| 10/10/2012 6:00:00 PM

Los Dimopoulos

Dinero acompañó a una familia que dejó Grecia en medio de una de las peores crisis de su historia y se vino a vivir a Colombia. Crónica de una debacle en euros.

No más calefacción para las piscinas públicas. Este anuncio aparentemente superficial y no tan dramático como los recortes a la nómina estatal o el incremento de los impuestos, fue el primer campanazo de alerta que tuvo Camila Serrano de una crisis que entró por Atenas y poco a poco se fue esparciendo por toda Grecia.

En este país, de tan solo 9,5 millones de habitantes, el deporte es vital: la mayoría de los niños lo practica de forma casi profesional. Y la hija mayor de Camila no era la excepción, pues era la segunda en su categoría –tiene 10 años– a nivel nacional y no dejaba de practicar la natación ni siquiera durante el invierno. Pero, al no tener calefacción en la piscina, su amor por este deporte se vio frustrado.

Aunque suene paradójico para un país declarado en bancarrota, antes del tema de la piscina, Camila y su familia no habían sentido el rigor de una crisis que se fue colando por todas las ciudades griegas hasta llegar a Kavala, una ciudad costera al noreste del país, a donde en el año 2000 llegó a vivir junto con su esposo Dimitris Dimopoulos, a quien conoció cuando estudiaba administración de empresas en Estados Unidos.

La decisión de escoger entre Colombia y Grecia para formar su hogar no fue difícil, pues hace 12 años la crisis estaba acá y el país vivía su primera contracción económica en décadas. Así pues, llegaron a trabajar a Grecia ayudados por la familia de Dimitris. Él en una multinacional y ella como profesora de español.

Rápidamente dieron el salto hacia la independencia, que les permitió abrir tres tiendas de accesorios y servicios de telecomunicaciones. Les fue tan bien que lograron hacerse a una casa grande, lo que en Grecia es literalmente un lujo pues en muchas regiones no hay más tierra para construir y, además, tienen su propio bote.

Mientras los Dimopoulos crecieron económicamente, su familia también: tienen dos niñas más, hoy de 6 y 2 años. Estar en el negocio de las telecomunicaciones les permitió blindarse un poco frente a la crisis, y mientras otras industrias veían caer sus ingresos a tasas superiores a 50%, los de ellos bajaban 18%.

“Nosotros no estábamos mal económicamente y además teníamos el trabajo ideal pues éramos nuestros propios jefes y estábamos juntos todo el día; pero nos llegó una propuesta para abrir en Colombia la sucursal de una empresa de aceite de oliva y eso nos puso a pensar en la idea de venirnos”, comenta Dimitris.

Mientras evaluaban esa propuesta, las cosas a su alrededor se iban complicando. Primero con los impuestos, que subían casi a diario, luego los servicios públicos y, en especial, la calefacción, que es vital en invierno. “Nuestra casa requiere de unos 2.500 kilos de gas (así se mide en Grecia) para calentarla, hace poco por cada kilo pagábamos entre 42 y 45 centavos de euro, el invierno pasado cada kilo nos costó 1,45 euros”.

La mala imagen

Camila y Dimitris se lamentan de que en Colombia lo poco que se conoce de Grecia sea la imagen de un país devastado por la debacle económica y que está a punto de dejar el euro, por culpa de personas supuestamente perezosas, que prefieren la buena vida a trabajar.

“No sé exactamente de quién es la culpa, asumo que de los malos gobiernos que se dejaron deslumbrar con la riqueza que se vivió durante los primeros años con el euro, pero los griegos son muy trabajadores y como ha sido un pueblo que históricamente ha sufrido muchas crisis, saben vivir en los tiempos malos y no por eso dejan de salir a las calles o de ir a restaurantes”, dice Camila, mientras su esposo compara el desconocimiento de los colombianos con Grecia, con el de sus paisanos sobre Colombia, dado que muchos, al conocer su decisión de instalarse aquí, los tildaron de locos, pensando que literalmente se iban a “vivir a la selva”.

Y aunque el estereotipo de país en serios problemas tiene algo de cierto para Colombia, lo cierto es que con todo y crisis, Grecia sigue siendo un país seguro. “No hay robos ni violencia, las puertas se pueden dejar abiertas con tranquilidad, solo ahora en Atenas se están empezando a presentar atracos, pero más impulsados por el alto desempleo”, comenta Camila, mientras asegura con nostalgia que para ella Grecia es el mejor vividero.

En diciembre pasado, luego de hacer muchas sumas y restas y ante la tristeza de su familia griega y la alegría de los papás de Camila, tomaron la decisión. “Nos decidimos por las niñas, porque sentimos que por ahora no se ve luz al final del túnel. Sin duda, Grecia se va a recuperar, pero la caída ha sido tan grande que volver a progresar va a tomar unos 20 años y en ese tiempo nosotros ya tenemos que haberlas sacado adelante”, asegura Dimitris.

El trasteo


Una vez decididos, tenían que esperar a que las niñas terminaran el año escolar y votar en unas decisivas elecciones de junio, para asegurar la permanencia de un gobierno pro euro, que mantuviera las medidas necesarias para sanear el país.

Luego pusieron las cosas a la venta, pero no lo lograron. Antes de la crisis, los bancos prestaban para todo, hasta para un bautizo, pero hoy el crédito está cerrado y, aunque tenían compradores interesados, no contaban con el dinero suficiente para pagarles la casa, ni en arriendo. Así que, por ahora, su vivienda en Grecia está desocupada.

Como los celulares siguen siendo un producto de primera necesidad, optaron por mantener las tiendas con un administrador y eso les asegura unos ingresos mientras arrancan en Colombia. No obstante, a diferencia de muchos de sus amigos y vecinos que sacan sus ahorros para mandarlos a cuentas en Suiza o para comprar monedas de oro –que son acuñadas en Inglaterra–, están estudiando la mejor manera de traer el dinero a Colombia.

Luego vino el papeleo, sacar nacionalidad colombiana y estrenar el segundo apellido, que no se usa en Grecia. Un viaje de 28 horas –pues no hay vuelos directos–, y el recibimiento de su familia fueron el comienzo para refundar su hogar. La ventaja es que inmediatamente consiguieron una piscina para que su niña siga sumergida en su pasión.

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