| 12/18/2014 5:00:00 PM

Keynes or not Keynes

A pesar de ser criticado en diferentes momentos de la historia y de escribir sus principales contribuciones hace casi ocho décadas, el legado de este economista británico sigue vigente y está en el centro de la discusión.

En la segunda mitad del siglo XIX, Mark Twain escribía irónicamente: “los rumores sobre mi deceso han sido enormemente exagerados”, cuando le contaron que varios periódicos anunciaban su fallecimiento. Lo mismo podría haber dicho el economista británico John Maynard Keynes sobre su interpretación de cómo funciona la economía, o lo que más comúnmente se ha llamado el keynesianismo.

Basado en su clásico de 1936 Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, el keynesianismo se convirtió en una verdadera revolución en el pensamiento económico. El libro abogaba por políticas económicas activas por parte del gobierno para estimular la demanda en tiempos de elevado desempleo; por ejemplo, a través de gastos en obras públicas. El argumento clave en el pensamiento keynesiano es que ante una economía debilitada por la baja demanda (por ejemplo, en una depresión), donde hay un problema desencadenante (dificultad en conseguir una economía que crezca vigorosamente), el gobierno, genéricamente el sector público, puede incrementar la demanda agregada aumentando sus gastos (aunque se incurra en déficit público), sin que se incremente la tasa de interés lo suficiente como para minar la eficacia de esta política.

La teoría de Keynes pasó a dominar las escuelas de economía de la postguerra hasta comienzos de los años 70. Durante esos años, los shocks petroleros propiciaron una situación en la que el estancamiento económico y la inflación generaron inconvenientes; lo que, combinado con la revolución de las expectativas racionales en la economía, fue un ataque demoledor a la práctica y a las bases teóricas del keynesianismo. Y, en efecto, durante más de tres décadas este cayó en desgracia.

En una reciente columna en The New York Review of Books, el economista de la Universidad de Princeton y exmiembro de la Junta del Banco Federal de Reserva, Alan Blinder, escribió una reseña del libro ¿Qué pasa con la Macroeconomía?, de Jeff Madrick. Blinder observa cómo en este libro se describe una separación entre la economía práctica y la teórica-académica en los últimos cuarenta años. Mientras la economía teórica retoma los conceptos de la revolución de las expectativas racionales, la cual se opuso a la keynesiana y produjo un número importante de premios nobel de economía como Lucas, Sargent y Simms, en la práctica, la mayoría de los economistas en ejercicio creen que los estímulos keynesianos han funcionado en la vida real.

Una encuesta realizada en julio de este año encontró que 80% de los economistas creían que sin el paquete de estímulo keynesiano, denominado el American Recovery and Reinvestment Act of 2009, la tasa de desempleo de 2010 habría sido mayor.

Como ejemplo de esta división, Blinder cita al profesor de economía John Cochrane, también de la Universidad de Chicago, quien en 2009 escribió que la economía keynesiana “no es parte de lo que se ha enseñado a estudiantes graduados desde la década de 1960. [Ideas keynesianas] son los cuentos de hadas que han resultado falsos”. Blinder observa que “la primera afirmación es demostrablemente falsa y la segunda es absurda. La gente puede y discute sobre los puntos de vista macroeconómicos asociados con la llamada escuela de Chicago, pero está claro que sus opiniones están lejos de la corriente principal”.

Esta última afirmación concuerda con la del premio Nobel de economía Paul Krugman, quien en 2009 concluyó que Cochrane había afirmado también que la economía keynesiana estaba errada y que también era un cuento de hadas.

Pero Krugman ha ido más allá. Ha argumentado que los anti-keynesianos ignoran la evidencia empírica y se ciñen a una visión altamente ideologizada de la economía. En un artículo publicado en el New York Times, titulado Keynes está ganando lentamente, Krugman argumenta que, después de seis años, “es cada vez más difícil no darse cuenta de que los anti-keynesianos han estado equivocados en todo, la situación deflacionaria de Europa hace que sea aún más difícil de negar la realidad de la trampa de la liquidez económica”.

En efecto, en muchos casos Krugman contrasta el caso de Estados Unidos, donde se dio una gran expansión discrecional keynesiana, tanto monetaria como fiscal, y el de Japón, que también siguió ese modelo, con el ajuste adoptado en Europa que pregonaba que la expansión económica se realizaría a través de un gran plan de austeridad.

La respuesta a Krugman no dio espera. Al día siguiente, otro economista, Tyler Cowen, escribió la réplica con el sugestivo título Keynes está lentamente perdiendo. Menciona 15 citas de por qué la teoría de Keynes está siendo revaluada, entre las que se destacan la rápida recuperación de Irlanda y de los países Bálticos, la preponderancia en Europa del Banco Central Europeo y la reducción del estímulo fiscal discrecional. Cowen termina afirmando que estas políticas no demuestran que Keynes estuviera equivocado, sino que simplemente es menos relevante.

Sin lugar a dudas, Paul Krugman, Larry Summers y ahora Stanley Fischer han sido los más feroces defensores de aumentar la demanda agregada a través de un aumento discrecional del gasto fiscal y del balance del Banco Federal de Reserva.

Pero Cochrane no cree en un distanciamiento tan grande entre los keynesianos actuales y los neoclásicos y afirma: “Si miramos… por ejemplo, en las actas del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (Fomc, por su sigla en inglés)... se observa una muy sofisticada interacción entre las ideas de la moderna investigación económica y la praxis de la economía política. Las actas del Fomc y discursos de los miembros del Consejo (fáciles de encontrar en el sitio web de la FED) son una gran fuente. El Fomc le parecería a un extraño como el club de debate más sofisticado del mundo sobre temas de macroeconomía moderna. En muchas de las líneas divisorias entre la tradicional economía keynesiana y la moderna, la discusión política es decididamente moderna (neo-clásica)… Si miramos debajo del nivel político, por ejemplo en las actas del Fomc, la FED y el FMI y qué investigaciones están preparando, se vislumbra una interacción permanente entre la investigación económica moderna y la política que se está implementando”.

Finalmente, Cochrane afirma que las ideas keynesianas han sido retomadas en los últimos años en las discusiones, y así han sido enriquecidas con marcos conceptuales como el de “expectativas” o el de “reglas sobre discreción”, algunos de los conceptos que más se utilizaron para “sepultar” al keynesianismo en las últimas décadas. Esta pelea va para largo. Krugman y sus seguidores parecen cada día más envalentonados por los resultados de sus políticas, mientras los neoclásicos están a la defensiva esperando a que los keynesianos se equivoquen en sus proyecciones.

Para algunos Keynes está vivo, para otros perdió vigencia, pero siempre está en el centro del debate. Como el mismo Keynes lo previó en la introducción a su Teoría General, “a veces los hombres y las sociedades estamos presos de ideas concebidas por economistas fallecidos hace mucho”.
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