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César García, concejal Cambio Radical.

| 3/20/2013 6:00:00 PM

Los Sextillizos

Desde el año pasado un grupo de políticos pretende liderar las banderas del Concejo de Bogotá. ¿De quiénes se trata? y ¿cómo los afecta el tan sonado escándalo del carrusel de contratos?

El pasado 9 de marzo, el concejal de Cambio Radical, Julio César Acosta, tenía motivos de sobra para celebrar: era el día de su matrimonio con Diana Olano, hija del senador Plinio Olano. Ese sábado, en horas de la noche, un selecto grupo de políticos de su partido y otras reconocidas figuras públicas llegaron de punta en blanco al Club de Pesca de Cartagena, en donde tuvo lugar el evento. Entre los asistentes brilló con luz propia una ‘comitiva’ conformada por tres colegas del novio: Darío Fernando Cepeda y César García (Cambio Radical) y Javier Palacio (Partido de la U). Y, aunque también recibieron tarjeta de invitación, los grandes ausentes fueron los concejales Andrés Camacho Casado (de la U) y José Juan Rodríguez (Partido Verde).

Lo llamativo es que este particular sexteto –un combo cerrado de viejos amigos– no solo aprovecha ocasiones festivas para compartir, sino que desde el Concejo de Bogotá viene librando una dura batalla en busca de un objetivo común: convertirse en los nuevos ‘cacaos’ de la corporación. ¿Qué tan cerca están de lograrlo? ¿Cuáles son los escollos que deben superar? ¿Son ellos los llamados a entronizarse en lo más alto del Cabildo Distrital?

Para despejar las dudas, lo primero a tener en cuenta es que desde el año pasado esta singular tropa conformó una especie de ‘logia’ encaminada a imponer la agenda del Concejo. Y así lo hizo. Bajo la directriz de los miembros de Cambio Radical, organizaron discusiones de hondo calado político: el 14 de agosto de 2012, por ejemplo, llevaron a la corporación al ministro Germán Vargas Lleras para adelantar un debate sobre el futuro de la vivienda de interés social y prioritario en la capital.

También invitaron a una plenaria el 18 de abril al por esos días jefe de la cartera de Transporte, Germán Cardona, para que explicara los alcances de las obras de infraestructura cofinanciadas entre el Distrito y la Nación. Y, para rematar, fueron ellos quienes condujeron al naufragio –por tiempos en la agenda– de la modernización tributaria y el cupo de endeudamiento que presentó la Administración Petro a finales de 2012.

El poder de los ‘neocacaos’ parecía no tener límites. Algunos concejales, incluso, llegaron a asegurar en público que –con su marcada influencia– presionaron al Alcalde para pedirle participación burocrática en entidades clave del Distrito. Su posición dominante era indiscutible. Pero cuando las cosas para ellos rodaban sobre rieles, dos eventos inesperados se atravesaron en su camino: la llegada de María Clara Name a la presidencia del Cabildo y las investigaciones por el carrusel de contratos.

¿Cómo afecta esta coyuntura al naciente grupo de cacaos? y ¿cómo obliga a reacomodar las fichas del ajedrez político del Concejo?

Incertidumbre rampante
A pesar de que la fuerza individual de cada uno de los miembros de esta ‘logia’ empezó a crecer como espuma durante 2012, quien articulaba el grupo y ejercía el liderazgo natural era el entonces presidente del Concejo, Darío Fernando Cepeda. Bajo su batuta fue, precisamente, que empezó a gestarse el movimiento y se produjo todo este fenómeno de liderazgo.

Los acuerdos políticos del Cabildo, sin embargo, dejaron claro que en 2013 la presidencia debía pasar a manos del Partido Verde. Por eso, el sexteto de ‘cacaos’ sabía perfectamente que para consolidar su imperio la única opción era mover los hilos con miras a que el sucesor de Cepeda fuera alguien de sus propias tropas. Y ese era José Juan Rodríguez (Partido Verde). “Con José Juan teníamos mucha afinidad porque ya llevamos varios periodos trabajando juntos”, le dijo a Dinero Julio César Acosta, concejal de Cambio Radical.

Días antes a la elección, hasta el más desapasionado de los analistas estaba convencido de que Rodríguez se convertiría en el nuevo presidente del Concejo. A última hora las cosas, no obstante, dieron un vuelco insospechado y por consensos de bancada quien llegó al cargo fue María Clara Name. Ese episodio se convirtió en el primer gran revés que sufrieron los ‘neocacaos’, básicamente porque se trataba de una mujer joven y novata en la entidad, que no tenía ninguna cercanía con ellos. Así que despojados de la presidencia, difícilmente podrían seguir manteniendo su liderazgo.

Pero el golpe más fuerte lo recibieron en las últimas semanas, luego de que la Fiscalía anunciara que en los próximos días imputará cargos a José Juan Rodríguez y a Camacho Casado por su supuesta participación en el carrusel de contratos, dos personajes que encarnaban un rol protagónico en el grupo de ‘cacaos’. Y, para colmo de males, Javier Palacio y Julio César Acosta –dos miembros más de la ‘logia’– hacen parte de los 17 concejales que están bajo la lupa de los organismos de control.

“De todas formas ellos siguen pataleando para ver cómo recuperan el liderazgo que tuvieron durante todo el año pasado. Pero con este escenario es difícil que lo logren”, asegura un cabildante que prefirió mantener su nombre en reserva.

Históricamente, dentro del Concejo de la ciudad –sin importar la época– siempre ha emergido un grupo de caciques llamado a asumir el liderazgo de la corporación. Son ellos quienes han impuesto la agenda, han dirigido el timón político e, incluso, han acudido a maniobras para acrecentar su caudal electoral mediante el clientelismo y la participación burocrática. En los últimos años ese papel lo venían desempeñando con lujo de detalles los que hasta hace poco eran llamados los viejos ‘cacaos’: Hipólito Moreno, Jorge Durán Silva, Jorge Salamanca y Ómar Mejía Báez.

Hoy, algunos están por fuera de la entidad, como Moreno y otros han perdido margen de maniobra, como Durán Silva, quien prefirió renunciar a la primera vicepresidencia del Concejo hace escasas semanas. Tal vez por eso, el camino parecía despejado para que los nuevos ‘cacaos’ tomaran su lugar. Una tarea que hasta que no amaine la tormenta del carrusel de contratos y María Name siga presidiendo la corporación, no será fácil terminar.

Por lo pronto, el concejal Juan Carlos Flórez está convencido de que esta es una coyuntura pasajera y que al final del día –si no hay cambios estructurales en la política nacional– el clientelismo y los cacicazgos volverán a enquistarse en el Concejo. “Este es un fenómeno que se ve en todas las instancias del Estado. Así funciona la política en Colombia. O acaso luego de que se desatara el tema de la parapolítica en el Congreso de la República, ¿hoy esa institución está llena de prohombres?”, se pregunta Flórez.

Así las cosas, cuando el carrusel de contratos sea un tema del pasado, ¿seguirá repitiéndose per secula seculorum esta historia de ‘cacaos’, clientelas e intereses políticos dentro del Concejo capitalino?

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