| 10/2/2013 6:00:00 PM

La mano de Dios

Con la caída en el precio del petróleo, al Gobierno se le apareció la Virgen y por eso pudo bajar el valor de la gasolina en octubre. La pregunta que sigue en el aire es cómo va a resolver el dilema en que lo metió la Corte Constitucional.

La decisión del presidente de la República, Juan Manuel Santos, de reducir en $136 el precio de la gasolina sonó como música para los oídos de muchos usuarios que siguen pensando que Colombia paga el combustible más caro de la región.

Esto le quita al primer mandatario, al menos por un mes, la presión social que se había generado en torno del tema. Sin lugar a dudas, las próximas encuestas mostrarán mejores índices de popularidad para el actual Gobierno.

Aunque algunos piensen que se trató de una decisión política, la verdad es que a la Administración Santos se le hizo el milagrito, pues justo cuando más presiones tenía sobre el cacareado tema del precio de la gasolina, la cotización internacional de los combustibles cayó y abrió espacio para una reducción en Colombia.

“En esto –la reducción del precio en octubre– no tuvo nada que ver la presión de la ciudadanía ni del Congreso. Como está ocurriendo desde hace años, el Gobierno simplemente aplicó la fórmula. Si hubieran tenido que subir el precio, claramente la única salida que habría tenido Santos era nuevamente subsidiar. Pero los precios han venido cayendo en el exterior”, explicó Julio César Vera, analista experto en temas de combustibles, y quien, como director de hidrocarburos durante el gobierno Uribe, fue uno de los responsables de la actual fórmula para calcular el precio de los combustibles.

La pregunta que se hace Vera, sin embargo, es por qué la actual forma de cálculo sí sirve para bajar el precio pero no para subirlo, como muchos se están quejando.

Esto pone en evidencia que la fórmula actual es útil para medirle el pulso real a los precios de este mercado. En Estados Unidos, la gasolina había tocado los US$4 el galón –cerca de $7.600–, por cuenta de problemas en varias refinerías a comienzos del año. Pero en las últimas semanas, la cotización se descolgó primero a US$3,47 ($6.593) y luego a US$3,38  ($6.422). Ese fue el ‘milagrito’ que le permitió al Gobierno sobreaguar.

Sin embargo, el tema está lejos de superarse. La presión social para que el Gobierno modifique la fórmula ha venido creciendo y todas las posiciones señalan que es necesaria una reducción de mínimo $2.000. Esas cuentas hay que mirarlas con lupa porque, por algún lado, el saldo en rojo sigue creciendo y el país está entrando peligrosamente al terreno del populismo fiscal: por la puerta de atrás se está a punto de revivir el expediente de los subsidios a los combustibles, que llegó a representarle al país $7 billones al año –dos veces el presupuesto del agro–.

De hecho, actualmente se puede hablar de “subsidios implícitos”, porque ya es de conocimiento público que el Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles, mecanismo que sirve para darles estabilidad a las cotizaciones de la gasolina, tiene un déficit de $3,5 billones. Pero, como si fuera poco, la Corte acaba de darle un golpe mortal a este fondo y prácticamente lo dejó sin piso jurídico.

Apenas se conozca el fallo definitivo de la Corte Constitucional, todos nos vamos a enterar de que dicho déficit se tendrá que cubrir con recursos del presupuesto. Eso significa que del bolsillo de los colombianos saldrá la plata para cubrir los $3,5 billones. Esto es más de lo que se le puso en la mesa al sector agrícola para levantar el reciente paro: el país comprometió una partida presupuestal igual a la que sirvió para superar la más grave agitación social de los últimos años en el país. Sin que nadie moviera un dedo, el Gobierno está gastando ya su presupuesto en subsidiarle la gasolina a todo el que tiene carro.

Por eso, la posición para el Gobierno no es fácil. Ya se comprometió a revisar la fórmula, y el nuevo ministro de Minas, Amylkar Acosta, señaló que la decisión se conocerá en las próximas semanas. Pero la pregunta central sigue en el aire: ¿quiénes tendrán que pagar por la garantía de menor precio con la que se está comprometiendo el Gobierno, cuando los precios de los combustibles en el mundo se disparen?

Los únicos que pueden pagar son: a) todos los colombianos por la vía del presupuesto; las regiones a través de la eliminación de los impuestos; b) Ecopetrol y sus refinerías, reduciéndole sus ingresos asociados a la venta de gasolina; o c) alguno de los actores de la cadena, limitando sus ingresos igualmente.

En ningún caso este es un tema de balance cero y eso es lo que muchos no les están diciendo a los colombianos. El argumento según el cual la fórmula de la gasolina es una “treta” para sacarles plata a los usuarios puede ser interesante para la galería, pero no explica las razones técnicas del precio actual de los combustibles en el país.

Con la reducción de los precios en octubre, el Gobierno tiene una pausa en este agitado tema. Además de modificar la fórmula, la otra salida que tiene el Presidente es rogar para que el precio de los combustibles siga cayendo en los mercados internacionales.

Esta posibilidad no es del todo descabellada. Ya muchos expertos creen que si se superan las tensiones en Siria, la tendencia natural del precio del crudo es a la baja. Claramente, si esto se concreta, a Santos se le estaría dando el milagrito en uno de los temas que más sensibilidad social tiene hoy y que más problemas fiscales le podrían deparar en el futuro. A rogar se dijo.
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