| 2/4/2016 12:00:00 AM

Empresas, afectadas por la disminución del mercado de deuda privada

El mercado de deuda privada, que les permite a las empresas endeudarse más barato que con la banca, se está achicando por falta de demanda y baja liquidez. Gremios financieros quieren reactivarlo.

Colombia se precia de tener unos de los mercados de deuda pública más desarrollados de América Latina, con negociaciones diarias de $4 billones, una fuerte presencia de inversionistas extranjeros y gran liquidez. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la deuda privada, la que emiten las empresas para financiarse. Con ella apenas si se transan $100.000 millones al día.

Esto pese a que a las compañías les puede salir más barato conseguir recursos a través del mercado de valores que con los bancos.

Son muy pocas las empresas que pueden sacarle provecho a este sistema de financiación, aunque la deuda privada venía creciendo progresivamente hasta 2013, cuando las emisiones alcanzaron los $13 billones, luego empezó a retroceder, al punto que el año pasado solo se emitieron $5 billones.

Carlos Alberto Sánchez, gerente de renta fija de Credicorp, explica que esa caída fue producto de varios factores, entre los que se destaca el alza en las tasas de interés del Emisor y la fuerte competencia entre el mercado de capitales y el sistema bancario como fuente de financiación de largo plazo para las empresas. “Los márgenes de intermediación del sector financiero son altos, con fuentes estables de fondeo (incluido el mismo mercado de capitales), lo que les permite a los bancos ser agresivos como prestamistas de largo plazo y competidores del mercado de capitales. El resultado es que las empresas prefieran el crédito bancario que emitir bonos en el mercado de valores”, aclara.

Paradójicamente, los bancos son uno de los sectores que más se beneficia de la bolsa para conseguir recursos baratos mediante la emisión de bonos. Es más, mientras que las empresas del sector real deben cumplir con infinidad de requisitos antes de poder vender sus papeles de deuda, los bancos tienen una figura de suscripción automática que les permite emitir deuda sin tanto filtro.

Además, muchos de los Certificados de Depósito a Término (CDT) que venden los bancos a sus ahorradores se transan en bolsa, lo que se convierte en una competencia adicional para los bonos de las empresas. Tan solo en diciembre pasado se negociaron $15 billones en TES, $1,17 billones en CDT y solo $330.000 millones en bonos privados.

En otras palabras, a los bancos les gusta el mercado de deuda pública para así conseguir recursos, pero no para que sus clientes vayan allá a financiarse.

Menos agentes

Luis Fernando García Echeverri, gerente de deuda corporativa de Corficolombiana, dice que el debilitamiento de la deuda privada también obedece a una reducción de los agentes que participan en dicho mercado. “En los últimos 10 años se redujo el número de bancos, fiduciarias, aseguradoras, comisionistas de bolsa, corporaciones financieras y fondos de pensiones que operan en el país. Así se pasó de 158 agentes, de los cuales 62 eran activos en deuda privada, a 139 agentes, entre los que solo 23 siguen transando con ese activo”, precisa, y agrega que el menor número de agentes es el resultado de la consolidación que han vivido las diferentes industrias financieras. Por ejemplo, hace una década había más de 40 comisionistas y hoy son 22, y de seis fondos de pensiones se pasó a cuatro.

El problema es que se crearon entidades más grandes, pero se mantuvieron los cupos de inversión en deuda privada, pues no por ser de mayor tamaño les permitieron poner más recursos en este tipo de activos. Esto afectó la demanda “y cuando se reducen los agentes se afecta la formación de expectativas y también la de precios”, subraya García Echeverri.

El ideal es que en el país convivan la oferta de crédito bancario y la del mercado de capitales, pues es parte del desarrollo y es una necesidad de cara a las nuevas exigencias de financiación para las vías 4G, que probablemente consumirán una buena parte de los recursos disponibles de la banca.

Además, frente a los vecinos, el país resulta mal parado en este aspecto. El saldo de las emisiones de deuda privada como porcentaje del PIB es de 7%, mientras que en Chile es de 40% y en Brasil de 30%.

Solo buena nota

Otro de los graves problemas que tiene la deuda privada para desarrollarse es que los inversionistas del país tienen una alta aversión al riesgo y solo ponen sus recursos en activos que tienen calificación AAA o AA+, las notas más altas que asignan las calificadoras de riesgo. Como todas las empresas no pueden obtener esa calificación, muchas que están interesadas en emitir se quedan con las ganas, pues no hay quién les compre.

Ese mercado de bonos con menor calificación se conoce como high yield, pues son bonos que al ser más riesgosos ofrecen mayores rendimientos. Los extranjeros son más propensos a comprar este tipo de activos, pero no adquieren deuda privada porque el mercado no es líquido y porque está la competencia de los TES.

Esta situación llevó a los gremios financieros Asobancaria, Asobolsa, Asofiduciarias, Asofondos y Fasecolda, junto con la Bolsa de Valores, a trabajar en conjunto para desarrollar una hoja de ruta que permita reactivar y mejorar el mercado de deuda privada, lo que no solo beneficia a las empresas sino a ellos como intermediarios.

Crearon un grupo denominado Visionarios de Deuda Privada y este preparó una serie de recomendaciones que presentarán a los reguladores (Ministerio de Hacienda y Superintendencia Financiera) para hacer los ajustes necesarios que permitan desarrollar este mecanismo de financiación.

Entre otras cosas proponen revisar la cadena de costos para emisiones, incluyendo las tarifas de inscripción y mantenimiento en la Superfinanciera; facilitar los procesos y reducir los tiempos necesarios para la aprobación de emisiones; así como eliminar el límite máximo de participación de fondos de pensiones en una emisión y revisar el régimen de inversión de los fondos de pensiones públicos – Fonpet–, con el fin de incluir la deuda privada como un activo elegible.

Existe el estereotipo de que la bolsa y los recursos que allí se invierten son solo para unos pocos que le pueden sacar provecho. Para cambiar esa imagen es necesario que cada vez más colombianos la puedan usar, pues ahora que las acciones no pasan por un buen momento, la deuda privada es una alternativa.

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