Revista Dinero

Juan Carlos Echeverry Ministro de Hacienda.

| 7/4/2012 6:00:00 PM

Ministro tropelero

Juan Carlos Echeverry está casando peleas dentro del Ejecutivo, con gremios, congresistas y hasta con los entes de control. ¿Cuál es el motivo?

Tradicionalmente, los Ministros de Hacienda han tenido que ejercer una ingrata labor dentro de los gobiernos. Al ser los encargados de hacer rendir el presupuesto, deben decirles no a muchas propuestas y programas, lo que no les da réditos políticos y les genera animadversiones con sus colegas de gabinete.

El actual jefe de esa cartera, el economista Juan Carlos Echeverry, no ha sido la excepción; pero, a diferencia de sus antecesores, no solo ha casado peleas dentro del Ejecutivo, sino también con gremios, congresistas y hasta con los entes de control.

Aunque nadie pone en duda su profesionalismo, su carácter técnico y sus habilidades comunicativas (no en vano era uno de los profesores más taquilleros en sus cátedras de la Universidad de los Andes y como analista estaba presente con frecuencia en los medios), lo que ha generado mucha molestia a sus interlocutores es el ‘tonito’ con el que dice las cosas y las rabias súbitas que le dan cuando las cosas no salen bien.

Uno de sus primeros rounds públicos fue con el sector financiero, al que acusó de estar abusando con las tarifas de los servicios que prestan. Inmediatamente, Asobancaria reaccionó diciendo que el Gobierno quería controlar los precios de su actividad, pero no los de otros servicios y productos. Además de sus palabras, a los banqueros les molestó que Echeverry –quien tras la disputa dijo que el sector lo consideraba una persona non grata–, hubiera permitido que se aprobara una norma que les pone techo a las tarifas financieras.

Como resultado, el Ministro no asistió a la convención bancaria de 2011, un evento clave para su cartera. En la sección de chismes del noticiero CM& de ese momento aseguraron que en el discurso de clausura la presidente de Asobancaria, María Mercedes Cuéllar, tenía previsto hacer una fuerte crítica a Echeverry por no haber ido, pero a última hora la omitió. Si bien el ambiente ha mejorado y este año asistió a la convención bancaria –aunque por muy poco tiempo–, la relación con los banqueros la ha dejado en manos de su viceministra, Ana Fernanda Maiguashca, y del superintendente financiero, Gerardo Hernández.

Los banqueros dicen que no hay ninguna pelea con el Ministro, simplemente no tienen una relación con él pues en su concepto Echeverry tiene otros intereses.

Una idea similar tienen los industriales, con quienes también tuvo su rifirrafe. El Ministro aseguró que de la Andi provendría la persona que pagó a un funcionario de la Imprenta Nacional para que la reforma tributaria de 2010 no fuera publicada a tiempo en el Diario Oficial, lo que demoraría un año la entrada en vigencia de los nuevos impuestos.

Esas palabras desataron la ira santa del presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, quien exigió disculpas públicas y le sugirió al Ministro que se fuera a “vivir a la imprenta a final de año” para que no le pasara lo mismo con las nuevas reformas.

Echeverry se disculpó, pero en el gremio quedó el sinsabor y la idea de que las aspiraciones políticas del Ministro lo llevan a decir muchas frases con las que busca popularidad.

La más brava

Pero quizás una de las peleas más sonoras del jefe de la cartera de Hacienda fue con la contralora Sandra Morelli. Comenzó por la nómina adicional que pidió la funcionaria para el control de las regalías y luego se agudizó con su plan para cambiar la sede del organismo que dirige. Morelli lo llamó “Juan Carlos I, rey de la dinastía Echeverry de Colombia”, por su negativa a destinar más recursos para la Contraloría. Ella dice que él la tildó de ‘vieja loca’.

El representante Simón Gaviria también ha sido un fuerte crítico del Ministro; en especial, después de que entró en vigencia la reforma a las regalías. Gaviria calificó al Ministro de “poco profesional” y, además, le pidió ser “más eficiente”. Lo primero, porque Echeverry dijo que la demora en la llegada de los recursos a las regiones se debía a un retraso del Congreso. Lo segundo, porque el Minhacienda radicó a última hora el texto de la ponencia para conciliar las regalías.

No contento con eso, Gaviria dio otro golpe al criticar duramente el borrador que se filtró de la reforma tributaria, pues dijo que gravar con un impuesto de 5% los productos de la canasta familiar iba a hacer chillar a los pobres en vez de a los ricos, parodiando la famosa frase del presidente Santos.

De hecho, la filtración del proyecto de reforma fue otro motivo de pelea para Echeverry. El día en que La República publicó el borrador, Echeverry envió un comunicado diciendo que iba a poner el caso en manos de la Fiscalía y la Procuraduría. Un hecho sin antecedentes en el país, pues, si bien su papel era evitar que el texto se conociera, el de la prensa era buscarlo.

La ropa sucia no se lava en casa

A estas disputas se suman las que Echeverry ha tenido con sus colegas de gabinete. Hace unos meses tuvo una con el entonces ministro de Transporte, Germán Cardona, por dineros que este le estaba pidiendo para obras fuera de lo previsto.

El sucesor de Cardona, Miguel Peñaloza, le dijo a Dinero que desde que llegó al cargo lo ha llamado 20 veces y nunca le pasa. “Llevo un registro con hora y fecha de las llamadas que le he hecho, supongo que cree que es para pedirle plata”, aseguró.

Echeverry también ha tenido roces públicos con el ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, por la forma como se van a financiar las 100.000 viviendas gratis que planea entregar el Gobierno, pues para el jefe de Hacienda este debe ser un programa temporal y no permanente.

Con el ministro de Minas, Mauricio Cárdenas, chocó por la reducción en el precio de la gasolina. Para Cárdenas, un reconocido economista y exdirector de Fedesarrollo, el recorte puede ser de $1.000 por galón, pero Echeverry no comparte esa idea, pues el costo fiscal es demasiado elevado.

El ministro Echeverry ha mostrado dotes técnicas indudables y habilidades políticas que pocos le conocían. Ha sido calificado en varias oportunidades como el mejor Ministro de Hacienda de la Región. Como si fuera poco, logró sacar adelante reformas históricas como la de las regalías, que se ha convertido en verdadero alivio para las finanzas públicas. Sin embargo, todo esto ha sido a costa de ganarse fama de tropelero. Un apelativo que le puede generar problemas si tiene futuras aspiraciones políticas.
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