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Publicado: 2012-10-26T09:00:00

Ni norte ni sur

paisninorte1_. Gustavo Petro, Alcalde Mayor de Bogotá.
Foto: Alejandro Acosta
Gustavo Petro, Alcalde Mayor de Bogotá.

Las políticas de Gustavo Petro no están calando en ningún sector de la ciudad. Hasta en los barrios más populares hay descontento con el Alcalde de Bogotá.

Cuando el representante a la Cámara Telésforo Pedraza planteó –a mediados de septiembre pasado– la posibilidad de revocar el mandato de Gustavo Petro, las reacciones estuvieron al orden del día. Como era de esperar, el primero en salirle al paso a la iniciativa fue el mismo Alcalde, quien aseguró que si el asunto tomaba fuerza, un sector de la ciudad estaría dispuesto a defender sus banderas y darse la pela para que la ‘Bogotá Humana’ llegara hasta el último día de este periodo.

No hizo falta hacer grandes juicios de valor para que la opinión entendiera que aquella guardia pretoriana a la que hacía referencia el Alcalde, era el 32% de ciudadanos que le dio su voto de confianza en épocas electorales. Y es precisamente ese mismo sector –concentrado en las localidades más populares de la capital– hacia donde Petro parecería estar dirigiendo hoy por hoy buena parte de sus políticas públicas.

Al menos eso es lo que perciben ciertos conocedores del Distrito cuando revisan –por mencionar algunos casos– los subsidios de Transmilenio, el mínimo vital de agua en estaros 1, 2 y 3, el levantamiento del ‘Pico y Placa’ en el sur y las 70.000 viviendas de interés social y prioritario que pretende construir esta Administración. Un manojo de nuevos mandamientos que ha alivianado las cargas de quienes ganan el salario mínimo o incluso tienen un ingreso menor; pero que plantea un interrogante de fondo: ¿estará gobernando el Alcalde únicamente en función de su electorado?

Según el concejal del Partido de la U, Orlando Parada, la respuesta apunta en una sola vía. “Petro está construyendo un proyecto político a partir de dos elementos. El primero, un reacomodo del fracasado discurso socialista de la lucha de clases, en el que unos sectores son presentados como opresores y otros como oprimidos, según su situación económica. Y, el segundo, la instrumentalización de las políticas del Distrito con propósitos netamente electorales a futuro, en un marcado e insostenible populismo”.

Una primera lectura haría creer que el Alcalde está encausando a Bogotá en un modelo que busca beneficiar las clases desprotegidas. Fenómeno que por reflejo también haría pensar que el clima de aceptación del mandatario en esos sectores debería ser inmejorable. Pero la realidad muestra lo contrario y así lo confirma el programa Bogotá Cómo Vamos.

Luego de dividir la ciudad en seis zonas y preguntarle a la gente si creía que las cosas iban por buen o mal camino, dicha entidad no encontró mayores diferencias en las respuestas de los estratos pobres y los más altos. “Más de 50% de los ciudadanos en todas las zonas está convencido de que las cosas no andan bien”, anota Alexandra Rodríguez, coordinadora de Bogotá Cómo Vamos.

Los números hablan por sí solos: en el norte, 62% no ve que la ciudad esté transitando por la senda correcta; en Chapinero, 53%; en el occidente, 57%; en el centro, 51%; en sur-occidente, 65%, y en sur-oriente, 62%. Curiosamente, esas cifras evidencian que el pesimismo en los dos sectores más pobres de la capital (sur-oriente y sur-occidente) es igual o, incluso, mayor que en el norte o Chapinero.

En asuntos económicos, la tendencia parece calcada. A la pregunta, ¿cree que la situación económica de su hogar ha empeorado durante este año ,entre 10% y 17% de toda la ciudad respondió que sí. Pero más allá de eso, nuevamente lo que llama la atención es que los estratos en los que Petro se ha enfocado siguen siendo los más inconformes. Tal como ocurre en el sur-occidente, donde 17% dice tener una situación económica peor, mientras en Chapinero y el norte la media es de 13% y 14% respectivamente.

Tras analizar esos resultados, el concejal liberal Miguel Uribe Turbay lanza una hipótesis lapidaria: “no es verdad que los únicos que muestran malestar con Gustavo Petro son aquellos de los estratos altos. Las últimas encuestas han evidenciado que el inconformismo con su gestión supera el 60% en todos los sectores. Entonces, si fuera cierto que la gente pudiente es la única que rechaza su Gobierno, 60% de Bogotá estaría constituido por estratos altos, según están indicando los sondeos de opinión”.

Saldo en rojo

Analistas consultados por Dinero están convencidos de que una de las claves que explicaría ese malestar que ronda buena parte de los ciudadanos de estratos populares, podría estar en la baja ejecución presupuestal que ha habido durante la era Petro. Según le dijo en entrevista a El Espectador la Veedora Distrital, Adriana Córdoba, esta Administración muestra la ejecución más baja del primer año en relación con las últimas tres alcaldías: tan solo 55%.

Eso quiere decir que a estas alturas los bogotanos de a pie no han visto mayores avances en sus barrios y sienten que las promesas que les hizo el Alcalde con miras a solucionar sus problemas se las está llevando el viento. Y, por si fuera poco, los Fondos de Desarrollo Local (presupuesto que manejan las 20 localidades) solo se han ejecutado en promedio 30%, salvo contadas excepciones como Suba, Tunjuelito y Santafé. Panorama muy diferente al de Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe, Barrios Unidos y Usaquén, las cuatro localidades que muestran los índices de ejecución más bajos.

Ya muchos advierten, como por ejemplo el contralor Distrital, Diego Ardila, que “los fondos de desarrollo local posiblemente ejecutarán la mayor parte de los recursos públicos asignados en los últimos meses del año con los consecuentes riesgos que implica la contratación de manera apresurada y sin la debida planeación contractual”, se lee en un documento firmado por el fiscalizador el 22 de agosto de 2012.

Bajo este panorama, si Telésforo Pedraza sigue empeñado en liderar una campaña para revocar el mandato del Alcalde, a Gustavo Petro no le quedará más opción que darle un golpe de timón a sus políticas públicas si no quiere que la iniciativa aflore. Y sobre todo: deberá revisar si aquella luna de miel que dice tener con los sectores más populares de Bogotá aún sigue viva.

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