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Ángela Montoya, Presidente de Acolgen.

| 1/23/2013 6:00:00 PM

Ojalá que llueva

La sequía que se prolongará hasta marzo tendrá graves consecuencias para los agricultores e impactará el bolsillo de los colombianos. Es inevitable un incremento en las tarifas de energía.

Millones de colombianos han sentido durante los últimos dos meses el rigor del cambio climático manifestado en temperaturas más altas de lo habitual. Las consecuencias de dicho comportamiento ya se empiezan a notar en varios sectores de la economía. El primero de ellos es el mercado energético nacional, el cual se vio obligado a encender las centrales térmicas para compensar la menor capacidad de los embalses a los que no les llega suficiente líquido por falta de lluvias.

Este relevo en la generación de energía eléctrica se traducirá en alzas generalizadas de los precios de la energía, según explica la presidente de Acolgen, Ángela Montoya, quien asegura que todavía es prematuro determinar en qué medida se van a incrementar las tarifas y por cuánto tiempo.

La ola de calor obligó a tomar medidas extraordinarias en Cundinamarca, donde se han registrado 49 incendios forestales sin terminar el primer mes del año y se declaró la alerta naranja en 20 municipios. “Para tener una idea de la gravedad, en todo 2011 registramos 44 incendios y en 2012 un total de 220”, advierte el gobernador (e) Luis Fernando Ayala.

El Ideam reportó que la primera gran temporada seca de 2013 se ha manifestado con la reducción de los niveles de los ríos Magdalena y Cauca y sus afluentes, así como los ríos provenientes de la Sierra Nevada de Santa Marta y del Piedemonte Llanero. El organismo hizo un llamado para el consumo responsable del agua y de esta manera mantener los niveles de los embalses en una franja segura.

Precisamente la firma XM reportó la semana pasada que los embalses del país estaban en una capacidad hídrica de 68%, cifra que todavía no debe prender las alarmas pues la zona roja inicia en niveles de 40%.

Prepárese para más calor


Según información del Ideam, el mes de febrero que se aproxima podría ser aún más seco que enero, mientras que las lluvias solo harán su aparición en abril y muy probablemente con menores cantidades de agua de las habituales en esas fechas.

Ni hablar de las preocupaciones de los agricultores y ganaderos, quienes tras dos duros inviernos ya comienzan a rezar para que empiece a llover. “El manejo del tema hídrico en el país es un desastre. Durante dos años tuvimos el agua al cuello y ahora nos morimos de sed. No hay una política nacional de distritos de riego que ayude a mitigar todo este impacto”, advierte el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía.

Otro hecho que llama la atención es que esta temporada seca ha incorporado temperaturas muy bajas en el amanecer en zonas como el altiplano cundiboyacense y Nariño y muy altas en el transcurso del día. Este comportamiento perjudica el crecimiento de los pastos destinados al ganado y daña los cultivos de verdura, hortalizas y papa. “La oferta de comida se mantiene en buenos niveles en el país, pero la calidad de los productos ha bajado significativamente. La buena noticia es que no creo que se vaya a presentar un problema grave con la inflación de alimentos en 2013, los que asumirán los platos rotos serán –como siempre– los agricultores, pues recibirán menos por sus productos”, asegura el dirigente gremial.

El exceso de calor y la sequía en algunas regiones ha acelerado también un nuevo mapa agrícola en el país. Por ejemplo, ahora se cultiva café desde la Guajira a Nariño, aunque no en las cantidades suficientes para incrementar la producción nacional. El asunto que preocupa es que, sumado al calor, llegan a algunas plantaciones nuevas plagas, lo que deja a más de un agricultor en serios problemas.

El cambio climático es un problema global, carente de políticas audaces. Cifras de la FAO indican que en 38 años se requerirá 70% más de alimentos para atender la creciente demanda global. Incluso, ubica a Colombia dentro de un selecto grupo de siete países del mundo en donde es posible aumentar de manera significativa esa oferta de alimentos. “Para ello habría que hacer un revolcón en la política agrícola, algo que no veo en el escenario nacional”, dice Mejía.

A esta problemática se suma el atraso en la ejecución de algunos proyectos clave de generación energética, como las hidroeléctricas de Ituango y Sogamoso. Acolgen cree que el verano actual servirá para que los ingenieros constructores recuperen el tiempo perdido.

El apagón no es una opción por el momento. Pero se hace necesario actualizar el ADN de nuestra economía a la nueva realidad mundial en asuntos climáticos. Los propios hábitos de consumo de los ciudadanos ya comienzan a cambiar. La ropa ya no es tan abrigada y la venta de bloqueador solar anda disparada. Ahora hay que ahorrar más agua y proteger sus fuentes de nacimiento.
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