| 1/19/2017 12:00:00 AM

¿Cómo se podría restablecer el crecimiento económico en Colombia?

La profunda desaceleración de la economía colombiana plantea dudas sobre la posibilidad de restablecer su crecimiento. ¿Cómo se podría lograr?

Los resultados del crecimiento de la economía colombiana en 2016 son inquietantes. Al tiempo que los motores de la actividad económica se apagan, languidecen las fuentes de la demanda. Por estas causas, la desaceleración resulta más pronunciada de lo previsto. En consecuencia, los analistas encuestados por el Banco de la República estiman en promedio que la tasa de crecimiento del año pasado habría sido de 1,8%.

Esa desaceleración amplió la brecha del producto, por lo cual la economía generó menos bienes y servicios de lo que habría podido al emplear con plenitud sus recursos. Más grave quizá sea que su capacidad de expansión de pleno empleo desmejoró, de modo que la tasa de crecimiento potencial no está cerca del 4,5% de hace un par de años, sino próxima a 3%. Por tanto, en el mejor caso la economía apenas crecería a esa tasa, que resulta baja para los patrones del país.

En estas condiciones, para cerrar esa brecha la economía precisa estimular sus fuentes de demanda en el corto plazo. Sin embargo, este objetivo no se ve fácil. Por una parte, la preservación de la solvencia del Estado, mediante el cumplimiento de las metas de déficit establecidas por la regla fiscal, impide acometer un mayor gasto público que impulse la actividad económica. Por otra parte, quizá el Banco de la República no pueda reducir de una manera agresiva la tasa de interés (ver artículo El dilema de Echavarría: ¿Crecer más o garantizar la meta de inflación?), para incentivar el gasto del sector privado, por la persistencia del amplio déficit externo (que estará cerca a 4% del PIB) y de las presiones inflacionarias, que llevarán al incumplimiento de la meta por tercer año consecutivo. Aunque los choques que sacaron la inflación de curso –la reducción en la oferta de alimentos por el Fenómeno del Niño y la devaluación– se desvanecieron, el aumento del IVA y del salario mínimo, junto con la desalineación de las expectativas, dificultan todavía su convergencia al rango objetivo de la autoridad monetaria.

Además, aunque se espera un repunte de la actividad económica mundial y de algunos de los principales socios comerciales del país, junto con una recuperación de los precios internacionales de los hidrocarburos, lo cual mejorará los términos de intercambio y la expansión del ingreso nacional, tal vez no será suficiente para llevar la economía de regreso a su crecimiento potencial. Por eso las proyecciones de los analistas encuestados por el Emisor apuntan en promedio a una leve aceleración del crecimiento de la economía en 2017, hacia una tasa de 2,3%.

De forma complementaria, para restablecer su capacidad de crecimiento en el mediano plazo, la economía colombiana requiere acumular capital de una manera más dinámica, emplear de modo más intenso su fuerza de trabajo e incrementar la productividad total de sus factores.

Una descomposición del crecimiento de la economía colombiana entre 1950 y 2014, hecha de acuerdo con la contribución de los factores de producción, resalta la importancia de aumentar su productividad (PTF). Un mayor aporte de la PTF acelera y hace más sostenible la expansión de la actividad económica. Por eso, gracias a su aumento persistente, la economía logró altas tasas de crecimiento entre 1950 y 1980, durante lapsos prolongados. Por el contrario, en las décadas de 1980 y 1990 la PTF tuvo una contribución más baja y menos prolongada al crecimiento, por lo cual este se resintió de un modo apreciable. Por último, el progreso más dinámico de la PTF desde 2003 fue determinante para afianzar y sostener la recuperación de la economía de la recesión de final del siglo pasado a lo largo de las dos últimas décadas.

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Por tanto, para aumentar la capacidad de crecimiento de la economía es fundamental generar las condiciones para elevar su productividad, agilizar la acumulación de capital y permitir un mayor empleo del trabajo formal. Sin embargo, el país arrastra varios lastres que le impiden mejorar su competitividad.

Un vistazo a los indicadores del Foro Económico Mundial muestra los principales obstáculos para lograrlo. Quizás el principal sea la mala calidad de las instituciones, que están entre las peores del planeta (en el puesto 123 entre 138). Por desgracia, en Colombia las instituciones públicas están corroídas por la inmoralidad, que genera desviaciones de los fondos y admite sobornos. Al mismo tiempo, el tráfico de influencias permea al sistema judicial y desequilibra las decisiones de los funcionarios del Estado. Además, la ineficiencia del sector público dilapida los recursos, entorpece la iniciativa privada con una alta carga regulatoria y no provee un marco legal eficiente para la solución de los conflictos.

Otra gruesa talanquera es la baja capacidad de innovación, determinada por la mala calidad de sus establecimientos de investigación, el bajo gasto en investigación y desarrollo, la poca colaboración entre las universidades y la industria, junto con la escasa disponibilidad de científicos e ingenieros.

La deficiente calidad de la infraestructura, sobre todo de transporte, es un obstáculo adicional. El cambio en la institucionalidad introdujo los incentivos para lograr una participación privada más eficaz y menos costosa, bajo el esquema de las concesiones de cuarta generación (4G). Sin embargo, está por verse el impacto que casos como el de Odebrecht tenga en el desarrollo del sector, en momentos de cierres financieros para la segunda ola de 4G y algunas alianzas público-privadas.

La ineficiencia de los mercados de bienes tampoco es propicia, como efecto de la falta de competencia. Las autoridades empezaron hace poco a combatirla en algunos sectores, pero la tarea será prolongada.

De manera similar, la ineficiencia del mercado laboral, como efecto de las rigideces introducidas por el salario mínimo y los costos laborales no salariales, no es favorable porque incentiva la informalidad. La disminución de las cargas parafiscales fue un paso audaz en la dirección correcta, pero requiere continuidad.

La predisposición deficiente para adoptar tecnología avanzada tampoco ayuda a mejorar la competitividad.

Esta no resulta favorecida por la mala calidad de la educación y la deficiente formación en el trabajo, que entorpecen la acumulación de capital humano e impiden mejorar su productividad y la remuneración del trabajo.

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Por último, a pesar de su profundización notable durante la última década, el desarrollo de los mercados financieros es todavía insuficiente, porque proveen escaso capital de riesgo y el acceso a ellos todavía es estrecho.

De esta manera, para agilizar el crecimiento de la economía colombiana se requiere, por una parte, cerrar la brecha del producto con base en una cuidadosa combinación de las políticas fiscal y monetaria que estimule la demanda interna sin arriesgar la estabilidad macroeconómica. Por otra parte, se precisa también aumentar la capacidad de expansión de la actividad económica, por medio de la remoción de las trabas estructurales para mejorar la competitividad, de manera que se facilite un incremento sostenido de la productividad.

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