| 10/11/2012 12:00:00 AM

Muevan las industrias

Algunos sectores industriales intensivos en mano de obra no levantan cabeza y siguen mostrando números rojos. Anif y Fedesarrollo advierten sobre un proceso de desindustrialización. La Andi lo niega.

La industria la está viendo negra. El petróleo, el carbón y en general el sector minero energético pasaron de ser la cenicienta de la economía (1,75% del PIB en 1975) a la sombra más oscura sobre la manufactura local.

La minería hoy ya pesa cerca de 8% en el PIB, mientras que la industria cayó de 23,2% en 1975 a 12% en el segundo trimestre de este año.

Todo estaría bien si se tratara de un simple ajuste en el mapa económico del país. Pero la situación se complica a medida que las exportaciones masivas de minerales y crudo son el combustible de la revaluación, una situación que ha obligado a que varios empresarios se dediquen a importar, distribuir y comercializar en vez de producir.
 
“El riesgo que se corre es que los socios de las empresas dejen de invertir como ya se empieza a ver en algunos sectores”, advierte Bernardo Guzmán, presidente de Smurfit Kappa Cartón de Colombia.

A la difícil situación debida a la revaluación del peso se suma la baja competitividad de las fábricas, derivada del atraso en infraestructura vial y portuaria, altos costos de la electricidad, impuestos a la importación de maquinaria (bienes de capital) y falta de mecanismos gubernamentales para frenar el dumping y el contrabando de todos los colores y sabores.

Pero tampoco se puede ver a la minería como la culpable de todos los males. Según el  vicepresidente de Anif, Alejandro Vera, otros países han sabido aprovechar la bonanza de recursos naturales para mejorar la competitividad de algunos sectores industriales a través, por ejemplo, de incrementar la inversión en infraestructura. Esto ayuda a la inserción internacional de los sectores industriales y les ayuda a participar del boom minero.

La respuesta del Ejecutivo a estas dificultades es tibia y parcial. Desde el gobierno anterior se viene hablando de los programas de transformación productiva, una apuesta institucional para volver competitivos algunos sectores industriales.

“Ese plan del Gobierno funciona bien en cinco cadenas industriales y me enteré de que se piensa incluir otras cuatro. La pregunta es qué va a pasar con los restantes 43 sectores, hay que acabarlos ”, es la pregunta que se formula Marta Lucía Ramírez, directora de la Coalición para la Promoción de la Industria Colombiana y quien un año atrás ya advertía sobre los riesgos que se cernían sobre la manufactura local. Ramírez también señaló hace pocas semanas que 25% de los sectores industriales ya están en recesión pues acumulan tres trimestres en contracción.

Guerra de cifras


La Andi se defiende y presentó a Dinero unas cifras más optimistas con respecto al comportamiento del sector. “El tema hay que ponerlo en contexto. Colombia no es la misma de hace 10 años, las empresas se han transformado e incluso han incursionado con éxito en el exterior. Las cifras que manejamos entre los años 2000 y 2012 reflejan que la actividad industrial pasó de US$13.900 millones a unos US$48.000 millones previstos; que el empleo industrial era de 2,1 millones de plazas y hoy es de 2,7 millones y que las exportaciones industriales pasaron de US$7.000 millones a US$24.000 millones en ese periodo”, explica Juan Camilo Nariño, vicepresidente de Comercio Exterior de la Andi.

Pero ese panorama tan positivo fue desvirtuado en un estudio realizado hace poco por Fedesarrollo, con la participación de José Antonio Ocampo y Astrid Martínez. En dicha investigación se afirma que entre 1992 y 2007, el ritmo de crecimiento anual promedio del número de plantas industriales en el país fue de –0,55%. En otras palabras, que a través del tiempo se cerraron más fá¬bricas de las que se crearon.

En cuanto al empleo, el informe del centro de estudios concluye que durante el periodo 1996-2010 hubo un crecimiento promedio del empleo industrial equivalente a 2,08%, pasando de 2’052.771 empleos en 1996, a 2’662.618 en 2010. Este crecimiento es calificado como ‘parco’ por Ocampo y Martínez.

Incluso Anif revela cifras aún más contundentes. El empleo minero pasó de representar 0,4% del empleo total (1975) a 1,2% (2008), mientras en la industria en esos mismos años pasó de 25,4% a 13,1%. En 1980, la industria generaba 80% del empleo formal, hoy solo es 13%.

“Desde la época de la Colonia, Colombia ha mirado hacia adentro y ubicó sus dos principales centros urbanos lejos de las costas. Las carreteras que luego se hicieron comunicaron las ciudades del interior pero no a los centros productivos con el mar. Por eso, en Colombia los retos son particularmente difíciles”, aseguró Víctor Traverso, representante de la CAF en Colombia, durante la apertura de la Feria Internacional de Bogotá que concluyó el pasado 5 de octubre.

En el mismo evento, el presidente de Acoplásticos, Carlos Alberto Garay, soltó una frase todavía más contundente: “si seguimos así, estamos condenados a un proceso de desindustrialización en este país”.

Para Carlos Zuluaga, presidente de Acesco, empresas –como la suya– han construido mercados por décadas “y no los vamos a entregar a un trader que importa y vende”, dice. La compañía va a construir un centro logístico de despacho, como una de sus últimas opciones para ser competitivos y sacar su producción adelante. “Si no hay un cambio sensible frente a los productos traídos de China, no veo qué más podamos hacer”, agrega.

Un caso aún más revelador. “En 2006, uno de los mayores exportadores de bluyines del país confeccionaba 120.000 unidades al día y hoy solo hace 35.000”, dice Carlos Eduardo Botero, presidente de Inexmoda, al explicar uno de tantos ejemplos en esta industria que hoy tiene una competencia más intensa de marcas extranjeras.

Si hay sectores que ya no son viables en esta nueva realidad económica, que se diga ahora mismo para así reenfocar los esfuerzos, políticas e inversiones en las industrias en las que el país puede competir. El silencio y el cálculo político a veces resultan muy costosos.
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