| 9/1/2016 12:00:00 AM

Los riesgos que enfrenta la banca

La desaceleración de la economía colombiana implica riesgos más altos para la banca. ¿Qué tanto han aumentado y cómo se mitigan?

En las últimas semanas las calificadoras de riesgo abrieron un debate en torno al futuro de la banca colombiana. Mientras Moody’s desmejoró de estable a negativa la perspectiva del sistema bancario colombiano, S&P Global Ratings (Standard and Poor’s) la mejoró de negativa a estable.

La Superintendencia Financiera le respondió a Moody’s que el sistema financiero colombiano está comprometido en lograr los mejores estándares internacionales. Gracias a ello, se ha caracterizado por su capacidad de ajuste, de una manera rápida y ordenada, a los cambios en el ciclo económico. “La fortaleza de los sistemas de gestión de riesgo y los marcos de supervisión y regulación han permitido que el sistema mantenga una dinámica positiva en términos de resultados y capacidad patrimonial, que se refleja en una relación de solvencia de 16,4% al cierre de mayo, superando ampliamente el margen mínimo regulatorio de 9%”, dijo la entidad en un comunicado.

¿Qué está pasando? En las economías emergentes productoras de materias primas, los auges son impulsados por un aumento de la inversión extranjera y las exportaciones, que aprecia la tasa de cambio y relaja la política monetaria. En esta fase, en ausencia de presiones inflacionarias, el banco central acumula reservas internacionales para suavizar la apreciación y reduce la tasa de interés para frenar los flujos de portafolio. Por este motivo, el endeudamiento se incrementa, los activos se valorizan y la profundización financiera aumenta. Además, el balance de los bancos se expande rápido, sus ingresos se elevan y crecen sus utilidades.

Cuando disminuyen los ingresos externos el ciclo se invierte. La política monetaria se endurece para acomodar la demanda interna al aumento menos dinámico del ingreso nacional, con el fin de estrechar el desbalance externo para hacerlo compatible con la menor inversión extranjera. La depreciación de la tasa de cambio contribuye a ese propósito. Las tasas de interés domésticas aumentan, con el objeto de frenar el endeudamiento, el consumo, la inversión y las fugas de capital. Además, el gasto público debe bajar y los ingresos tributarios subir para evitar un mayor déficit fiscal y mantener la sostenibilidad de la deuda pública. En consecuencia, la economía se desacelera y la exuberancia financiera se desinfla.

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Las mayores tasas de interés y los menores flujos de portafolio desvalorizan los activos y desaceleran el crédito. Por este motivo, la expansión del balance de los bancos se torna más lenta, mientras sus ingresos se ralentizan y sus utilidades disminuyen.

En este entorno, la expansión de la banca en el país será menos dinámica y aumentará el riesgo para sus activos, en la medida en que la economía se desacelera. Por la menor rentabilidad, los bancos tendrán una fuente menos abundante de recursos para fortalecer su capital, que en opinión de la agencia calificadora Moody’s incluye instrumentos menos idóneos que los estándares internacionales, por su menor capacidad de absorber las pérdidas, como el buen nombre y la deuda subordinada. Por estas razones, la agencia desmejoró la perspectiva de la banca colombiana de estable a negativa.

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Como no se prevé un cierre rápido del déficit en la cuenta corriente en los próximos dos años, ni se espera un repunte de la inversión extranjera, la deuda externa aumentará para financiarlo y la economía seguirá vulnerable a los choques externos, lo cual entraña peligros adicionales para la banca.

Entre ellos, puede aumentar el riesgo de mercado ante una desvalorización de los activos financieros domésticos, por un cambio en el sentimiento de los inversionistas. Sin embargo, la estructura tradicional del negocio bancario en Colombia, dedicado sobre todo al otorgamiento de crédito, hace que el riesgo de mercado de sus portafolios sea moderado. Como la mayor parte de ellos está compuesta por deuda pública interna, ese riesgo depende del soberano, cuya calificación tiene una perspectiva negativa y estará determinada por la reforma tributaria al final del año.

La alta inflación, el aumento menos dinámico del ingreso nacional, unos impuestos más elevados –por la reforma tributaria en ciernes– y un mayor desempleo, implican una desaceleración del ingreso real neto después de impuestos de los hogares. Este, junto con el incremento de las tasas de interés, hacen previsible un aumento de la carga financiera de las familias, que puede dificultar el servicio puntual de sus deudas. Al mismo tiempo, un incremento menos dinámico de las ventas y las mayores tasas de interés pueden conducir a un resultado similar en el caso de las obligaciones de las empresas. Estas eventualidades tienen la capacidad de deteriorar la calidad de la cartera y aumentar el riesgo de crédito para la banca.

Pero los bancos han puesto en marcha unos mecanismos muy eficaces para mitigarlo. Uno de ellos es volver más exigente la originación de los préstamos. Otro es constituir mayores reservas y provisiones para cubrir el deterioro esperado de la calidad de la cartera. A pesar de ello, la concentración del crédito en los grandes prestatarios entraña una amenaza que aumentará con el otorgamiento de préstamos a los concesionarios de la infraestructura vial bajo los contratos de cuarta generación.

Aunque la principal fuente de fondos son los depósitos –que equivalen a cerca de dos terceras partes de los activos y son muy estables– y los activos líquidos (23% de los tangibles) están constituidos por instrumentos de buena calidad, el riesgo de liquidez de la banca colombiana no es del todo despreciable. En primer lugar, porque el crédito se expande más rápido que los depósitos. En segundo lugar, debido a la alta concentración de estos últimos en unos pocos cuentahabientes grandes, cuyos fondos son menos estables en casos de desconfianza que los de los pequeños depositantes (25% del total). En tercer lugar, como efecto de que las entidades públicas ya no mantienen sus excesos de liquidez en la banca comercial sino en el Banco de la República. Por último, como consecuencia de que la liquidez de los perceptores de ingresos en moneda extranjera es menor.

Por tanto, el riesgo de liquidez puede aumentar como consecuencia de un choque externo sobre la economía que dificulte la financiación de la cuenta corriente, seque los mercados mayoristas de fondos e incremente el costo de la colocación de deuda en el mercado de capitales.

Según Standard & Poor’s, una debilidad de la banca nacional es la alta dependencia de las fuentes de fondeo mayorista.

Sin embargo, en su concepto, los bancos pueden mitigar este riesgo de liquidez por medio de la emisión de deuda de mediano y largo plazo, que puede proveer una fuente estable de fondos.

En virtud de este mecanismo, la agencia mejoró la perspectiva de la calificación de la banca que opera en el país de negativa a estable.

En opinión de las autoridades, el sistema bancario colombiano está preparado para enfrentar las amenazas de la desaceleración de la economía.

La calidad de su capital mejoró por la introducción de instrumentos híbridos con capacidad de absorción de pérdidas y continuará fortaleciéndose con base en un régimen de transición, durante el cual se sustituirá con ellos la deuda subordinada.

Por otra parte, los requerimientos para la solvencia en el país son muy exigentes, debido a los altos ponderadores para los activos de riesgo.

Además, la regulación requiere la constitución de provisiones contracíclicas y el modelo de pérdidas esperadas exige que se reconozcan de manera anticipada y que las provisiones se constituyan desde el momento de desembolsar los créditos.

Sin embargo, no se tiene seguridad de hasta qué punto aguantarán estas fortalezas, si se agudiza la desaceleración de la economía y la desvalorización de los activos financieros Para ello sería útil terminar de implementar las pruebas de resistencia.

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