Revista Dinero

Luis Carlos Sarmiento G., presidente Grupo Aval.

| 9/13/2012 10:40:00 AM

La mano al dril

Luis Carlos Sarmiento, el Sindicato Antioqueño, el Grupo Social y todos los dueños de bancos del país tendrán que meterle plata a sus instituciones financieras.

Con la nueva regulación de solvencia expedida por la Superintendencia Financiera y el Ministerio de Hacienda en agosto, los accionistas y dueños de los 23 bancos, 22 compañías de financiamiento y 4 corporaciones financieras que existen hoy en el país tendrán que meterse “la mano al dril” para capitalizar sus entidades.

Según cálculos de Asobancaria, los bancos deben adicionar recursos por unos $300.000 millones con el fin de cumplir los nuevos estándares mínimos de solvencia, poco si se considera que su patrimonio actual asciende a $49,2 billones.

También es baja esa cifra con relación a lo que se requiere en otras partes del mundo. La Reserva Federal de Estados Unidos calculó que los bancos estadounidenses necesitan alrededor de US$60.000 millones, un aumento de 7,6% del capital actual para lo cual las entidades tendrán plazo hasta 2019; mientras la Autoridad Bancaria Europea (EBA) estableció que el capital faltante de la banca en esa región para el cumplimiento de los nuevos estándares era de 61.000 millones de euros.

Por esto, la mayoría de analistas considera que el sector financiero no tendrá mayores problemas en ponerse a tono con los nuevos estándares a través de una capitalización de utilidades, pasando reservas al patrimonio o con emisiones de acciones.

“En estos momentos los bancos tienen suficientes recursos para constituir colchones preventivos y aguantar crisis financieras que vengan del exterior, dado el buen momento que atraviesan”, afirma Orlando Forero, presidente del Banco Finandina. De hecho, las utilidades del primer semestre alcanzaron los $3,9 billones.

Sin embargo, si los establecimientos de crédito quieren mantener el nivel de solvencia en los niveles actuales, de alrededor de 14%, deberán incrementar su capital en $5,9 billones, lo cual podría tener efectos no solo en la capacidad de crecimiento de la cartera en el corto y mediano plazo sino también en el apetito de las mismas acciones financieras (pues habría una menor repartición de dividendos).

Más exigencias

La migración hacia estándares internacionales era ampliamente esperada por el mercado. La medida (decreto 1771 de 2012) mantiene la relación entre el capital y los activos en 9%, pero introduce una solvencia ‘básica’ de 4,5% que solo tiene en cuenta el capital más ‘puro’. Esto es, activos con mayor capacidad de absorción de pérdidas, por lo que no se consideran, por ejemplo, edificios que son ilíquidos en momentos de crisis o la totalidad de las reservas ocasionales.

La norma prevé un año de transición pero las entidades deberán entregar un plan de acción antes del 31 de enero de 2013.

Por esto, habrá que esperar para ver cómo planean las entidades aumentar sus niveles y la calidad de su capital; pues, dependiendo la forma en que lo hagan habrá cambios en la rentabilidad del negocio.

Además, no es el único factor que les implicará nuevas exigencias de capital hacia futuro. Los altos niveles de crecimiento de la cartera crediticia y el deterioro de su calidad, así como la adopción de normas internacionales de contabilidad IFRS y otras regulaciones globales –como Fatca–, significarán que los accionistas de la banca tendrán que meterle más capital a sus entidades.

Sin duda, una buena medida para enfrentar los probables impactos de una posible crisis internacional que tendrá efectos sobre el futuro del sector.
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