Revista Dinero

Según la ANM, en la actualidad hay 372 títulos mineros en zonas de páramo que corresponden a 4,2% de estas zonas del país.

| 1/23/2013 6:00:00 PM

Nieblas y sombras

Proyectos de minería, hidrocarburos y agricultura quedaron suspendidos en todos los páramos del país. Boyacá, Huila y Tolima, escenario de los próximos ‘santurbanes’.

El debate sobre la protección de los páramos en el país parece una novela de varias entregas que aún no termina y cuya trama podría cambiar el curso de ciertas actividades económicas.

El más reciente capítulo tiene que ver con la delimitación del páramo de Santurbán, Santander. Este no solo abre la puerta a la delimitación misma de los páramos, sino que definirá con claridad las reglas del juego en el tema de inversiones y derechos adquiridos.

El caso de Santurbán todavía tiene tela de dónde cortar. Mientras Eco Oro, antes Grey Star, señala en un comunicado que la evaluación inicial de la compañía indica que los límites declarados oficialmente no impiden el desarrollo del Proyecto Angostura, ya que cubre una superficie total de 215 hectáreas (ha), de las cuales 193 (90%) se encuentran fuera de los límites de la superficie del Parque,. Un informe de El Espectador advierte que no hay licencias ambientales para este tipo de desarrollos.

Esta es apenas la punta del iceberg, pues todavía no hay claridad para fijar específicamente las áreas en otros casos.

De hecho, según el Instituto Alexander Von Humboldt, no es fácil precisar cuántos “páramos” tiene Colombia, dado que en general no son áreas completamente aisladas entre sí. De acuerdo con la entidad, Colombia tiene 34 complejos ecosistémicos de páramos, distribuidos en 14 distritos biogeográficos, reuniendo una extensión de 2’906.136 ha.

Sin embargo, la escala no permite llegar a límites tan específicos para determinar hasta dónde van y, mucho menos, aclarar la incumbencia de los títulos mineros que fueron entregados en esas áreas. Para solucionar este tema, el Fondo de Adaptación, el Instituto Agustín Codazzi y el Instituto Von Humboldt avanzan en los estudios técnicos, sociales y económicos para generar la cartografía a escala 1:25’000; así mismo se tramitan, ante las Corporaciones Autónomas Regionales, los insumos correspondientes para la delimitación de los 34 complejos de páramos nacionales por parte del Ministerio del Medio Ambiente.

Esta será la prueba de fuego entre las entidades oficiales para articular la información, los respectivos soportes y determinar qué están haciendo las mineras en los páramos, cuáles tienen licencias y cuáles están operando bajo la prohibición expresa de que no haya actividad minera en esas zonas naturales.

Según la Agencia Nacional de Minería (ANM), en la actualidad existen 372 títulos mineros en zonas de páramo, que corresponden a cerca de 81.300 ha.; es decir, 4,2% de las zonas de páramo del país. De ellas, 89 están en exploración (25.550 ha.), en construcción y montaje 136 (35.790 ha.) y 147 en exploración (20.010 ha.). Para estos dos últimos procesos es necesario contar con una licencia ambiental y el Gobierno tendrá que aclarar si los tienen y bajo qué esquema operan.

¿Qué va a pasar con títulos que han cumplido con los procesos legales, en sus operaciones y en sus inversiones? ¿Podrían presentarse demandas contra el Estado que, por una parte les dio un título minero y, por otra, la regulación les estaría quitando la oportunidad de desarrollarlos?

Voceros del Ministerio de Ambiente advierten que el régimen jurídico en el que se soportan los títulos mineros se fundamentan en lo establecido en la Constitución y en las zonas de exclusión mineras, incluidos los páramos. Sin embargo, reconocen que los ecosistemas de páramos están en proceso de delimitación, con base en lo establecido en la Ley del Plan de Desarrollo, y se contará con tres años para el proceso de zonificación, ordenamiento y determinación de uso. “Las áreas protegidas, Parques Naturales Nacionales y Parques Naturales Regionales, conservan su régimen de inalienables, imprescriptibles e inembargables, y prevalecen el interés general y los derechos colectivos al ambiente”, reiteran.

Para María Constanza García, presidente de la Agencia Nacional de Minería, “este es un tema que hay que mirar con mucho cuidado para responder a la seguridad jurídica que requieren los inversionistas, pero también proceder con mucha firmeza”.

En otros campos


Sin embargo, el debate que se encendió en el páramo de Santurbán está a punto de repetirse en otras regiones del país. Para Brigitte Baptiste, directora del Von Humboldt, los páramos de Boyacá, Huila y Tolima podrían ser los próximos ‘santurbanes’. Por ejemplo, mientras en Santander las zonas de páramo corresponden a poco más de 5% del territorio del departamento, en Boyacá es de más de 20%, pero la preocupación no se refleja solo en los temas mineros.

En los ecosistemas de páramos, además de las minas, la legislación dejó por fuera actividades agropecuarias, de exploración y explotación de hidrocarburos, y las refinerías.

Así, por ejemplo, cultivos de papa y cebolla en Boyacá o actividades mineras artesanales en esas zonas naturales quedarían al margen.

De acuerdo con el Von Humboldt, las áreas de páramo se han visto alteradas por diferentes actividades. Al menos 25% de los páramos han sido severamente alterados. Según estos mismos estimativos, cada año se remplazarían más de 10.000 ha por pastos, cultivos, plantaciones forestales, urbanizaciones, entre otros tipos de coberturas de la tierra.

Según el Ministerio de Ambiente, a partir de la delimitación, se tendrá tres años para que se realice el proceso de zonificación, ordenamiento y determinación del régimen de usos de esos ecosistemas. “Cultivos como los de papa y cebolla son importantes para la economía y la seguridad alimentaria de regiones como estas y, como tales, deben recibir un acompañamiento cercano por parte del gobierno nacional. En tal sentido, se requiere el desarrollo de estrategias integrales de desarrollo sostenible”, advierten los voceros del Ministerio de Ambiente.

El debate apenas comienza y el Gobierno tendrá que articular rápidamente políticas para preservar el ambiente, pero no quitarles impulso a sus locomotoras.
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