Revista Dinero

De ser reelegido, Alejandro Ordóñez se convertiría en el segundo Procurador en lograrlo luego de que lo hiciera Edgardo Maya Villazón.

| 8/16/2012 7:00:00 AM

La bendita reelección

El 31 de diciembre termina el periodo del procurador, Alejandro Ordóñez, quien abiertamente ha manifestado su interés por continuar en el cargo. ¿Qué tan factible es su reelección y, de ocurrir, cuáles serían las implicaciones?

En una frase que se ha convertido casi en adagio popular, el exfiscal y exprocurador Alfonso Gómez Méndez dice que la gente ya lo olvidó por sus absoluciones pero que aún lo recuerda por sus condenas. Una sentencia que hoy podría ajustarse a la medida exacta del actual procurador general, Alejandro Ordóñez, quien ha ventilado su interés por ser reelegido y sabe perfectamente que llegó la hora de ‘vender’ el rostro con el que mejor lo puedan recordar. Con mayor razón en este momento, cuando su periodo está por terminar y empiezan a barajarse nuevos nombres para reemplazarlo.

Unos mencionan a Augusto Ibáñez, expresidente de la Corte Suprema de Justicia y, para muchos, el alfil de Germán Vargas Lleras. Otros advierten que el Consejo de Estado le estaría apostando a uno de sus magistrados. Y hay quienes están convencidos de que el elegido será exclusivamente el candidato que proponga el presidente Santos.

Conjeturas que mientras no sean resueltas abren la puerta para afirmar que, por lo pronto, el único aspirante a dirigir el Ministerio Público es el mismo Ordóñez. Su suerte, sin embargo, está condicionada: debe ser candidatizado por la Presidencia, la Corte Suprema o el Consejo de Estado. Al fin de cuentas, son esas tres instituciones las responsables constitucionales de conformar una terna y después enviarla al Congreso, donde finalmente se dice la última palabra.

Bajo ese panorama, la duda que hoy ronda dentro de los círculos de poder es más que razonable: ¿será factible ternar a Ordóñez y reelegirlo? Para empezar, hay que considerar aspectos tanto jurídicos como políticos, y entender cómo pueden mover sus hilos las Cortes y el Presidente.

Por el lado de la Corte Suprema, las posibilidades de que lo postule son casi nulas. Básicamente, porque tiene en sus manos 59 investigaciones contra el actual Procurador, de las cuales 41 están en curso. Esa razón sería suficiente para que en las entrañas de la Corte haya varios impedimentos para tenerlo dentro de sus cálculos.

Las cosas en el Consejo de Estado tampoco lucen viables. Primero, porque hace cuatro años fue esa misma corporación la que postuló a Ordóñez. Y, segundo, porque como dicen popularmente, se trató de una designación por carambola. En ese momento, la primera opción de los magistrados era el excongresista Darío Martínez Betancourt, quien luego de ganar –en una apabullante votación– prefirió retirarse. Así, por descarte, los togados se vieron obligados a darse la pela por el segundo en las votaciones que fue ni más ni menos que Alejandro Ordóñez. Eso quiere decir que difícilmente volverían a jugársela con la misma ficha.

En ese orden de ideas, el único que tiene vía libre para incluirlo en la terna es Juan Manuel Santos. De hacerlo, la mesa de unidad nacional en el Congreso entendería su decisión como una orden entre líneas que garantizaría de inmediato la reelección del fiscalizador. “Lo que percibo es que el Procurador tiene una amplísima simpatía en el Congreso. Eso lo puede advertir cualquiera de los ternadores. Por eso, si el Presidente quiere que su candidato sea elegido, seguramente debe tener en mente a Ordóñez”, le dijo a Dinero en una extensa charla, Roy Barreras, presidente del Senado.

Sobre los hombros de Santos parece estar recayendo todo el peso de la elección del nuevo Procurador. La decisión que tome no solo afectará su propio gobierno sino que podría poner en entredicho sus lineamientos liberales y progresistas. ¿Debería, entonces, ternarlo?

Lo que está en juego

En un reciente artículo, el portal de internet La Silla Vacía, elaboró un listado de 10 razones por las cuales, según sus editores, no es conveniente para Juan Manuel Santos incluir a Ordóñez en la terna. Dicen, por ejemplo, que de tomarlo en cuenta se aumentarían las suspicacias sobre componendas entre las ramas del poder. También anotan que sus actuaciones en materia de parapolítica no son contundentes, mientras que su dedo acusador ha sido implacable con personalidades de izquierda como Piedad Córdoba. Y, entre otras cosas, señalan que ha entregado cuotas en su despacho a congresistas que podrían reelegirlo.

Todos esos son los temores que genera el talante de Ordóñez. Muchos lo tildan como el radical de ultraderecha más influyente y poderoso de la historia moderna del país. Le reprochan sus convicciones religiosas y su moral conservadora que lo han llevado a contrariar sentencias de la Corte Constitucional como la que tiene que ver con la viabilidad del aborto en casos excepcionales.

Y es ese, precisamente, el otro motivo que podría jugar en contra del Presidente si llega a considerar a Ordóñez. El motivo es simple: Juan Manuel Santos es un político de tradición liberal y así lo ha demostrado durante su mandato. Por eso, al apostarle a la reelección del Procurador enviaría un mensaje en el sentido de que estaría inclinándose hacia una concepción del Estado radicalmente conservadora y ortodoxa.

Además, le estaría sirviendo en bandeja una oportunidad de oro a Ordóñez para acrecentar el poder que ya ostenta y su innegable injerencia en la Casa de Nariño. Sobre ese tema, Cecilia Orozco Tascón, en su columna de pasado 7 de agosto en El Espectador, fue contundente: “A Santos no le falta sino postular a Ordóñez para que continúe otros cuatro años en su silla. Y, cuando lo haga, habrá terminado de transferirle su poder a un gemelo de su antecesor. El Presidente estará, entonces, liquidado en mitad de su periodo, catatónico, porque tiene pánico de enterrar el relato de Uribe”.

Entonces, si las cosas son tan adversas, ¿cuál podría ser el sexapeal de Ordóñez que seduciría a Santos? La respuesta apunta en una sola dirección. Al Presidente le conviene tener al Procurador de su lado porque sabe que hoy por hoy está investigando a dos de sus Ministros más importantes: Germán Vargas Lleras, por presuntos vínculos con los paramilitares, y a Miguel Peñaloza, por haber contratado con el Estado mediante una empresa familiar. Nada más inoportuno para él que la destitución de alguno de sus hombres de confianza en la actual coyuntura.

Aunque el periodo del Procurador termina el próximo 31 de diciembre, el nombre de los candidatos a dirigir el Ministerio Público tendrá que conocerse cuanto antes. De hecho, el pasado 9 de agosto, Roy Barreras les envió una carta a las Cortes y al Presidente en la que les recuerda la necesidad de conformar la terna a más tardar en octubre. Así pues, mientras llega ese día, el llamado es para que los ternadores, en el momento de seleccionar a los candidatos, antepongan sus calidades profesionales y no los intereses y las componendas políticas.


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