| 10/14/2015 7:00:00 AM

El sector financiero colombiano en su mejor momento tras 150 años

Los 150 años del sector financiero colombiano se cumplen en uno de los mejores momentos de la banca de Colombia. Sin embargo, esta ha sido una historia de altibajos y duras lecciones. Panorama.

El siglo XIX fue un periodo de organización y definición de fuerzas para estructurar el modelo de Estado. Las discusiones sobre la idea federal madisoniana y la concepción centralista jacobina dividieron a santanderistas y bolivarianos, incluso desde antes de alcanzar la independencia.

En medio de esta debilidad institucional, no era clara la estructura que debería tener el sistema de pagos. Desde inicios del siglo XIX funcionó en el país un modelo de intermediación financiera informal, en el que, como narra un documento de Pilar López y Diana Güiza, grandes comerciantes, aprovechándose de la escasez de circulante, cobraban elevadas tasas de interés por sus préstamos, situación que en nada favorecía al crecimiento empresarial.

Fue así como se desarrollaron en el país sistemas regionales fragmentados de agio y una incipiente actividad de Cajas de Ahorro, en los que mujeres y personas pobres ahorraban. Infortunadamente este experimento no tuvo buenos resultados. Las cajas, en general, fracasaron en su papel como prestamistas; las guerras y los créditos al Gobierno terminaron liquidándolas de forma paulatina. La confianza pública en la incipiente “banca” se vino al piso.

Sin embargo, de estas lecciones se aprendió y con la llegada de los liberales (federales) al poder y la creación de los Estados Unidos de Colombia en 1863, se pensó que lo mejor era estructurar un sistema de banca libre, en el que cada banco emitía sus propios billetes. Por eso, 1865 se considera como el año del nacimiento oficial del sistema bancario del país. La Ley 35 de ese año inició el camino.

Infortunadamente, la primera institución que se lanzó al agua, ese mismo año, el Banco de Londres México y Sudamérica, quebró al poco tiempo de abrir sus oficinas.

Así nacieron los primeros bancos del país, el Banco de Bogotá (1870) y el Banco de Colombia (1875) y casi 40 bancos regionales, como los bancos de Barranquilla, Sonsón y Bosconia, a lo largo de la geografía.

La industria aseguradora nacería con la Compañía Colombiana de Seguros (luego Colseguros y hoy Allianz), dando inicio como compañía de seguros generales. Los seguros de vida llegaron iniciando el siglo XX y se enfocaron principalmente en ramos de transporte y comercio.

La discusión política y el resultado de la guerra civil de 1884-1885 llevaron a que se consolidara una idea centralista del Estado, defendida por Rafael Núñez y, de paso, de un único emisor central de moneda. De allí surgió el primer experimento de un único banco central emisor, controlado por el Estado. De esta manera el Banco Nacional, que había sido creado en 1880, tuvo el monopolio de estas funciones.

El experimento terminó mal. Emisiones clandestinas, una excesiva inflación y falta de credibilidad en una moneda liquidaron la iniciativa. No se puede decir que no quedó lección alguna; a partir de la nefasta experiencia y del intento de banco central durante el gobierno de Rafael Reyes, se consolidó en el imaginario colectivo el clamor por la organización del sistema de pagos.

Este ambiente y los recursos de la indemnización del Canal de Panamá llevaron a que se invitara al profesor Edwin Kemmerer, quien había estado en varios países de la región, recomendando el marco institucional del sistema financiero.

Se le dio un primer gran impulso al desarrollo de esquemas para ahorrar los primeros excedentes que tenían los empresarios, principalmente cafeteros, y los hogares que querían ahorrar para adquirir vivienda; política que fue impulsada desde la década de los veinte del siglo pasado y que recibió un definitivo espaldarazo con la creación del Upac y de corporaciones de ahorro y vivienda en el gobierno de Misael Pastrana.

En 1928 la Bolsa de Bogotá inició operaciones con el propósito de promover la capitalización y el crecimiento de las empresas.

Luego vendrían hechos destacados como la llegada de algunos bancos extranjeros al país, la creación de los primeros bancos estatales para el fomento de sectores específicos, la crisis de la deuda latinoamericana en 1982, que les trajo problemas a un grupo de bancos de gran tamaño; la crisis de 1999, de la cual resultó un número importante de fusiones y adquisiciones, y llevó a la conversión de coporaciones de ahorro y vivienda en bancos, y la quiebra de Interbolsa.

Todo esto acontecía mientras el mercado de capitales crecía, ya con una sola Bolsa de Valores, luego de la fusión de las bolsas de Bogotá, Medellín y Cali, y una Superintendencia más fuerte.

Son famosos los programas de democratización de ISA, ETB y Ecopetrol, por ejemplo. También fue notable el desarrollo del mercado de deuda pública que, iniciando la década pasada, logró desarrollar emisiones a plazos más largos y con la adecuada liquidez.

A la fecha, la evolución es evidente. El sistema financiero colombiano en estos años pasó de ser un conjunto desordenado de instituciones que desconocían el negocio de la intermediación y de vez en cuando quebraban, a un solo sistema de instituciones que ya tienen presencia continental. A esto se suma el modelo de un banco central independiente, una entidad que asegura los depósitos de los ahorradores (Fogafín), un supervisor financiero que cada día se acerca más al cumplimiento de estándares internacionales, una regulación cada vez más especializada y un sistema financiero y asegurador que está más abierto a la competencia foránea y se convierte en un actor relevante en el contexto regional.

Todos estos elementos muestran que, a pesar de las dificultades, el sector financiero colombiano es uno de los baluartes de la economía nacional. Haber superado una de las crisis financieras mundiales más duras del último siglo (la de 2008) sin haber sufrido mayores tropiezos es prueba de ello. Por cuenta de los desafíos que enfrenta el mundo actualmente, contar con una banca sólida es una excelente noticia.
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