| 2/16/2012 4:00:00 PM

La faena de Petro

En 20 entidades de Bogotá, cuyos presupuestos superan el billón de pesos, aún no ha habido nombramientos. ¿Cómo se repartirá la torta?

Quienes conocen el mundo de los toros siempre han dicho que un buen matador debe salir a la arena acompañado por su cuadrilla. Y aunque es claro que no comulga con el espíritu de la fiesta brava, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, parece estar de acuerdo con esa sentencia. Así lo dejó ver durante su primer mes de gobierno, tiempo en el que se dedicó a construir un mensaje según el cual en esta administración solo habrá cabida para la gente de sus entrañas.

Lo demostró con los nombramientos que hizo en las secretarías del Distrito y algunas entidades importantes, en donde entronizó a un grupo de cercanos colaboradores y copartidarios de vieja data. Y lo confirmó a principios de este mes cuando creó –a la medida exacta de su amiga Catalina Velasco– la Vicepresidencia de Servicios Públicos en la Empresa de Energía de Bogotá (EEB). Un naciente cargo que habría pasado desapercibido si Velasco no fuera la esposa de Eduardo Noriega, actual secretario General de la capital y una fiel escudera de Petro desde sus épocas de parlamentario.

Las críticas frente a la designación de Velasco en la EEB no se hicieron esperar. Unos la tacharon de nepotista, otros de clientelista e incluso algunos se atrevieron a decir que trascendió los linderos de la legalidad. Pero más allá de esas conjeturas, lo cierto es que Petro parece estar dispuesto a seguir abriéndose camino con sus propias tropas sin importar las consecuencias y los rompimientos políticos que ello pueda acarrearle.

Lo grave del caso es que esos resquebrajamientos ya se están viendo. Tal y como ocurrió con el ex alcalde Paul Bromberg, a quien Gustavo Petro le ofreció la Veeduría Distrital pero, como dirían popularmente, con un gato encerrado: debía nombrar como viceveedor a Augusto Rodríguez, un cercano colaborador y hombre de confianza del Alcalde. Esa condición hizo que Bromberg declinara el ofrecimiento y tomara la decisión de distanciarse de Petro.

Pero tal vez la grieta más visible es la que hoy separa al mandatario local del Concejo. La apabullante coalición opositora que quedó configurada allí dejó a Petro prácticamente sin fuerza en la corporación: solo lo respaldan los ocho concejales de su movimiento Progresistas y los cuatro del Polo, un número muy bajo si se tiene en cuenta que el Cabildo está conformado por 45 miembros.

El asunto no es menor. Y todo porque durante los próximos seis meses, Petro y el Concejo tendrán que definir la suerte de cuatro proyectos de hondo calado: el Plan de Desarrollo, el cupo de endeudamiento, la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial y la reforma administrativa que pretende, entre otras cosas, crear las secretarías de Seguridad y de la Mujer, y la holding de las empresas de servicios públicos. Según palabras de Ricardo Bonilla, secretario de Hacienda, esas apuestas podrían costar más de $60 billones.

Entonces, si Petro sigue empeñado en gobernar solo con su cuadrilla, sus multimillonarios proyectos estarían llamados a naufragar. “¿Será pues que el Alcalde se arriesgará a que el Concejo le vote negativamente sus planes por cuenta de no tener una interlocución fluida con esa corporación? ", se pregunta Antonio Sanguino, concejal del Partido Verde.

La estrategia
El hombre clave para restablecer las tensas relaciones entre la Administración y el Concejo es Antonio Navarro Wolf, secretario de Gobierno de Bogotá. En sus manos, y con la bendición de Petro, podría tener un ‘plan’ consistente en ofrecer una nueva torta burocrática: las cerca de 20 entidades del Distrito en las que aún no ha habido nombramientos y cuyos presupuestos sumados superan el billón de pesos.

No es un botín para nada despreciable. Y es, precisamente por eso, que a la hora de repartirlo, Petro y Navarro tendrán que ser más cuidadosos que nunca. Primero, para no dejar la sensación de que están rompiendo con su discurso anticlientelista y, segundo, para no volver a caer en el error que cometieron la primera vez, cuando ofrecieron puestos mientras la mayoría de los partidos en el Concejo les dio la espalda.

El mismo Alcalde ha dicho, por ejemplo, que el Jardín Botánico –hoy con director interino y con un presupuesto de $27.000 millones– podría quedar en manos del partido Verde. Otras entidades, como la Empresa de Energía de Bogotá, con ingresos anuales cercanos a $1 billón; el Instituto Distrital de Recreación y Deporte, cuyo presupuesto es de $169 millones o la Universidad Distrital, que maneja una partida de $260 millones, son un bocatto di cardinale para más de una bancada –Liberales, Cambio Radical y Conservadores–. Difícilmente rechazarían un ofrecimiento de esa naturaleza.

Pero si el plan no da resultado, el Alcalde sabe perfectamente qué hacer con esas apetecidas entidades. Según fuentes del Concejo, las repartiría entre los Progresistas y el Polo. “Con eso, Petro se resignaría a consolidar las bases políticas y sociales de las dos únicas fuerzas que lo respaldan en el Cabildo”, le dijo a Dinero un concejal que prefirió mantener su nombre en reserva.“

A la administración ya le falló una vez el cálculo y el Alcalde está en la actitud de decir que le tocará gobernar con los suyos”, dice Juan Carlos Flórez, concejal del partido ASI. Ese escenario, no obstante, podría cambiar en los próximos días. Así que de la estrategia que decida poner en marcha Petro dependerá la actitud que asuma el Concejo a la hora de darle trámite a los proyectos que definirán el rumbo próximo de la ciudad.

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