| 9/29/2016 12:00:00 AM

¿Qué debería hacer Colombia para conservar la confianza inversionista?

La reanudación del tránsito a la normalidad monetaria en Estados Unidos entraña altos riesgos para las economías emergentes que requieren amplia financiación externa. ¿Podrá Colombia mantener la confianza de los inversionistas en tales circunstancias?

Cada vez que se aproxima una reunión del Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la Reserva Federal de los Estados Unidos, cuando hay datos favorables sobre la evolución de la actividad económica, el empleo o la inflación de esa economía, la ansiedad se apodera del ánimo de los inversionistas internacionales, porque aumenta la probabilidad de un incremento en la meta para la tasa de interés de referencia de la política monetaria en ese país. El desasosiego se transmite a los precios de los activos en los mercados financieros, que en consecuencia ganan una mayor volatilidad.

Esas fluctuaciones, generadas por las expectativas de un mayor o menor rendimiento de los activos en dólares respecto de aquellos en moneda nacional, pueden ser perturbadores para las economías emergentes que tienen estrechos lazos financieros con los Estados Unidos, como Colombia, cuando requieren un flujo abundante de recursos externos para financiar sus desbalances macroeconómicos.

El cambio en la rentabilidad de los activos provoca un flujo de recursos hacia dentro o hacia fuera de las economías, que altera la magnitud de la financiación interna y externa, junto con su costo, expresado en las tasas de interés e, incluso, modifica el valor de la moneda nacional, representado por la tasa de cambio. A través de estas variables, que afectan de una manera directa los componentes de la demanda agregada, los movimientos de los mercados financieros se transmiten a la actividad económica y a la generación de empleo.

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En ese contexto, ¿qué tan vulnerable es la economía colombiana a los cambios en el sentimiento de los mercados internacionales? ¿Tiene algunas ventajas comparativas que le permitan diferenciarse de otras economías emergentes a los ojos de los inversionistas?

Colombia tiene una alta necesidad de recursos externos por su amplio déficit fiscal (cuya meta es de 3,9% del PIB en 2016) y en la cuenta corriente de la balanza de pagos (para la cual el Banco de la República proyecta 5,3% del PIB este año).

Los resultados del PIB y de la balanza de pagos en el primer semestre del año indican que el desbalance externo y, por tanto, las necesidades de financiación extranjera han disminuido, como consecuencia en buena parte de la desaceleración de la demanda interna, que desde el último trimestre del año pasado se incrementa a una tasa menor que la del crecimiento del PIB.

Gracias a ello, en los primeros seis meses de este año el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos (4,8% del PIB) se redujo en 1,5% del PIB respecto del mismo periodo del año anterior, debido al descenso de los pagos factoriales netos al resto del mundo, un déficit más pequeño en la balanza de bienes y servicios y unas mayores transferencias netas recibidas del exterior.

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La cai´da de los pagos factoriales al exterior se originó en la menor remisión de utilidades de las compañías extranjeras, como consecuencia de las pérdidas de las que operan en el sector de hidrocarburos y minería, debidas a los bajos precios de estos insumos.

De modo paralelo, el déficit en la balanza de bienes y servicios cayó, debido a los menores egresos por servicios de transporte, empresariales y de construccio´n, gastos más bajos en viajes, seguros y servicios financieros, así como por el descenso de las compras de bienes de capital e insumos para la industria, de equipo de transporte y de bienes de consumo. Los ingresos por transferencias aumentaron con base en las mayores remesas de los trabajadores en el exterior.

Al mismo tiempo, el superávit en la cuenta financiera (5,2% del PIB) disminuyó 1,2% del PIB, por causa de una mayor adquisición de activos financieros externos. En contraste, la inversión extranjera directa (6,4% del PIB) aumentó 0,9% del PIB, la de portafolio casi no se modificó y mejoraron las entradas por derivados.

Dentro del total de los ingresos de capital extranjero, el flujo de inversión directa constituyó la mayor parte (62%), seguido por la emisión de bonos de deuda en el exterior (19%), la inversión de portafolio en el mercado doméstico (12%) y el resto por préstamos y otras formas de crédito externo (7%). La inversión extranjera aumentó a pesar del descenso en la dirigida al sector de minas e hidrocarburos, por el mayor flujo que llegó a los de electricidad y de transporte y comunicaciones.

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Estos resultados confirman que el ajuste del gasto doméstico a un incremento menos dinámico del ingreso nacional, por la caída de los términos de intercambio, aminoró las necesidades de la financiación externa. También indican que el país sigue atrayendo los flujos de recursos externos que precisan, sobre todo con base en la inversión extranjera directa. Sin embargo, sus necesidades de fondos captados a través de endeudamiento e inversión de portafolio no son despreciables.

Por tanto, con esos requerimientos de financiación externa, debidos a un déficit crónico de ahorro doméstico, es necesario que la economía colombiana conserve sus principales ventajas comparativas respecto de otras emergentes: en primer lugar, su estabilidad política; en segundo lugar, su estabilidad macroeconómica y financiera y, por último, su eficaz marco de política económica.

Sin duda, la estabilidad política se reafirmó con la recuperación del orden público durante los dos últimos gobiernos. Además, el acuerdo de La Habana constituye una gran oportunidad para extender la presencia del Estado a muchas de las regiones donde todavía no llegan las instituciones.

Para los inversionistas internacionales, su refrendación en el plebiscito del 2 de octubre constituiría una excelente señal de madurez política y estabilidad institucional. Después de ello, todavía hará falta acabar con la corrupción y hacer más eficiente la justicia, pero la mejora de nuestras instituciones avanzaría en la dirección correcta.

Tampoco puede el país arriesgar su estabilidad macroeconómica y financiera. Por eso es vital que se apruebe este año la reforma tributaria estructural que presentará el Gobierno al Congreso, para garantizar que el déficit y la deuda pública regresen a trayectorias decrecientes, como estipulan las metas de la regla fiscal. En este punto cabe tomar la precaución de que la financiación de la implementación del acuerdo de La Habana, si resulta aprobado, se haga acatándola.

Por último, el país debe conservar el marco de política económica que le ha permitido mantener su estabilidad macroeconómica y financiera, junto con la credibilidad de los inversionistas, por medio de un ajuste ordenado, que justo ahora comienza a dar frutos. Debe preservar, por tanto, la independencia del Banco de la República, la flotación de la tasa de cambio, la regla fiscal y la planeación de mediano plazo de sus finanzas públicas.

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