores locales.

A finales del año pasado hubo otra señal negativa. Según el Panel de Presidentes de Compañías de Raddar, que consulta a 97 presidentes corporativos sobre el cumplimiento de sus presupuestos, solo 13% de la muestra logró cumplir sus metas.

“En 2011 se entendió mal a 2012 y se pensaba que iba a ser un año más dinámico, cuando no había de dónde concluir eso. Por eso los presupuestos estaban desfasados por arriba”, explica Camilo Herrera, de la firma Raddar. Esto puede mostrar que el auge del consumo tiene un límite y no puede mantenerse indefinidamente.

La economía colombiana tiene hoy dos caras: por un lado, la de la prosperidad de un grupo de sectores, especialmente asociados a los servicios, las obras públicas y el comercio.

Pero la cara poco amable es la que se puede ver en los sectores que tienen que competir con productos de otros países. Eso ha generado un déficit estructural en la cuenta corriente de Colombia: los ingresos no petroleros del país no alcanzan para cubrir los gastos. El boom con el crudo se está convirtiendo, paradójicamente en una de las principales amenazas para la prosperidad futura del país.

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