| 1/23/2014 10:00:00 AM

La chequera de las Farc

La discusión en la mesa de negociación sobre lavado de activos y narcotráfico es clave para saber qué ha pasado con los millonarios recursos de la guerrilla y cuál es el real interés por llevar a Cuba a ‘Simón Trinidad’ y a ‘Sonia’.

Los negociadores de las Farc en La Habana buscan que la presencia de ‘Simón Trinidad’ en la mesa del diálogo deje de estar representada con un dummy y se convierta en física y real. Por eso, al empezar el debate sobre uno de los puntos más críticos de la agenda, el del narcotráfico, sus voceros insisten en que la mayor contribución que Estados Unidos podría hacer al proceso de paz sería poner en libertad al jefe guerrillero de la celda subterránea que hoy ocupa –y donde solo puede tomar unos pocos minutos de sol a la semana–, y extenderle un tiquete con destino a Cuba.

¿Por qué el creciente interés de la guerrilla en la excarcelación de ‘Trinidad’, un hombre que en realidad nunca jugó un rol de altísimo nivel en los terrenos militar, estratégico o ideológico? De acuerdo con varios analistas consultados, la verdadera importancia de este hombre radica en que es uno de los mayores depositarios de los secretos financieros del movimiento armado.

Banquero antes que guerrillero, Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda –ese es su nombre de pila– trabajó durante no menos de 17 años en la aplicación del modelo de presupuesto y financiero del movimiento armado y tomó las decisiones de mayor importancia en materia de inversión de recursos provenientes del narcotráfico, secuestros y otras labores paralelas a la actividad insurgente en Colombia y en el exterior.

Según oficiales de los servicios de inteligencia militar, la selección de testaferros de mayor nivel pasaba la mayoría de las veces por su cedazo, lo mismo que los cálculos de rentabilidad. No en vano en la época de la zona de despeje del Caguán fue él uno de los interlocutores de Richard Grasso, el entonces presidente de la Bolsa de Nueva York.

Por una razón similar, las Farc pretenden la liberación de ‘Sonia’, también recluida en una cárcel de Estados Unidos. Ella nunca tuvo un rango militar relevante, pero estaba a cargo de la contabilidad del comercio del narcotráfico en Remolinos del Caguán, Caquetá, epicentro de esta actividad.

La posibilidad de que ‘Trinidad’ o ‘Sonia’ –o ambos– decidieran proveer información a Estados Unidos a cambio de beneficios judiciales no deja de inquietar a la guerrilla. La razón simple es que, en el evento de la desmovilización del movimiento armado, la reparación de sus víctimas jugará un papel sustancial en la entrada de la era del posconflicto. El modelo de justicia transicional por el que aboga la administración Santos así lo exige.

Es improbable que las Farc busquen exclusivamente un espacio en los escenarios políticos. Sus jefes querrán disponer de la mayor parte del dinero que han acumulado, pues por lo visto hasta ahora no conciben una desmovilización amparada exclusivamente por la mano tutelar del Estado. Una de las preguntas que en algún momento deberá hacerse el país es ¿dónde están esos recursos?

De acuerdo con el experto Daniel Mejía, director del Centro de Estudios Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, el negocio de narcotráfico de las Farc vale entre 4,5% y 7,5% del PIB y podría representarles anualmente una utilidad neta de $1,5 billones (ver recuadro).

Las finanzas pesan tanto o más que el hecho de que, como lo explica María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, la gran base social de las Farc esté en los cultivos ilícitos, pues en sus zonas de influencia cerca de 120.000 familias tienen como fuente de sustento la siembra de coca.

Ocultar ese dinero supone, en su mayor medida, lavarlo. Dinero averiguó hasta dónde ha podido llegar el Estado para descorrer el velo de los secretos que cubre esta actividad. Danny Quintana, jefe de la Unidad de Lavado de Activos de la Fiscalía, dijo que las acciones de extinción de dominio –que establecen la identificación previa de testaferros– se limitan por razones operativas a los delitos de rebelión, sedición, extorsión y terrorismo.

El resultado más relevante obtenido durante el último año por los fiscales de la Unidad fue la extinción de dominio sobre $242,6 millones, US$135.300 y 17.500 euros, dineros de los cuales se incautaron las tropas del Ejército que el 4 de noviembre de 2011 abatieron en combate a Alfonso Cano, jefe de las Farc.

En febrero próximo se emprenderá un proceso similar en relación con numerosos bienes, no cuantificados todavía, que se hallaban bajo el control del también desaparecido jefe guerrillero Jorge Briceño (alias ‘El Mono Jojoy’).

La información con la que se cuenta es limitada y procede en su mayoría de informes de inteligencia militar según los cuales enlaces de la guerrilla manejan, por ejemplo, algunas empresas de cabotaje en Venezuela, donde la maquinaria financiera es lubricada con recursos derivados del narcotráfico y contrabando de ganado. Según la Federación Nacional de Ganaderos, de los US$18.000 millones que la guerrilla mueve anualmente, US$450 millones se lavan en este sector, en el que la informalidad no favorece la detección del ilícito por parte de autoridades fiscales.

¿Permitirán las Farc que al cabo del proceso su chequera sea tocada? Eso solo podrían decidirlo por ahora los negociadores, con o sin ‘Simón Trinidad’.


Narcotráfico y finanzas

Daniel Mejía, director del Centro de Estudios de Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, considera que si se toma a las Farc como una empresa de narcotráfico, y si se tiene en cuenta que una empresa vale por el flujo futuro de sus ganancias traídas a valor presente, el negocio vale entre el 4,5% y 7,5 % del PIB. Ese cálculo resulta del valor que las Farc reciben al año: US$1.500 millones de utilidad neta por concepto de narcotráfico.

“Si el negocio del narcotráfico de las Farc –explica– sobrevive diez años y uno lo trae a valor presente, a una tasa de 2% anual, eso da 4,5 del PIB (US$16.000 millones) y si sobrevive 20 años, daría 7,5 del PIB”.

Y concluye: “En blanco y negro, si las Farc se sientan a la mesa de negociación pensando que lo que les tienen que dar es el valor de su negocio, arrancamos mal porque el país no les puede pagar eso. La pregunta es en qué términos lo van a pedir y eso se valora de diferentes formas y con referentes comparativos: ¿Cuánto vale una silla en el Congreso para ellos? ¿Cuánto vale la nacionalización de los hidrocarburos? ¿Cuánto vale la estatización del sistema de salud? Ese es el techo de lo que podrían pedir”.
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