| 4/30/2015 5:00:00 AM

¿Por buen camino?

A pesar de las críticas, vender Isagen es una buena opción; podría dejar un rendimiento mayor que el que quieren reconocer los opositores de la operación. Así son las cuentas.

El debate por la venta de Isagen está encendido. El proceso avanza a pesar de las amenazas de moción de censura contra el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, y los acalorados debates en el Congreso de la República sobre el tema.

El argumento central de quienes se oponen al proceso es que Isagen es una compañía rentable, que le ha dejado al Estado grandes ingresos por dividendos y que en el futuro próximo podría multiplicar sus buenos resultados por cuenta de la entrada de uno de los más grandes proyectos hidroeléctricos del país: Hidrosogamoso.

Pero el Gobierno también tiene sus cuentas y todo indica que el sustento de estas es claro. La promesa es que los recursos que ingresen por la venta de la compañía ($5,2 billones como mínimo) irán a financiar proyectos de infraestructura.

Aquí es donde surgen dos preguntas centrales con relación a los recursos. ¿Cómo se asignarán? ¿Cómo garantizarle al país que cumplirán su papel de financiar los grandes proyectos de infraestructura que promete el Gobierno?

Clemente del Valle, presidente de la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN), afirma que será esta entidad la que va a recibir los recursos de la venta de Isagen. Según él, la decisión se explica por el interés del Gobierno por hacer el uso más eficiente de unos recursos limitados y, por eso, consideró que la operación ideada con Isagen es la mejor opción.

El primer asunto es que la Financiera ya está convertida en una entidad completamente independiente de los intereses políticos. Con la llegada de la CAF y la IFC, organismos multilaterales de crédito, la junta directiva de la firma quedó conformada por cuatro miembros independientes y tres representantes del Gobierno. Los miembros independientes son Jorge Londoño, expresidente de Bancolombia; Alberto Gutiérrez, presidente de la Titularizadora Colombiana; Guillermo Perry, exministro de Hacienda, y Víctor Traverso, representante de la CAF en Colombia. Por el Gobierno estarán el Ministro de Hacienda, el Director de Planeación Nacional y el Director de Crédito Público.

“El Gobierno le entregó un poder grande a los miembros independientes de la junta directiva para evitar la captura de la institución por intereses políticos”, explica Del Valle. Esto ha redundado en mejores prácticas de gobierno corporativo. Por ejemplo, el presidente de la institución ya no es un nombramiento de la Casa de Nariño, sino de la máxima autoridad de la empresa; es decir, su junta directiva.

Lo otro que fortalece a la institución es que los dos representantes de las entidades multilaterales (CAF e IFC) quedaron con poder de veto. Esto significa que, si se oponen a una operación, esta no podrá ser realizada.

“Esta entidad, en mi opinión, es una empresa piloto en el mundo como banco de desarrollo y cumple con estándares de gestión del sector privado”, añade Del Valle.

¿Y cómo será la capitalización?

El Gobierno encontró una salida para asignar los recursos. Claramente, $5,2 billones es una gran cantidad de dinero y las posibilidades de que una o buena parte de los recursos se desperdicie son enormes. Así que la decisión es utilizar a la FDN para que sirva de administradora de este presupuesto.

En primera instancia, se pensó en capitalizar la Financiera. Sin embargo, por tratarse de tantos recursos, las participaciones de la CAF, la IFC y el Sumitomo Matsui Banking (cada uno con 8,8% del capital de la FDN) podrían diluirse. Todo parece indicar que el Gobierno decidirá aplicar los recursos a través de bonos subordinados, una forma de capitalizar a la Financiera sin diluir las participaciones de los demás accionistas.

Así, la FDN podría apalancar entre 4 y 5 veces esta inyección de capital, lo que daría para conseguir recursos hasta por $25 billones.

“El gobierno nacional creó el Fondo de Desarrollo Nacional (Fondes) para financiar infraestructura. Inicialmente se planteó que la FDN administrara los recursos por medio de un contrato fiduciario. Sin embargo, ahora la plata entraría por medio de unos bonos subordinados a la Financiera para fortalecer el patrimonio técnico de la compañía”, dice Del Valle.

Con un nivel de apalancamiento, la FDN quedaría en capacidad de financiar hasta 25% de la mayoría de proyectos de 4G, y considerar algunas APP y otras obras regionales, como el Metro de Bogotá.

“En la primera ola de 4G estamos trabajando con todos los consorcios. Hasta el momento podemos aportar 10% de la financiación. Pero si pudiera darse esta capitalización con los recursos de Isagen, nuestro interés es estar en 25% de la financiación, con eso podríamos movilizar más recursos, no solo a 4G sino a APP y otros proyectos”, explica Del Valle.

Recuerda que la meta de la FDN no es convertirse en un financiador exclusivo, al estilo de la banca de desarrollo de Brasil. “El objetivo es movilizar al sector privado hacia la infraestructura”, ratifica al señalar que están trabajando con los grandes grupos financieros del país para encontrar formas de canalizar préstamos hacia los proyectos.

Si lo de Isagen no se da, sería bastante problemático. “Nos quitaría la capacidad de ir a una participación mayor por proyecto y no nos dejaría pasar más allá de 10%. Lo de Isagen genera más incentivos, porque facilita el cierre y me da más ‘millas’ para participar en nuevos proyectos. Sin ella, la totalidad de las 4G agotaría la capacidad de maniobra”, explica.

Finalmente, considera que la rentabilidad que dejaría esta operación para el Gobierno podría ser igual o más alta que la de Isagen. Según Del Valle, los rendimientos vendrían no solamente por el bono subordinado, sino porque el apalancamiento le daría una mejor rentabilidad a los resultados globales de la Financiera. “La rentabilidad sería igual o mejor a la que recibe hoy de Isagen”, explicó.

Acerca del argumento en contra de la venta de Isagen y el riesgo asociado a financiar infraestructura, señala que, en cualquier proyecto, el financiador tiene que enfrentar el riesgo de construcción. Así ocurre, según él, con cualquier banco que decide prestarle plata a un proyecto de infraestructura. “En términos de riesgo, eso ocurre tanto en energético como en transporte. Cualquier banco va a tener que analizar esos riesgos. El asunto es estudiarlos bien y tomar buenas decisiones, que es lo que nosotros estamos haciendo”, señala.

El debate sobre Isagen sigue encendido. Si bien son muchas las voces en contra de la operación, el Gobierno está demostrando que también tiene argumentos para defender la venta de la compañía de generación. Falta ver si las apuestas de los inversionistas por Isagen –donde ya hay seis interesados y cuyo proceso debe definirse a mediados de mayo, de acuerdo con el cronograma del Gobierno– impulsan la estrategia de la administración Santos. En este tema todavía queda mucho camino por recorrer.
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