| 12/15/2016 12:00:00 AM

Lo bueno, lo malo y lo feo de la tributaria

Todo indica que la reforma tributaria va a pasar en el Congreso de la República y se convertirá en ley a partir del primero de enero de 2017. Con lo aprobado hasta ahora, ¿cuál es el balance que se puede hacer sobre la nueva y controvertida norma?

Al momento del cierre de esta edición las plenarias de Senado y Cámara de Representantes se disponían a darle discusión al proyecto de reforma tributaria. Si todo sale igual que en el debate de las comisiones económicas, el país tendrá listo un nuevo ajuste al estatuto de impuestos.

¿Cuál es el balance de esta norma que ha generado un enorme debate no solo entre los expertos sino entre todos los colombianos, para quienes los cambios en los impuestos representan una sobrecarga para los balances de los hogares y las empresas? Esta es una mirada a lo bueno, lo malo y lo feo de la reforma.

Lo bueno

A pesar de que no se va a recaudar lo que el Gobierno esperaba, la reforma contribuye a cerrar la brecha fiscal, que era la principal amenaza sobre las finanzas públicas. Según el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, el próximo año las nuevas normas tributarias le van a representar al fisco $6,2 billones, cuando lo que se esperaba inicialmente eran $7,2 billones.

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Evidentemente, la mayor parte del nuevo recaudo provendrá del incremento en la tasa del IVA de 16% a 19%, pues por cada punto adicional se espera recaudar cerca de $2,5 billones. Esto significa que solo por cuenta este este rubro las arcas del Estado podrían recibir $7,5 billones. La noticia contribuye a generar mejor ambiente entre las agencias calificadoras que habían condicionado la calificación de la deuda soberana colombiana a que fuera aprobada una reforma tributaria cuyo componente principal fuera el IVA. Una posible reducción en la calificación podría aumentar dramáticamente el costo de la deuda colombiana, tanto pública como privada; en ese escenario, el impacto para todos los agentes sería mucho más gravoso que cualquier aumento a los impuestos.

En este contexto, la reforma tributaria es un seguro que el país compra para impedir una recesión.

Lo malo

Son varios los aspectos que se pueden incluir en este frente. Primero, claramente la reforma se apoya en un impuesto regresivo, el IVA, porque grava por igual a todos los contribuyentes, sin tener en consideración su capacidad de pago.

El Congreso cedió en la pelea por el impuesto a las bebidas azucaradas; los argumentos de quienes atacaban esta iniciativa no eran técnicos: se referían a que este tipo de líquidos hace parte de la canasta básica familiar y que sería necesario gravar todos los demás alimentos que produjeran afectación a la salud de las personas. Lo que la mayoría de colombianos asumió es que en el caso particular de las bebidas azucaradas ganó el lobby de los grandes ingenios azucareros y de las compañías productoras de bebidas azucaradas y no la sindéresis sobre la necesidad de empezar a implementar medidas tributarias que, además de ayudar a aumentar el recaudo, contribuyan a mejorar las condiciones de salud de la población.

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Otro caso parecido al anterior es el de las exenciones en renta para los constructores de VIS. El argumento sobre el impacto en los precios para este tipo de construcción parece convincente. Pero de ser así, lo que debió ocurrir era utilizar el mayor recaudo por renta a fortalecer el programa de subsidios directos, con lo que se favorecía a las clases que acceden a este tipo de vivienda. En este caso primó el criterio de que con el estatuto tributario se hace política sectorial específica, lo que ha sido un error tradicional en la legislación sobre los impuestos en el país.

El otro aspecto es que esta reforma tributaria va a impactar todo el aparato productivo: las empresas, los asalariados y los rentistas de capital. Por eso es posible que el otro año se sienta el golpe, como una mayor inflación y cambios en los hábitos de consumo e inversión entre los agentes, lo que va a terminar afectando los resultados económicos.

Lo feo

Las empresas se quedaron con el pecado y sin el género. Para la mayoría de colombianos quedó la impresión de que esta ley modificó a la baja los impuestos a la renta en las personas jurídicas. Pero como lo ha dicho el propio presidente de la Andi, Bruce Mac Master, esa impresión es equívoca.

Primero, durante los próximos dos años habrá una sobretasa en renta que deja la carga impositiva total en cerca del 40% de las utilidades. A esto se le suma que la tarifa en renta no va a bajar a 32%, como lo propuso el Gobierno, sino a 33%. Adicionalmente está el impuesto a los dividendos, que para las personas naturales accionistas de las empresas va a hacer más alto el nivel de tributación.

Finalmente, otro aspecto va a hacer más gravoso el impuesto de renta para las compañías: los cambios a la base gravable, pues en la mayoría de los casos, por cuenta de la aplicación de las nuevas normas tributarias internacionales (Niif), va a aumentar. Así, no solo se mantiene una tarifa alta, sino que la base gravable crece.

Así mismo, aunque es claro que este proyecto fortalece las finanzas públicas, Colombia mantiene una vulnerabilidad externa evidente. Algunos cambios que buscaban mayor formalización, como la reducción del umbral en el que se empezaba a declarar renta, eran la condición básica para lograr mayores recaudos futuros; al quedar por fuera, el Gobierno debe mirar de nuevo las cifras para verificar si esos recaudos por formalización se van a hacer efectivos a partir de 2022. En ese contexto, nadie puede dar por descartado que, en 2018, el nuevo gobierno se vea obligado a presentar otra reforma.

El asunto es que la caída en los ingresos petroleros no ha podido ser compensada por ningún otro sector exportador; así, en el momento en el que los flujos de capital extranjero sufran un revés drástico, el país podría seguir presentando enormes dificultades.

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