| 8/1/2012 6:00:00 PM

Made in Sahagún

Este municipio cordobés se convirtió en uno de los más célebres del país por cuenta de las recientes actuaciones de algunos de sus coterráneos. Emilio Otero, Emilio Tapia y algunos parapolíticos, los más sonados.

Si de récords se tratara, el municipio cordobés de Sahagún se lleva varios en materia política. Es la única población de comarca que ha conseguido elegir, para un mismo periodo, a tres de sus hijos como senadores de la República y acaparar 70% de las secretarías de las comisiones constitucionales del Congreso.

Sus guarismos de participación en política son difícilmente equiparables. La votación allí, tanto en elecciones presidenciales como parlamentarias, nunca ha sido inferior a 63% de su potencial de votantes y su volumen de votación supera, por ejemplo, al que registró en los últimos comicios todo el departamento de La Guajira.

Es más, si Fuad Char, uno de los hombres más ricos y poderosos del país, no se hubiera desarraigado de aquella tierra del nororiente de Córdoba para convertirse en hijo adoptivo de Barranquilla, Sahagún mantendría viva la opción de tener incidencia algún día en los rankings de Forbes o de Bloomberg.

Pero a despecho de sus dirigentes, estos datos tienen la misma utilidad relativa que la información sobre la Edad de Piedra que reposa en las páginas de una vieja enciclopedia. Porque lo cierto es que la notoriedad actual de Sahagún no se explica por sus virtudes y valores sino por las acciones de sus ovejas descarriadas: Emilio Otero, hasta hace pocos días uno de los hombres más poderoso del Capitolio Nacional, se vio forzado a renunciar a la posibilidad de ser reelegido secretario del Senado al comprobarse que fue el gestor de los principales ‘micos’ que llevaron al presidente Juan Manuel Santos a hundir el proyecto de reforma a la Justicia.

Otro coterráneo y tocayo de Otero, Emilio Tapia, se convirtió en el triste símbolo del carrusel de la contratación en Bogotá fue capturado el pasado 27 de julio y ya tiene su nombre inscrito en la historia de la corrupción administrativa.

Destino amargo


Con ceño fruncido y un dejo de desilusión, el congresista William Salomón Nader se duele del sino trágico que afecta a su pueblo. Recluido en el pabellón de la parapolítica en la cárcel de La Picota, donde se alista para replicar en los estrados internacionales la decisión de la Corte Suprema que lo alejó de su curul, Nader le dice a Dinero que la cultura y la tradición política de uno de los más ricos municipios de las riberas del San Jorge hacen descabellada la idea de que alguno de sus hijos se tenga que hacer elegir con el respaldo de un fusil.

Por un momento se olvidan las contradicciones y mentiras en que, a su juicio, incurrió el único testigo de cargo que declaró en su contra y evoca los tiempos en que su padre, el patriarca Salomón Nader, y otros jerarcas de viejo cuño, como Jorge Ramón Elías Nader (‘Joche’, le llaman los suyos) y, antes que él, Germán Bula, sentaron las bases de una heredad político-partidista que se conserva en hombros de las nuevas generaciones.

Las de Sahagún son castas que se hicieron fuertes a partir de los 80, cuando Bula llevó en sus listas al Congreso a dos hombres que, unidos o peleados, serían los alfiles del ajedrez regional. De un lado, ‘Joche’, un abogado que llegaría a convertirse en una de las voces más influyentes de las comisiones primeras del Congreso y en presidente del Senado. Del otro, Francisco José Jattin, importado de Lorica, que hasta poco antes de su muerte sería presidente de la Cámara.

‘Joche’ solo tuvo hijas y, en una tierra de tradición machista, ninguna de ellas se interesó en política. Por eso, después de haber perdido su curul por cuenta del Proceso 8.000, el jefe liberal de Sahagún le entregó sus banderas a su sobrino Bernardo ‘el Ñoño’ Elías, que llegó al Senado en 2010, luego de un periodo en la Cámara, se convirtió en el más joven presidente de la Comisión Tercera y tiene reservada la condición de ponente para cuando el Gobierno se decida a presentar la Reforma Tributaria.

Jattin le entregó el relevo a su hija Zulema, pero las aguas torrentosas de la parapolítica ahogaron el que parecía un reciente liderazgo.

Patriarcado

Al mismo tiempo, el poder económico patriarcal cordobés hizo su aporte a la representación política de Sahagún. La arrocera Oro Blanco convirtió a su dueño, el ya desaparecido Aníbal Janna, en mecenas de líderes del Valle del San Jorge, mientras sus competidores de la arrocera Besaile y Fayad prefirieron promover a los miembros de su propio clan. De allí surgieron Musa Besaile, padre e hijo. Este último, contradictor de ‘el Ñoño’, es también actualmente senador.

Los apellidos que están en escena sugieren que Sahagún es un enclave de la diáspora sirio-libanesa: los Elías, los Musa, los Nader, los Fayad conservan las mayorías y se mueven en un círculo de amores y rencillas. “Cuando se unen, no hay quien pueda con ellos. Cuando se distancian, saltan chispas y surgen de la trastienda escándalos de corrupción”, dice un diputado del departamento que los conoce de cerca. “No es raro verlos juntos un día en una parranda con Peter Manjarrés y, al otro, sacándose los cueros al sol y exhibiendo videos, grabaciones o facturas que muestran manejos turbios en la contratación o compra de votos con la bienestarina que se suponía reservada para un programa oficial”, agrega.

Además de promover a Otero como secretario ‘perpetuo’ del Senado, ellos han conseguido elegir, entre otros coterráneos, a Octavio García, Rafael Oyola y Jesús España como secretarios de las comisiones legislativas.

Comparado con otros con un potencial similar de recursos, Sahagún no es un pueblo pobre, aunque los indicadores sociales no sean sinónimo de desarrollo pleno. La cobertura de acueducto es de 66,1%, la del alcantarillado de 44% y los índices de alfabetismo y cobertura educativa superan 80%. Sin embargo, su principal activo sigue siendo la política… para bien y para mal.
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