| 8/1/2012 6:00:00 PM

No llores Juan Manuel

Luego de dos años de gobierno, Juan Manuel Santos enfrenta su momento más difícil. ¿Qué le espera y cuál será su futuro político?

Tras dos años en la Presidencia el sol parece estar poniéndose sobre las espaldas de Juan Manuel Santos. Sus índices de desfavorabilidad están en el punto más alto: 48%, según la más reciente encuesta publicada por Semana. Los ciudadanos tienen la percepción de que la inseguridad se ha incrementado. Las locomotoras no arrancan, los niveles de optimismo están por el piso y muchos creen que el país va por mal camino.

Bajo ese panorama, la pregunta que surge es compleja: ¿qué le espera a Santos en lo que queda de su mandato? Para responderla hay que entrar a analizar cuál fue su talante en los primeros dos años, cuando tenía total control de la agenda pública y muy pocos se atrevían a cuestionarlo. Básicamente, porque logró alinear a su favor a los partidos políticos en la mesa de Unidad Nacional, cosa que en términos prácticos le significó gobernar sin oposición.

Tuvo en sus manos un monopolio con el que hizo, fundamentalmente, dos cosas. Por un lado, trató de cortar de tajo el discurso de Uribe que venía girando exclusivamente en torno a la seguridad. Santos envió el mensaje de ‘desecuritizar’ el país para proclamarse como el mandatario de la prosperidad. Y, por el otro, propuso una agenda enmarcada dentro de lo económico-social para sacarle punta al buen momento por el que no sólo atravesaba el país sino la región en materia de crecimiento.

El tema de la paz, aunque con menor énfasis, también lo incluyó desde un principio en sus planteamientos. Sabía perfectamente que de lograrla podía garantizar su reelección, convertirse en el primer Presidente en ponerle punto final a un conflicto casi inmarcesible y, por qué no: aspirar a un cargo internacional, como la Secretaría General de la ONU.

¿Pero qué pasó con sus planes? No pudo materializarlos y sorpresivamente lo que terminó marcando su primer tiempo de Gobierno fue el empeño por hacer grandes reformas. Algo que no estaba dentro de sus presupuestos y que inició con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Una iniciativa que en su momento recibió aplausos de casi todos los sectores del país y que, sin lugar a equívocos, le abrió la posibilidad de convertirse en un reformista histórico e interesante.

Para llevar a cabo esas transformaciones tenía una coyuntura a su favor: Germán Vargas Lleras era su ministro del Interior, y quién mejor que él para tramitarlas con celeridad. Santos estaba convencido de la capacidad parlamentaria de Vargas y no desconocía el hecho de que contaba con una presencia significativa en el Congreso. La estrategia fue jugársela por ahí.

Las cosas, no obstante, fueron cambiando de curso. Esa condición de reformista se fue desvaneciendo en la medida en que empezaron a fracasar proyectos como el de la educación, la salud y finalmente la reforma a la justicia. Y, sumado a eso, tampoco pudo mostrar resultados con su tesis de la prosperidad porque, salvo en el tema minero, sus otras locomotoras no han llegado a buen puerto.

La opinión pública se cansó de esperar y de no ver resultados. Y en esa espera se encontró con otro problema: el deterioro de la seguridad. Mal que bien, ese es un asunto que en Colombia sigue siendo el termómetro que mide el clima de optimismo, tranquilidad y, a la larga, indica si las cosas van o no por buen camino.

Aunado a eso, para nadie es un secreto que Santos ha tenido serias dificultades para conectarse con las regiones del país. Por fuera de Bogotá es visto como una persona lejana, y no solo por su personalidad opuesta a la de Uribe sino porque el poder lo concentró en la capital. Tan es así que el grueso de sus Ministros es bogotano y tecnócrata.

Así las cosas, el golpe de timón que tendrá que darle el Presidente a su gobierno no puede ser sutil. Y con mayor razón en momentos en que la campaña electoral se precipitó con el resurgimiento del uribismo y todo apunta al deseo reeleccionista de Santos.

Lo que se viene…

Cuatro factores van a determinar el curso político del país durante los dos años que le restan a Santos en la Casa de Nariño. El primero está relacionado con su reelección. El segundo con la ‘amenaza’ electoral que le representará Uribe. Y los dos últimos con los resultados que pueda mostrar en materia de paz y de ejecución, especialmente en las regiones.

Analistas consultados por Dinero coinciden en afirmar que, sin duda, Santos le estaría apostando a ser reelegido. De hecho, el mismo Presidente ya envió un mensaje en ese sentido con los nombramientos de Germán Vargas Lleras en la cartera de Vivienda y de Miguel Peñaloza en la de Transporte. Dos movimientos que podrían darle importantes réditos políticos en lo que tiene que ver con su afán de mostrar resultados.

Nada más popular, por el lado de Vargas, que entregar 100.000 viviendas gratis. Casi tan atractivo como poner a un hombre del talante de Peñaloza –conocedor como ninguno de las necesidades de los municipios del país por su condición de ex alto consejero para las regiones– para prometer soluciones de infraestructura. Esa sería la estrategia de Santos para empezar a engrasar la maquinaria política. Pero paralelo a eso tendrá también que enfrentar al uribismo, que en la actual coyuntura –enmarcada por una crisis de credibilidad en el Congreso– se estaría jugando un as bajo la manga: que el expresidente Uribe lidere una lista al Senado, lo cual jalaría a más de un parlamentario hacia sus toldas. Algo que le haría un gran daño electoral a Santos.

Los alcances del uribismo, sin embargo, podrían ser contenidos por Santos si antes de 2014 logra un acuerdo de paz. Un escenario que no luce imposible y que de concretarse dejaría a Uribe totalmente reducido. “El día en que haya un proceso de paz creíble en Colombia, Uribe muere históricamente. El uribismo no es más que la promesa de derrotar la guerrilla militarmente. Si eso fracasa, y se logra la derrota política, Uribe deja de ser importante”, dice a el analista político Álvaro Forero Tascón.

Paradójicamente, lo que muchos no saben es que si los planes de Santos en materia de paz dan sus frutos, el mandatario podría renunciar a ser reelegido. El asunto es simple: si logra acabar con el conflicto armado, pasaría a la historia como el primer Presidente capaz de materializar ese anhelo. Un segundo periodo, entonces, desdibujaría su gestión. Por eso, ahí sacaría su as bajo la manga que consiste en apuntarle a la Secretaría General de la ONU.

Por lo pronto, y mientras las cosas van tomando su cauce, Juan Manuel Santos es consciente de que le espera un trecho pedregoso. La luna de miel que mantuvo con la mayoría de los sectores durante su primer tercio terminó. Así pues, de las decisiones que tome y del manejo que le dé a los problemas que hoy afrontan los colombianos dependerá no solo su futuro político sino el de todo el país.
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