| 10/10/2012 6:00:00 PM

Negro panorama

La demora en las licencias ambientales y los problemas de orden público han frenado el crecimiento de la locomotora petrolera. Estas son las implicaciones.

Detrás de la efervescencia por la cifra de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el primer semestre de este año, que llegó a 4,8%, hubo un dato que encendió las alarmas: la industria petrolera no está creciendo al mismo ritmo de años anteriores.

Según datos del Dane, en los primeros seis meses de este año el sector petrolero creció por debajo de 8%, cuando en el mismo periodo del año pasado ese incremento superó el 17%.

Si bien algunos consideran que no es sostenible mantener niveles de crecimiento superiores a 15% por un largo tiempo, este menor ritmo lo que muestra es una compleja realidad por la que está pasando el petróleo en Colombia, caracterizada por dos tendencias: una institucional, enmarcada en las dificultades y demoras en la obtención de licencias ambientales para los proyectos petroleros; y la segunda, de orden público, determinada por los ataques guerrilleros a la infraestructura y por los continuos bloqueos a las operaciones petroleras.

Según Alejandro Martínez, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), el otorgamiento de licencias ambientales que antes tomaba unos seis meses, hoy se está demorando un año, producto de un aumento en los requerimientos, limitaciones y exigencias de información adicional por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), que –a su juicio– ha vuelto impredecibles los procesos.
 
En este momento hay 118 procesos de licenciamiento o modificación estancados que representarían una producción cercana a los 75.000 barriles adicionales promedio día.

La otra cara de la moneda tiene que ver con un incremento en las acciones de orden público. La voladura de oleoductos ha venido en aumento: en 2010 se registraron 31; para 2011 la cifra ascendió a 84, y a junio de este año se registraron 88. Estos atentados han dejado atrapada una producción de 16.400 barriles de petróleo diarios.

Pero en las últimas cinco semanas los ataques terroristas se han reducido. Para Martínez, de la ACP, es un hecho que coincide con el anuncio del inicio de las negociaciones de paz; pero que –considera–, se trata de una mayor capacidad de respuesta de las Fuerzas Militares.

Pero otro factor ha entrado a jugar en este negro panorama: los bloqueos a los campamentos petroleros por parte de comunidades y trabajadores. “En 2010 tuvimos 91 bloqueos; en 2011 fueron 171; y a agosto de este año iban 204. Estas parálisis representan unos 3.300 barriles diarios de producción. Se presentan porque hay un cruce de agendas de diferentes actores e intereses en las regiones petroleras. Por ejemplo, están los dueños de las tierras que esperan que el establecimiento de indemnizaciones por servidumbres petroleras sean mayores; también hay terratenientes que aspiran a que las empresas construyan las carreteras, las pavimenten o las mejoren al lado de sus fincas; hay comunidades vecinas a las exploraciones que tienen expectativas de inversiones sociales desde hace décadas y cuando llega la compañía petrolera pretenden que las haga; vemos también a la USO que va a todas las regiones petroleras con el ánimo de fortalecer el sindicato y tener más afiliados”, dice Martínez.

Petroleras consultadas por Dinero advierten que muchas comunidades quieren aprovechar este momento. “Va a ser imposible mantener una producción estable porque ya vamos a reconsiderar si entramos o no a perforar o a producir. La relación con las comunidades se está convirtiendo en un taxímetro que crece permanentemente, haciendo inviables los proyectos y nosotros no podemos sustituir al Estado”, dice el vocero de una petrolera. Según él, tener un taladro sin trabajar puede llegar a costar US$60.000 diarios, y “dependiendo del campamento, pueden ser 3 o 4”.

Ese cruce de intereses está más exacerbado que antes por el cambio en la distribución de las regalías, por el cual muchas de estas zonas quedaron con menores ingresos y, seguramente, van a buscar compensar esa pérdida con recursos directos de las petroleras, que obtendrían vía presiones.

A esto se suman las dificultades en transporte con unas vías debilitadas. “Ninguna vía permite llevar cargas de gran tamaño. Solo en transporte tenemos sobrecostos de 25% y, en ocasiones, debemos desbaratar piezas y llevarlas por pedazos para volverlas a armar en los campamentos”, dice un empresario de servicios petroleros.

¿Qué representa todo este panorama? Que el Gobierno no va a llegar en el corto plazo a cumplir las metas del plan de desarrollo. Colombia ha dejado de producir cerca de 100.000 barriles diarios adicionales, con los que hubiera superado la barrera del millón de barriles diarios que presupuestaba alcanzar a principios de este año. Pero no solo es en temas de producción sino también de exploración: para este año, la meta es de 150 pozos y muy difícilmente se llegará a 140.

Además, según Martínez, de la ACP, no se han dado descubrimientos significativos, “lo que no ha permitido aumentar la relación de reservas-producción, que está en 7 años y cuyo objetivo es llevar a diez años”.

Las metas de crecimiento no se están dando y el impacto en el tema fiscal puede ser muy fuerte. Según diversos analistas, el precio del petróleo el año entrante podría estar rondando los US$90, cuando en el presupuesto de la Nación está por encima de US$100, y las posibilidades de aumentar la producción están en entredicho. Esto golpearía duramente las cifras del fisco pues se calcula que por cada dólar que caiga el precio internacional del crudo, Colombia dejará de recibir $300.000 millones. Pero el impacto ya se está sintiendo: con las disminuciones en la producción en lo que va del año, solo en regalías el país ha dejado de recibir cerca de $700.000 millones.

La locomotora que ha estado jalonando la economía en los últimos años está hoy frente a una dura cuesta. Será necesario replantear las rutas y llevarla a terrenos que le permitan seguir impulsando el país. De lo contrario, el golpe puede ser monumental.


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