| 1/19/2017 12:00:00 AM

El dilema de Echavarría: ¿Crecer más o garantizar la meta de inflación?

El nuevo gerente del Banco de la República llega al cargo con un dilema difícil de resolver: o garantizar el cumplimiento de la meta de inflación o ayudar al país a crecer más. ¿Cuál será su estrategia?

Con la llegada de Juan José Echavarría a la gerencia del Banco de la República y el cambio inminente de dos codirectores de la Junta Directiva de la entidad, empieza un nuevo capítulo de la principal autoridad monetaria del país.

Los desafíos siguen siendo enormes para la institución; si bien la inflación ha cedido, todavía sigue lejos de la meta y, por eso, Echavarría llegó al cargo con una premisa: “El Banco no se puede dar el lujo de incumplir la meta por tercer año consecutivo”, le dijo a Dinero el encargado de los destinos de la máxima autoridad monetaria y cambiaria de Colombia.

Llevar la inflación de nuevo al rango meta entre 2% y 4% va en contravía del otro gran desafío que enfrentan las autoridades económicas del país: lograr un crecimiento más allá del mediocre 2% que se espera tenga Colombia en 2016 y que para 2017 se ubica en 2,5%, según varios analistas.

El economista Hernando José Gómez en su cuenta de Twitter planteó el problema en los siguientes términos: “Expansión de la economía se acerca al poblacional(1,3%), sin otras fuentes de crecimiento. 4G y acuerdo de paz suman 1 punto más. ¡Faltan más!”.

El comentario fue apoyado por el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), Bruce Mac Master, quien también en redes sociales se mostró preocupado por el mediocre ritmo de crecimiento que viene mostrando el país.

En ese orden de ideas, muchos van a empezar a poner la mira sobre el Banco de la República, del cual esperan una reducción más acelerada en las tasas de interés, factor clave en impulsar la inversión y el consumo; y el propio Echavarría tiene conciencia de ello, pero advierte que el país no puede esperar que el gran impulsor del crecimiento sea el Emisor. Al Banco le corresponde suavizar los ciclos, pero en el largo plazo los encargados de garantizar buenos ritmos de crecimiento son los propios agentes económicos y las autoridades, brindando el contexto apropiado para lograr ese fin.

Inflación al 10%

Estas tensiones no son nuevas para el Emisor. En agosto de 2015 comenzó el que podría ser uno de los más interesantes capítulos de la historia económica reciente.

En ese mes empezó a quedar en evidencia el proceso de incremento en los precios que llevó la inflación anual a cerca de 10%. El primero en advertir los peligros de esta tendencia fue el codirector del Banco de la República Carlos Gustavo Cano. En ese momento nadie al interior del Emisor habría planteado que ante un choque de oferta (como el que le daría el Fenómeno del Niño a la oferta de alimentos) se debería reaccionar aumentando tasas de interés. Los choques de oferta tienen carácter transitorio siempre y por eso el consenso señala que lo mejor que puede hacer el Banco en esas circunstancias es quedarse quieto.

Sin embargo, Cano advirtió otra cosa: que durante un largo periodo la inflación sin alimentos venía desbordada, así que era claro que las expectativas inflacionarias se habían salido de cauce. Eso justificaba un apretón en la política monetaria.

Las advertencias de Cano solo vinieron a tener eco en la junta directiva de septiembre de 2015, cuando se inició el aumento de tasas por parte del Emisor. Eso significa que durante buena parte de 2013 y 2014, la política monetaria impulsó la economía con tasas de interés en 4%.

Sin embargo, cuando se decidió aumentar los intereses ya era tarde. La inflación mantuvo su tendencia y se ubicó en 9% anual en julio del año pasado; esa cifra era la más alta luego de la crisis de 1999.

Otras expectativas sobre la economía colombiana: ¿Qué podría esperar Colombia del PIB y el dólar este año?

Los investigadores Hernán Rincón Castro, Norberto Rodríguez Niño y John Castro Pantoja escribieron el documento “Perturbaciones macroeconómicas, tasa de cambio y pass-through sobre precios”, que fue divulgado dentro de la serie “Borradores de Economía” del Banco de la República. El balance de los autores sobre este capítulo de la historia económica es claro. Según el texto: “¿cómo se puede interpretar lo que ocurrió entre 2014 y 2016 (...), ya que, como se observó, la depreciación del peso y la inflación local aumentaron radicalmente (entre julio de 2014 y febrero de 2016 el peso se depreció 60% y el IPC aumentó 10,5%)? ¿Se podría decir que el efecto inflacionario de la fuerte depreciación se hubiera anulado, o por lo menos aminorado significativamente, si la demanda hubiera caído más rápidamente, por ejemplo, por una reacción más rápida y fuerte de política monetaria? De acuerdo con las estimaciones, la respuesta es sí”.

La flexible política monetaria que se mantuvo hasta septiembre de 2015 le permitió al país seguir creciendo, a pesar de los choques recibidos, especialmente por el lado de la caída en los ingresos petroleros. La contrapartida de este proceso fue el incremento desmesurado en los precios de toda la economía y que las expectativas de inflación se desanclaron; eso hizo necesario un mayor ajuste para volver las expectativas a su cauce. Se trató de una jugada riesgosa para la salud del aparato productivo.

Ahora, Echavarría recibe la economía con una disyuntiva similar: en qué momento se pueden reducir más las tasas de interés para impulsar el aparato productivo, sin que eso signifique otro desmadre en las expectativas de inflación.

El nuevo gerente reconoce que, visto en perspectiva, era claro que había que tomar una decisión para subir las tasas desde comienzos de 2015. “La gente entendió otra cosa, porque las expectativas se soltaron y la inercia inflacionaria se agudizó”, explicó.

Hoy Echavarría enfrenta una situación particular: debe mantener mano firme para llevar la inflación al rango meta, manteniendo altos los tipos de interés; sin embargo, va a contar con suficiente presión no solo del Gobierno sino de muchos actores de la economía para reducir las tasas.

La estrategia no es fácil: si el Banco suelta las riendas muy pronto, las expectativas pueden salirse de nuevo de su cauce e impulsar al alza los precios, lo que exigirá posteriormente un ajuste más drástico; pero si se demora demasiado, podría infligirle un ajuste innecesario a una economía que hoy está buscando nuevas fuentes de crecimiento.

Para Echavarría es claro que el país requiere de otros ajustes que ayuden a mejorar la productividad. Para él, es clave que el Gobierno trate de impulsar reformas adicionales. Aseguró que “al presidente Santos le queda año y medio para hacer las reformas estructurales que ayuden al país a crecer más y mejor”, al hacer énfasis en que el Emisor no debe ser el agente que impulse la economía, lo cual sería un riesgo innecesario.

La nueva era del Banco con Echavarría al frente va a seguir siendo tan apasionante como lo ha sido en los últimos años. La decisión que adopte el Banco en este contexto es una crónica que está por escribirse.

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