| 8/21/2013 6:00:00 PM

Pan y circo

La ruana, la gratuidad del mínimo vital en todos los servicios públicos y perdonar multas de tránsito son tres de los temas que el Congreso debatirá. ¿Populismo legislativo?

El último año de sesiones del cualquier Congreso puede ser el que más se llena de propuestas “innovadoras”. La razón es sencilla: los legisladores están ad portas del proceso electoral y en función de los temas que ventilen ante la opinión pública serán elegidos para un nuevo periodo. Así que lo que muchos congresistas plantean son “propuestas para la galería”, porque del buen recibo de estas iniciativas entre el electorado, depende su éxito en las urnas.

Todo parece indicar que esta legislatura que acaba de empezar en Colombia no va a ser la excepción. De acuerdo con la base de datos de Congreso Visible, programa del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes que analiza la actividad en el Legislativo, desde el 20 de julio pasado, oficialmente, han sido radicados 93 proyectos de ley.

En el listado hay varios que causan curiosidad. Uno de los más llamativos es el que propone establecer la ruana como símbolo nacional. La iniciativa es del representante Carlos Andrés Amaya Rodríguez, del Partido Verde. Otra iniciativa propone medidas para que en Colombia se haga uso más eficiente del agua. Para ello, se obligará a todos los establecimientos a cambiar los “mingitorios, orinales, inodoros, escusados o artefactos destinados para recoger y evacuar la orina humana”, que sean obsoletos, por unos que ahorren agua.

Otros congresistas creen que es la oportunidad para darles una amnistía a conductores con multas de tránsito acumuladas hasta el 15 de marzo de 2010 o que los militares vuelvan a ejercer su derecho al voto. Igualmente hay un proyecto de ley que busca restringir la venta y el consumo de comida chatarra en los colegios del país.

Como estos proyectos hay otra decena cuyo contenido podría generar gran polémica. El riesgo que está quedando en evidencia es el del populismo legislativo: legislar en función de propuestas que eventualmente puedan calar ante la opinión pública, pero que no responden realmente a las necesidades de reformas que tiene el país.

El asunto es más preocupante, pues justamente por cuenta de las elecciones, los proyectos de hondo calado no van a estar en el orden del día. Casi siempre los ajustes legislativos necesarios son impopulares, como la reforma a la salud o la reforma pensional. Así pues, el país podría entrar en una de sus sesiones legislativas más improductivas de los últimos años.

Uno de los aspectos preocupantes es el impacto económico de estas propuestas. Por ejemplo, hay un proyecto que busca garantizar la gratuidad de la canasta vital en todos los servicios públicos domiciliarios: energía, agua, alcantarillado y gas; iniciativa que en teoría es buena, pero cuyo costo es prácticamente indeterminado. Otras crean nuevas cargas, como el paquete de estampillas para financiar los hospitales públicos de Magdalena, Bolívar y Bogotá, que son iniciativa del senador Álvaro Ashton, un tema que debería tramitarse a través de la reforma ordinaria a la salud que avanza en este momento en el Congreso.

La posibilidad de que los congresistas se dediquen al populismo legislativo es alta. Tanto el presidente del Congreso, Juan Fernando Cristo, como las mesas directivas de ambas cámaras deben buscar equilibrio entre las necesidades electorales legítimas de todos los representantes y senadores y la agenda de reformas urgentes. El Legislativo debe mostrar más seriedad que nunca y ponerse a discutir los ajustes que de verdad necesita el país. Esa es una ley de estricto cumplimiento.
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