| 5/29/2014 6:00:00 AM

Nos dieron en la torre

La construcción de la nueva torre de control del aeropuerto Eldorado se convirtió en otro capítulo de improvisación y sobrecostos en el país. No se aprendió la lección con la debacle del terminal aéreo.

No aprendemos del pasado. Luego del tiempo y dinero perdidos en el proceso de demolición del aeropuerto El Dorado, lo mismo podría estar sucediendo con la nueva torre de control de la principal terminal aérea del país.

La situación es tan lamentable que el nuevo director de la Aerocivil, Gustavo Alberto Lenis, todavía no tiene clara la fecha de entrega de las obras ni el valor definitivo de las mismas.

En honor al equilibrio informativo es claro que Lenis tiene poco que ver en esta novela, si se tiene en cuenta que no lleva más de dos meses en el cargo. De hecho, fue el propio Lenis quien le contó a Dinero parte de lo que está pasando en esa entidad.

De principio a fin el contrato, firmado el 14 de diciembre de 2012 bajo la administración de Santiago Castro denota toda clase de improvisaciones. En el momento de iniciar las obras de la nueva torre de control, algunos de los terrenos que se requerían para la obra estaban ocupados por el concesionario de las pistas, es decir, Codad. La primera perla en esta historia es que la negociación entre las partes para habilitar esos predios tardó siete meses y medio.

Después el Gobierno contrató a dos firmas especializadas para los diseños de ingeniería de las obras: Ineco ganó el contrato para la torre de control y Sener hizo lo propio para el centro de gestión aeroportuaria. Cuando esas dos empresas españolas entregaron los diseños respectivos, se dieron cuenta en la Aerocivil de que dichos estudios presentaban varias inconsistencias pues no se habían armonizado los dos diseños. Semejante improvisación representó otros tres meses de retraso, con lo cual ya vamos en 11 meses.

El descalabro no para ahí. Como el retraso en la ejecución de las obras ya era superior a un año, el contrato con la firma de interventoría se acabó y tuvo que ser adicionado por la Aerocivil. La cifra no fue suministrada.

Pero ahí tampoco paran todos los líos. El famoso y criticado diseño del poporo presentó complejidades no previstas al momento de armar la estructura. Para no ahondar mucho en asunto técnicos, la estructura no podrá ser soldada como estaba previsto en un comienzo sino que se tendrá que utilizar un sistema de pernos; ese cambio representa menos tiempo en el proceso de montaje, pero un mayor valor de las obras. 

La cereza de este pastel de improvisaciones está a cargo del techo de la estructura. El director de la Aerocivil asegura que se presentó un tema de mayor cantidad de obra por cuenta del techo del centro de gestión aeroportuaria. “Todo el centro de gestión lo querían sacar en $105.000 millones y me dicen que solo la cubierta vale eso. Es necesario adicionar dinero”, afirma.

El senador liberal Juan Manuel Galán ha sido uno de los más acuciosos a la hora de revisar estos temas en la Aerocivil. Para el congresista, la situación en esta entidad se asemeja mucho al cartel de la contratación en la administración de Samuel Moreno Rojas. Galán explicó a Dinero que las dos torres de control auxiliares que se compraron por más $20.000 millones nunca se utilizaron para reemplazar la torre de control en Bogotá y que hoy están subutilizadas en aeropuertos de bajo tráfico como Tolú. La otra torre estaría en Barranquilla, reemplazando la estructura de concreto que presenta fallas en los cimientos por salinidad.

El mismo Galán calculó que solo hasta el año 2017 estará en operación la nueva torre de control y que semejante demora (la entrega estaba prevista para junio de este año) podría propiciar una millonaria demanda por parte de Opaín, alegando daños y perjuicios económicos.

Sin embargo, parece que Lenis ya le salió al paso al tema. Dinero conoció que hay unos acuerdos entre Opaín y la Aerocivil de no tocarse y no instaurar demandas ante los estrados judiciales. El acuerdo –anunciado por Lenis– prevé que la Aerocivil le dé más tiempo a Opaín para la demolición de los hangares de Avianca, sitio en donde se tendrán que construir unas posiciones remotas. A cambio, Opaín se abstendrá de demandar al Gobierno ante la demora en la construcción de la torre de control. En el papel, los dos ganan y los únicos que pierden serán los viajeros, al no contar a tiempo con esa nueva infraestructura.

¿Cartel de la contratación?

Desde hace meses o incluso años se viene hablando de un cartel de la contratación en la Aerocivil. Empresarios que se han quedado al margen de las licitaciones se quejan por supuestas prácticas ilegales en los esquemas de contratación. Dinero le consultó a la ministra de Transporte, Cecilia Álvarez sobre el tema, y ella explicó que todavía no le había llegado información de esos contratos y que la persona que estaba al frente era el propio Gustavo Alberto Lenis.

Lenis dijo a Dinero que había escuchado algo del asunto en la radio y que se estaba apersonando del tema. “Quiero revisar cómo es la contratación, cómo se cuelgan los pliegos y cómo se hacen. Voy a meterme en el tema porque ya he escuchado de esos escándalos de corrupción”, dijo.

¿Cuántos contratos y dinero de los contribuyentes se requieren para aprender de los errores? ¿Seguiremos pagando la falta de previsión en las obras de infraestructura? ¿Hasta qué punto? Dinero intentó comunicarse en varias oportunidades con el exdirector de la Aerocivil, Santiago Castro, pero al cierre de esta edición no había sido posible.
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