| 9/30/2015 5:00:00 AM

¿Cómo puede interpretarse la caída del índice del consumidor?

La confianza del consumidor hoy muestra que hay más pesimistas que optimistas. Esto debería reducir el gasto de los hogares, pero estos no paran de comprar.

La trillada frase del “país se derrumba y nosotros de rumba” parece ser una de las explicaciones para el hecho de que una mayoría de colombianos considere que en un año las condiciones económicas de su hogar van a ser mejores, pero al mismo tiempo piensan que en ese plazo la economía del país se va a deteriorar.

Es una contradicción igual a la que registra el índice de confianza del consumidor, que mide Fedesarrollo. En agosto este indicador alcanzó el nivel más bajo en seis años, -0,4%, lo que implica que los pesimistas superan a los optimistas. No obstante, al mismo tiempo las ventas del comercio minorista registran un mejor desempeño que el de la economía. Según el Dane, de enero a julio crecieron 3,57% real, mientras que el PIB avanzó 2,9% en el primer semestre. Si al comercio minorista se le quita la venta de vehículos y combustibles, entonces el indicador sube a 6,42%.

Las ventas minoristas que más crecen son las de artículos de ferretería, vidrios y pinturas (18% real en los siete primeros meses del año) y las de bebidas alcohólicas y productos del tabaco (13,61%). Las que más caen son las de vehículos y motocicletas (-6,81%), como consecuencia de la devaluación.

Leonardo Villar, director de Fedesarrollo, considera que la caída en el índice de confianza es un reflejo normal de la desaceleración que vive el país, que también se evidencia en el consumo total. Este pasó de crecer 4,7% en 2014 a 3,2% en el primer semestre de este año. Además, es un indicador que revela la disposición o no a comprar bienes durables (electrodomésticos o carros), que son los primeros que se cortan con las crisis y hoy son los más impactados por el dólar caro.

En lo que respecta a la paradoja de creer que el hogar va a estar bien, pero no la economía nacional, Villar la atribuye a una sensación de preocupación e incertidumbre frente al país, en un contexto en el que la gente mantiene su empleo (ver nota página 30).

“Lo que pasa es que estamos viviendo una desaceleración y no una crisis”, reitera.

Clave en el PIB

Más allá de las contradicciones, las alertas que prende el índice de confianza se deben al hecho de que este sirve como un predictor del consumo de los hogares, el cual es responsable de 65% del PIB.

La gente está más preocupada por el resentimiento de la situación nacional que por la economía personal”, confirma Jorge Londoño, gerente de Invamer Gallup. Advierte, sin embargo, que según sus encuestas los colombianos sí han venido registrando un deterioro en su situación personal, pero no al mismo ritmo de las expectativas sobre la situación nacional.

“Mientras la situación actual del hogar en el último año ha caído 17 puntos, la situación del país ha caído 34 puntos, es decir, el doble”, reitera.

Jaime García, director comercial de Kantar Worldpanel en Colombia, agrega que, así la gente manifieste su intención de estar menos dispuesta a comprar bienes durables, por ahora no ha reducido su ritmo de gasto, en particular en lo que se refiere a los productos de la canasta familiar. “Las encuestas que hacemos con 4.200 hogares, y que verificamos cruzando con productos y facturas de compra, nos muestran que en el primer semestre su gasto aumentó 10% frente a igual lapso de 2014. Esto se produce por dos factores: visitan las tiendas con más frecuencia (7% más) y cada vez que van compran más unidades (1% más)”, dice García y explica que este comportamiento está influenciado por la creciente competencia de los canales comerciales y la aparición de nuevos formatos como Pricesmart, D1 y Ara. 

“Cuando les preguntamos a los encuestados qué dejarían de comprar si disminuyen sus ingresos, la respuesta es que en mercado seguirían comprando lo mismo, aunque con marcas más económicas. En cuanto a otros gastos, disminuirían viajes, calzado, ropa y electrodomésticos”, comenta García.

No refleja todo

Camilo Herrera, presidente de Raddar, firma especializada en consumo, considera que aunque la menor confianza de los hogares es innegable, se debe tener en cuenta que existe una distancia entre su medición y la realidad, pues en este indicador Bogotá pesa mucho y solo se tienen en cuenta otras cuatro ciudades capitales (Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga).

Esto implica que no se tiene en cuenta la migración interna y la recomposición geográfica que ha tenido el país hacia ciudades intermedias, muchas de las cuales tienen economías dinámicas, como es el caso de Pitalito, Montería o Zipaquirá.

“El problema es que es un indicador que no transmite todo lo que está pasando, pues las ventas del comercio siguen altas y los colombianos se han acostumbrado a consumir nuevos productos, que no han dejado de comprar porque sus ingresos no han caído”, insiste Herrera.

Sin embargo, más allá de las explicaciones técnicas hay un factor importante al analizar el índice de confianza y es el hecho de que la economía se mueve por las expectativas. Si hay un creciente porcentaje de personas que cree que las cosas van a estar mal es muy probable que su cálculo se convierta en realidad.

“Si la caída del dólar se estabiliza, es factible esperar que el deterioro de la confianza no se profundice, pero a diferencia de 2009, cuando también cayó este indicador, esta vez las cosas no se ven tan claras”, agrega Villar.

Desde 2001, cuando Fedesarrollo empezó a medir el índice de confianza, la mayor caída del indicador se presentó en 2009, cuando estuvo por un año a la baja como consecuencia de la crisis financiera global desatada con Lehman Brothers. Al igual que hoy, el precio del barril de petróleo se desplomó en ese momento de US$140 a U$42. Para enfrentar la crisis, el Banco de la República hizo política contracíclica y China reaccionó con todo y ayudó a recuperar rápido el precio del crudo.

Hoy las posibilidades de recuperación se ven más difíciles, pues el Emisor no tiene margen para hacer política contracíclica, los países vecinos están igualmente desacelerados y China tampoco tiene alientos para impulsar los precios de las materias primas. Falta ver que este panorama no desanime más a los consumidores.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?