| 7/7/2016 12:00:00 AM

Los 5 retos que afrontará el nuevo gerente de la Empresa de Acueducto

Con inversiones por $3,3 billones hasta 2019, el nuevo gerente de la Empresa de Acueducto busca recuperar el liderazgo de la empresa y mejorar su eficiencia.

Para el reconocido publicista colombiano Juan Carlos Ortiz, los grandes líderes tienen dos retos fundamentales: inspirar a la gente y sacar la basura. Y para Germán González, el nuevo gerente de la Empresa de Acueducto de Bogotá-ESP, estos dos son, literalmente, los retos fundamentales de su gestión.

Su amplia experiencia gerencial en empresas de telecomunicaciones y el manejo en procesos de transformación de compañías como Telecom le dieron las credenciales necesarias para que el alcalde Enrique Peñalosa lo pusiera a liderar una de las mayores compañías del distrito.

El reto de dirigir la EAB, cuyos ingresos brutos suman $1,7 billones al año, es enorme para este abogado, que destaca las fortalezas técnicas de la empresa, pero no esconde su preocupación por el manejo financiero que se le ha dado en los últimos años y algunos temas de gobernabilidad serios que tendrá que resolver para que la compañía recupere sus niveles de eficiencia.

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Entre las metas de González están el reducir de 4 a 5 puntos las pérdidas técnicas, que actualmente están en 37% –cada punto representa unos $20.000 millones de ingresos adicionales–, definir si la ciudad mantiene la prestación del servicio de basuras, ejecutar un ambicioso programa de inversiones de $3,3 billones con el que el alcalde Enrique Peñalosa busca dotar a la ciudad de nuevos espacios ecoambientales que se conviertan en íconos, renovar redes y mejorar la eficiencia financiera de la compañía.

Estos son cinco de los principales retos del nuevo gerente de la EAB.

La basura en su lugar

Una cosa es manejar las redes físicas de agua potable y alcantarillado y otra distinta manejar el aseo en la ciudad, asegura González. Pero la realidad es que desde hace tres años se creó un modelo en el que la EAB-ESP es operador del servicio de basuras a través de la compañía Aguas de Bogotá, su filial, que maneja 52% de la ciudad.

En esta empresa se han invertido cerca de $300.000 millones, de los cuales unos $78.000 millones fueron a la infraestructura de camiones recolectores y compactadores, y otros $71.000 millones se han pagado por las multas que impuso la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) a la empresa tras comprobar que su modelo para prestar el servicio de aseo restringía la libre competencia.

Como la EAB tiene en Aguas de Bogotá una inversión importante, en este momento analiza la posibilidad de participar en la licitación para operar el servicio en la capital, acogiéndose al nuevo esquema formulado por la Uaesp para cumplir los lineamientos de la SIC.

Aún no se ha decidido si la compañía se presentará sola o con un socio estratégico, porque está pendiente definir si puede participar en la licitación. Mientras tanto, ya se han girado unos $30.000 millones para garantizar la operación del servicio de aseo hasta septiembre.

La idea del nuevo gerente es recuperar la inversión, ya sea porque gane la licitación y Aguas de Bogotá pueda continuar la operación del servicio de aseo, o con la venta de los activos que tiene en la empresa a un tercero interesado.

¡Qué desorden!

Con cerca de dos meses de atraso, a finales de mayo se llevó a cabo la asamblea general de la compañía Aguas de Bogotá, en la que EAB tiene 99% de la propiedad accionaria. Para sorpresa de todos los asistentes, el revisor fiscal no había avalado los estados financieros por la opacidad de las cuentas de esta compañía que, en tres años de operación, no cuenta con cifras ciertas sobre el manejo financiero que se ha tenido.

De acuerdo con el gerente González, algunos activos se compraron en efectivo, no hay órdenes de compra de vehículos que se adquirieron para prestar el servicio de aseo, y nadie sabe a ciencia cierta el detalle de lo que cuesta la operación y lo que genera esta empresa.

Incluso, el desorden es de tal magnitud que en 2014 la empresa tuvo que castigar cerca de $31.000 millones por unas cuentas por cobrar en las que se llegó a la conclusión que eran de muy difícil cobro.

Este desorden motivó a González a pedir una auditoría y a rechazar la aprobación de los estados financieros de 2015, mientras se establece cuál es la realidad de la compañía.

Lo que sí es claro, por ahora, es que la empresa tiene cerca de 3.500 empleados y que mensualmente requiere recursos por unos $10.000 millones para operar.

A invertir se dijo

La administración actual decidió multiplicar por cinco las inversiones a cargo de la Empresa de Acueducto. De una inversión que el año pasado fue de $160.000 millones, ahora se pasará a cerca de $825.000 millones por año y que, según su gerente, ascenderá a $3,3 billones en los cuatro años de la administración del alcalde Enrique Peñalosa. Para la EAB, se trata de una inversión histórica que equivale a 106% del PIB de obras civiles del distrito en 2014 y más de 26% del PIB de construcción de Bogotá para ese mismo año.

Estos recursos movilizarán cerca de 15.000 empleos directos e indirectos durante su ejecución, y le aportará cerca de 0,25 puntos porcentuales de crecimiento acumulado a la ciudad, según la EAB.

Tres serán los ejes centrales de la inversión: desde obras de renovación y rehabilitación en redes de acueducto y alcantarillado, pasando por grandes inversiones urbanísticas, hasta la descontaminación del río Bogotá.

En los planes de González está ampliar la cobertura de agua potable en la franja de adecuación de los cerros orientales, así como el mejoramiento de barrios a través de un plan de desmarginalización hasta 2019.

La meta es llegar a 50.000 nuevos usuarios por año, legalizar barrios e incorporar viviendas que hasta el momento no contaban con el servicio de acueducto y alcantarillado.

Volver al río

Una de las apuestas más ambiciosas de la administración Peñalosa se enfoca en la descontaminación del Río Bogotá, en un proyecto que además cuenta con el apoyo del Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio de Vivienda y la Corporación Autónoma Regional.

El distrito capital debe aportar 16% de lo que cuesta esta obra y ya comprometió inversiones por $350.000 millones para la planta de tratamiento de aguas residuales y la estación elevadora de Canoas, así como conexiones finales de los túneles existentes.

También está prevista la optimización de las plantas de Tibitoc y Wiesner, así como la rehabilitación del tramo III de la línea Tibitoc-Casablanca. Además de estas inversiones, la EAB trabajará en un ambicioso proyecto del alcalde Peñalosa para acondicionar un corredor ecoambiental de cerca de 700 hectáreas en la zona de los cerros orientales, a un costo de $280.000 millones, que será un nuevo sitio de esparcimiento y recreación al aire libre para los bogotanos y busca convertirse en un ícono de la ciudad.

A finales de este año la empresa planea abrir al público el embalse de San Rafael, en el sector de La Calera –preservando la seguridad del manejo del agua–, para que los bogotanos tengan acceso a una zona caracterizada por su exuberante paisaje.

A esta iniciativa se suma una alianza público-privada que se lanzará a finales de este año para construir un cable desde San Rafael hasta la carrera séptima –no se ha definido si en la 100 o en la 116– que facilitaría la movilidad.

Finanzas en orden

Los ingresos totales de la EAB al año se calculan en $1,7 billones. Pero, aunque parecen enormes, sus costos también tienen volúmenes similares: alcanzan los $1,4 billones, lo que deja un estrecho margen para la inversión y entrega de dividendos a la ciudad.

Esto ha motivado a González a trazarse ambiciosas metas como reducir pérdidas y costos que actualmente maneja la empresa. Solo en el caso de las pérdidas técnicas alcanzan 37%.

A esto se suma que algunas decisiones de inversión tomadas en los últimos cuatro años llevaron a que el Ebitda haya caído cerca de 10 puntos.

Por eso, una de las tareas fundamentales del nuevo gerente será mejorar la operación de la compañía, racionalizar los gastos y aumentar la productividad, pues aunque se trata de una empresa pública, su objetivo apunta a maximizar la rentabilidad social. “En el fondo, la empresa debería ser más eficiente”, asegura González, cuyo reto será lograr que la EAB se convierta en modelo entre las empresas de servicios del país.

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