| 5/14/2015 5:00:00 AM

Ciencia en apuros

Metodología de Colciencias para clasificar grupos de investigación la enfrenta con académicos de las ciencias sociales, que dicen ser discriminados. En vilo estudios económicos y del conflicto.

Cuando el presidente Santos asumió por primera vez la jefatura del Estado, estableció 5 locomotoras para desarrollar el país; una de ellas era la innovación. Así, uno de los sectores ‘cenicienta’ –ciencia y tecnología– iba a empezar a obtener su justo reconocimiento al destinarle 10% de los recursos de las regalías.

No obstante, el impulso que se esperaba de esta locomotora no ha sido suficiente. A la caída de las regalías, provocada por el desplome del petróleo, se suma la molestia de los investigadores en ciencias sociales con Colciencias. El florero de Llorente fue la Convocatoria 693 de 2014, que invita a los grupos de investigación a certificarse. El problema no está en la clasificación de los grupos, pues hay consenso sobre la necesidad de hacerlo, sino en la metodología utilizada para catalogarlos.

Deben cargar su información en una plataforma tecnológica que está desactualizada y, además, cada año les exigen más requisitos para que demuestren la calidad de su trabajo. Debido a que las ciencias sociales no tienen los mismos criterios de medición que las ciencias exactas, quienes investigan temas de historia, economía, sociología o literatura se sienten en desventaja frente a físicos o ingenieros.

La molestia ha crecido tanto, que varios grupos en las universidades han manifestado su descontento, al tiempo que 123 grupos de investigación se retiraron de la más reciente convocatoria, pues consideraron vulnerados sus derechos. “Parten del principio de la mala fe, en el cual somos culpables hasta no demostrar lo contrario. Entonces, si no cumplimos con los requisitos exigidos, nuestro trabajo no es válido”, dice Sandra Martínez, representante profesoral de la Universidad del Valle.

Gabriel Vélez, jefe del Centro de Investigaciones Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia, considera que se desperdician recursos de investigación realizando tareas mecánicas para demostrar la idoneidad de los investigadores. Agrega que el debate sobre la forma correcta de medir las ciencias sociales no es solo de Colombia, pero que el país no debe despreciar esta área, donde se investigan temas álgidos como el postconflicto, el envejecimiento y el desarrollo económico.

Alejandro Olaya, subdirector de Colciencias, acepta que el problema de la plataforma se debe corregir, pero dice que la metodología para evaluar a los investigadores es el resultado de un trabajo con las comunidades científicas. “Siempre los modelos son imperfectos y claro que cada año las convocatorias son más exigentes, para que la producción científica nacional se pueda comparar en términos internacionales”, explica.

En su concepto, la ventaja de tener un modelo de medición cada vez más severo es que la investigación es más eficiente. Colombia es el quinto de América Latina por artículos de investigación publicados al año (6.523). Brasil es el primero con 59.000 artículos producidos por 700.000 investigadores, mientras que en Colombia hay apenas 7.000 científicos.

Los investigadores molestos no comparten la idea de que producir más artículos sea sinónimo de calidad e insisten en su molestia, mientras en Colciencias ven como natural que estos procesos generen polémica, pues son los intelectuales los que están involucrados.

Con apenas 0,2% del PIB destinado a ciencia y tecnología, si el país quiere apalancarse en esa locomotora, primero es necesario que sus protagonistas remen hacia el mismo lado.
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