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El proyecto incluye la construcción de varios túneles para reducir el tiempo de viaje. En la perforación de uno de estos ductos se logró la licencia para la entrada pero no para la salida.

| 4/5/2013 6:00:00 AM

La carretera del diablo

La doble calzada Buga–Buenaventura conjuga todas las maldiciones posibles. Algunos tramos no han iniciado y otros ni siquiera se han contratado. Lo que es peor: por ahí pasa 50% de la carga del país.

A finales de febrero, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, calificó –durante una visita a la zona– el esquema de contratación de la doble calzada Buga–Buenaventura como algo “diabólico”. Lo paradójico es que esta doble calzada es la única tabla de salvación que tiene el principal puerto sobre el Pacífico. Sin esta obra, el Puerto no es viable.

La ejecución de los contratos para llevar la vía de dos a cuatro carriles avanza a paso de tortuga y, para colmo, el Observatorio de la Infraestructura del Valle del Cauca advierte que es necesario adicionar otros $526.000 millones para terminarla.

Uno de los contratos, Loboguerrero–Mediacanoa, se suscribió en 1999 con un plazo de 55 años; algo llamativo, por decir lo menos, teniendo en cuenta que se trata de un tramo de solo 48 kilómetros. Ahí no termina el asunto. La ejecución de obras en este sector –según datos del mismo Observatorio– debería terminar el 21 de abril de 2014, pero el primer tramo de 18 kilómetros ni siquiera se ha comenzado a construir pues no se cuenta con la licencia ambiental.

Pero la forma como se contrató esta vía no es el único demonio por exorcizar. El 12 de abril de 2006 se produjo un derrumbe en el sitio denominado ‘Bendiciones’, donde murieron 38 personas. La tragedia no terminó allí, pues debido al deslizamiento de tierra quedó al descubierto una veta de oro, situación que atrajo como abejas al panal a grupos al margen de la ley que hoy excavan, con maquinaria pesada y sin control alguno, las frágiles laderas de la zona. Como si fuera poco, los asentamientos humanos se vienen incrementando con decenas de improvisadas casas de madera a la vera del camino. Buena parte de estas familias llegan a las zonas provenientes de distintos puntos del Valle del Cauca y el Pacífico, financiadas por avivatos que solo buscan lucrarse durante las negociaciones para las consultas previas.

A todo esto se suman los problemas de inseguridad. Pedro Aguilar, directivo de la Asociación Colombiana de Camioneros, le dijo a Dinero que cada semana se presentan al menos 18 atracos en la zona sin que nadie haga o diga algo. Mientras todo esto ocurre en una vía de 118 kilómetros, en el Puerto de Buenaventura las preocupaciones del empresariado aumentan.

La Sociedad Portuaria Regional (Sprbun) invierte millones de dólares cada año en más y mejores equipos de descargue y almacenaje, pero las dificultades en la vía palidecen estos logros.

Uno de los clientes más importantes de Sprbun y el mayor importador de acero del país, César Sánchez, afirma que los reiterados problemas en la doble calzada generan sobrecostos y dificultan la entrega de los pedidos a los clientes. Un viaje puede tardar de 8 a 10 horas, cuando en condiciones normales no debería pasar de dos horas.

La ministra de Transporte, Cecilia Álvarez-Correa, visitó las obras y prometió ‘jalarles las orejas’ a los concesionarios, pero las intenciones se quedan cortas frente a los desafíos de esta vía por donde se mueve 50% de la carga en contenedor del país.

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