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Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi.

| 9/26/2012 6:00:00 PM

La paz de Villegas

Representar a los empresarios en la mesa de negociación con las Farc no será fácil para el presidente de la Andi. Habrá muchos conflictos en el medio.

A Luis Carlos Villegas le ha tocado sufrir la guerra. En 2000, su hija Juliana fue secuestrada, justo en medio de las conversaciones de “paz” entre el gobierno Pastrana y las Farc. El plagio duró tres meses. Por eso Villegas tiene autoridad moral para participar en este nuevo proceso al que acude, sin lugar a dudas, entusiasmado y lleno de ilusiones.

Obviamente no se trata de un reto menor: convencer a uno de los grupos guerrilleros más antiguos del planeta de abandonar la lucha armada, luego de casi 50 años de conflicto. Pero la disyuntiva para Villegas es más compleja porque no sólo tiene que contribuir con lograr acuerdos en La Habana, sino mantener agitadas las banderas del desarrollo industrial y empresarial en Colombia, justo en momentos decisivos para el aparato productivo nacional.

Y aquí es donde se complica el asunto y donde el curtido dirigente empresarial tendrá que mostrar todas sus dotes. Entre los industriales hay una enorme preocupación por el nuevo modelo de desarrollo que ha emprendido el país, fundamentado en tratados de libre comercio.

La revaluación y la entrada en vigencia de varios acuerdos, como el TLC con Estados Unidos, han puesto a más de un industrial a pensar sobre el futuro de su actividad. En el sector metalmecánico, por ejemplo, las quejas son cada vez más reiteradas y señalan que en muchos casos es mejor dedicarse a importar que producir acá. Las ensambladoras han tenido las mismas dificultades.

Las amenazas contra el aparato productivo nacional son más evidentes. Por eso, cada vez más empresarios, en conversaciones privadas se muestran confundidos acerca del rol de la Andi. Para nadie es un secreto que el gremio más representativo del país es hoy muy diferente al de hace una década. Entonces, realmente sólo representaba a industriales y por eso Villegas podía actuar con mayor independencia.

Pero hoy la Andi ni siquiera es el gremio industrial; es la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia y en ese gremio están desde comerciantes, hasta empresas mineras, de asuntos legales y laboratorios farmacéuticos. Prácticamente todo el espectro de la economía nacional está representado en la Andi. Y, por eso, las tensiones son cotidianas, pues lo que beneficia a unos no necesariamente les sirve a otros, a quienes incluso los afecta.

Por eso, vale la pena preguntarse cuál va a ser la posición de Villegas frente a temas como la política arancelaria, el aumento de los impuestos o del salario mínimo, todos ellos temas sensibles para el empresariado que representa. Nuevamente, las tensiones van a quedar en evidencia prontamente, cuando se empiecen a tratar temas específicos en la mesa de negociación.

De hecho, la designación de Villegas como negociador implicó su renuncia a la presidencia del Consejo Nacional, en el que llevaba años. El Consejo es una instancia supragremial donde tienen representación la SAC, Fenalco, Fedegán y otras asociaciones empresariales del país. Es claro que el debate de la paz podría generar tensiones en esa alta instancia empresarial.

Claramente hoy el reto de Villegas es cumplir con éxito su doble rol: la militancia justificada por la paz, a la que le viene apostando desde hace muchos años, y mantener izadas las banderas a favor de la producción nacional. Una tarea que le exige de mucha industria e ingenio.

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