| 6/23/2016 12:00:00 AM

Mensajes desde La Habana para los empresarios

Frank Pearl y Gonzalo Restrepo, dos de los miembros del equipo negociador del Gobierno en el proceso de paz de La Habana, se destacan por su cercanía con el sector privado. Dinero los entrevistó para plantearles las inquietudes que hay entre los empresarios sobre la negociación. Estas son sus respuestas.

Para muchos empresarios, el proceso de paz de La Habana ha generado diversos interrogantes. Por esta razón, Dinero buscó respuesta con los dos hombres del equipo negociador del Gobierno que mayor sintonía tienen con los empresarios del país: Gonzalo Restrepo, expresidente de Almacenes Éxito, y Frank Pearl, economista que ha liderado los asuntos de paz de este Gobierno.

La entrevista tuvo unas condiciones especiales: Restrepo fue abordado durante una pausa del Foro Económico Mundial que se desarrolló en Medellín, mientras Frank Pearl visitó las instalaciones de la revista. Aquí están las respuestas más representativas de ambos diálogos sobre algunos de los temas más sensibles.

Parafraseando a Fabio Echeverry, si en Colombia la economía ha ido bien aunque el país ha ido mal, ¿por qué apostarle a este proceso si el aparato productivo puede seguir respondiendo bien?

Gonzalo Restrepo (Gr). La paz se ha intentado muchas veces y, obviamente, si estamos todavía con ese problema tan agudo es porque la estrategia no ha funcionado. La guerra ha causado 8 millones de víctimas, de las cuales la mayoría son del campo (tan solo desplazados son 6,7 millones). Es increíble que en un país más de 10% de su población haya sido víctima. Algo tiene que traer que se elimine no 100% de la violencia pero sí 70%; eso genera riqueza adicional.

Frank Pearl (FP). El fin del conflicto es la oportunidad para modernizar a Colombia y que el país entre en el siglo XXI. Lo que está en juego es escoger entre quedarnos anclados al pasado y a un conflicto que hemos tenido durante más de 50 años y que nos ha distraído de resolver problemas fundamentales, o tener la posibilidad de comenzar a construir las condiciones para tener una paz permanente. Esa frase según la cual el país va mal y la economía va bien, lo que muestra es la ruptura que hemos tenido en Colombia y que queremos superar: una ruptura entre un sector productivo que ha trabajado con mucho talento y mucha valentía en circunstancias adversas y que ha sido indudablemente exitoso. Y la otra mitad de la frase, el país va mal, se refiere muy probablemente a muchos colombianos que han estado excluidos de las oportunidades. Aquí lo que queremos es que la economía esté bien y el país también.

¿Qué han escuchado de las Farc sobre el sector privado, la propiedad privada o los TLC?

GR. El estereotipo de las Farc de ir contra la propiedad privada ya no tiene sentido. Ellos se inclinan más hacia las ideas de izquierda, indudablemente, pero en lo que los he tratado no han parecido absolutamente radicales contra la propiedad privada. Si eso fuera así, no los vería estudiando todos los sistemas de asociatividad y cooperativismo, en lo cual Colombia tiene una experiencia limitada. Por ende no los veo tan cerrados. Son conscientes de que no tienen todo: la tierra, el capital, etc. En el fondo hablan de la empresa como un mundo aparte y deben ser conscientes de que una cooperativa es una empresa. Los de las Farc quieren aprender, porque saben que tienen que competir en los mercados el día de mañana. Una cosa es el pancoger; puede que ellos estén mirando que cada parcela debe tener algo de propio, pero su orientación es que tienen que tener acceso a los mercados y saben que otros países donde hay modelos mucho más estatales no han funcionado.

FP. Aquí no está en juego ni la propiedad privada ni los Tratados de Libre Comercio (TLC) ni la presencia de multinacionales en Colombia. Hay una frase que sería bueno que encontraran en los acuerdos; que dice, acerca de los planes de desarrollo con enfoque territorial: “estos planes se implementarán en el contexto de inserción de Colombia en la economía global”. ¿Qué están reconociendo las Farc? Que Colombia tiene hoy más de 50 TLC que no vamos a echar para atrás. Una organización comunista está reconociendo nuestros tratados de libre comercio y aceptando que lo que conjuntamente acordamos se va a implementar en ese contexto.

En un contexto de ajuste fiscal, preocupa mucho el costo de implementar los acuerdos. ¿Qué les pueden decir a los empresarios sobre esto?

GR. Los costos se han discutido principalmente en el punto de tierras y en el de la solución al problema de las drogas en Colombia. Indudablemente poder legalizar las tierras tiene un costo, así como hacer un verdadero barrido catastral en Colombia, completo, de la A a la Z, tiene otro costo, pero es que además es una tarea pendiente casi desde la época de la colonia. Es increíble que eso no se sepa y además es una fuente de ingresos, porque inmediatamente se pueden cobrar impuestos.

De lo que hasta ahora se sabe también está el tema de definir cuánto vale sustituir cada cultivo. En general, de los costos que hasta ahora son evidentes se habla de entre 1% y 1,5% del PIB, lo que es alto, pero Colombia tiene que ser capaz de sacarlo adelante. Es igual que en la economía familiar cuando se tiene una casa alquilada y se vive bien, pero se decide hacer propia. Seguramente, mientras se hace la casa propia se debe prescindir de otras cosas. A lo mejor ya no se puede ir de vacaciones a la playa ni a restaurantes caros, pero nosotros tenemos que poder hacer la casa propia del campo colombiano, que empieza por una verdadera distribución de las tierras.

FP. Esos números los sacará el Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional, pero miremos los compromisos que hemos asumido. El tema rural: la creación de un fondo de tierras que se va alimentar básicamente de baldíos de la Nación. Ahí hay un pequeño gasto administrativo en comparación con el acervo de activos que van a entrar a hacer parte del aparato productivo. El otro asunto es el catastro multidimensional: ese es el típico reflejo de que estamos utilizando mecanismos de mercado. ¿Qué va a pasar? Los municipios tienen hoy cuatro fuentes de financiamiento: Presupuesto General de la Nación, regalías e impuestos prediales y comerciales. El presupuesto es muy difícil cambiarlo de un año a otro; las regalías se bajaron; pero los otros dos impuestos, prediales y comerciales, tienen que ver con el nivel de formalidad de la economía. En las zonas de conflicto, la economía es profundamente informal. Con estos programas masivos de formalización y en la medida en que el catastro nos permita identificar predios, áreas –es decir linderos–, propietarios y valores e ir invirtiendo en infraestructura para que las regiones puedan recibir prediales, los municipios que hoy no tienen capacidad de inversión la van a tener sin depender del gobierno central.

Si bien en La Habana no se está negociando el modelo económico, ¿el hecho de que las Farc entren a la política abriría las puertas para ese cambio?

GR. Claro, ellos aspiran a entrar a la política para manifestar sus ideas y su forma de pensar. Esa posibilidad existe aunque no se negocie con las Farc, ya que hoy hay muchas personas con ideas de izquierda, pero la única defensa que tiene eso no es llorar o decir qué miedo darles voz a ellos. Lo que hay que hacer es salir a la palestra y dar la batalla pública y de ideas. El M-19 lo hizo y lo sigue haciendo, se modificaron cosas en la Constitución; unas salieron bien y otras menos bien, pero de todas maneras el país ha seguido avanzando.

¿Se va a reducir el gasto en defensa?

GR. Creo que no se debería reducir mucho, ¿para qué dar lugar a que vuelva y crezca el problema?

FP. Lo que el presidente Santos ha dicho es que pensemos en que hay rubros de inversión e inversión social que a mediano y largo plazo van a crecer. Eso hoy no puede hacerse a costa de la fuerza pública. En el posconflicto necesitamos una fuerza pública muy bien dotada, muy bien financiada y adaptada a las nuevas condiciones y a los nuevos retos de seguridad. Eso requiere un programa para que los recursos sean utilizados de manera más adecuada a las nuevas realidades.

Muchos empresarios están preocupados por lo que se defina sobre la propiedad de la tierra en zonas donde hoy eso ya es un problema. ¿Qué hay para decir en este frente?

FP. A todo lo largo del Acuerdo respetamos los principios democráticos y los principios del modelo económico que tenemos; hay un profundo respeto a la propiedad privada. No importa lo que hayan dicho las Farc. Los colombianos que tienen propiedades bien habidas pueden estar tranquilos. Estamos reconociendo que el sistema actual de justicia no es eficiente en las regiones donde hay conflictos de tierra. Y por eso matamos dos pájaros de un tiro e incluimos el tercer tema del punto rural que es la creación de una nueva jurisdicción agraria. ¿Qué reconoce esa jurisdicción agraria? Que hoy hay unas mafias que se han apoderado de baldíos de la Nación y que muchas veces particulares que tienen sus tierras bien habidas las pierden por la ineficiencia o por la corrupción de entidades del Estado. La creación de esa nueva jurisdicción agraria es un parte de tranquilidad para el sector empresarial en el sentido de que las diferencias van a ser bien resueltas y queremos eliminar los fraudes y los conflictos que vienen a través de esos fraudes que atentan contra la propiedad privada y el empresariado.

¿Cuál sería su mensaje para los empresarios?

GR. No creo que sea un momento para dejar los proyectos en pausa, porque el país no está negociando ni el sistema democrático ni el de libre empresa. Todo lo contrario, está bregando integrar 70% de la extensión de este país y 30% de la gente a la economía, los cuales han estado totalmente olvidados y no podemos hacerlos a un lado. La seguridad va a mejorar, la infraestructura se va a profundizar. Las ciudades se van a beneficiar de carambola porque la migración hacia ellas se puede reducir en la medida en que la educación y el desarrollo se lleven a las regiones.

Puedo entender que haya gente que no comparta el proceso de paz, pero lo que no puedo creer es que no den alternativas de solución al problema. Digan que no, pero entonces digan qué hacemos. No estaría yo sentado allí sino creyera que es mejor la paz que la guerra y además que el trabajo que se ha venido haciendo es serio, no perfecto. Que no se entrega nada de lo fundamental y que ciento por ciento de lo que se acuerda de todas maneras se tiene que hacer con o sin proceso de paz.

FP. Me parece que los empresarios colombianos están ante una oportunidad privilegiada en un país que está cerrando un capítulo y que tiene la oportunidad de modernizarse. El empresario colombiano tiene la oportunidad de utilizar su talento y su capacidad para complementar al Estado, darle visión de largo plazo, específicamente empezar a mirar desde ya cómo va a participar en lo que dicen los acuerdos. Hay cerca de 50 maneras diferentes a través de las cuales los empresarios de Colombia ya pueden empezar a participar de esto. No es el momento de ser espectadores, no es el momento de quedarse mirando a ver qué va a pasar, no es el momento de quedarse anclados al pasado; es el momento de apostarle a participar activamente en lo que cada cual cree. Y los mecanismos están para decidir qué planes se van a hacer. Los empresarios tienen que pasar del análisis a la acción.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?