| 5/14/2015 5:00:00 AM

Encrucijada importadora

Con un dólar más caro y un consumo cada vez menos dinámico, los importadores se las ingenian para no subir precios y buscan alternativas que les permitan mantenerse en el mercado. ¿Hasta cuándo?

Contra los palos. Así, literalmente, están los importadores de bienes para el mercado colombiano, que por años estuvieron en los gloriosos y ahora pasan por los dolorosos.

Una combinación de alta devaluación y estancamiento en el consumo los tienen maniatados para aumentar sus precios al consumidor y los han obligado a recortar márgenes de utilidad y buscar alternativas para mantenerse en el mercado.

Importadores de bienes durables, como vehículos, electrodomésticos, dispositivos electrónicos y celulares, y en alguna medida los de juguetes, alimentos y cosméticos son los más afectados y están haciendo verdaderos ‘malabares’ para sortear la actual coyuntura. Ya que, cuando la tasa de cambio enfrenta movimientos fuertes en un espacio de tiempo corto, la respuesta de los empresarios ante ese choque puede variar y, por ende, los efectos sobre la inflación no son siempre iguales, automáticos ni uniformes.

Una circunstancia importante en la coyuntura actual es que el movimiento de la tasa de cambio, si bien ha sido recurrente desde junio de 2014 y de magnitud importante, también coincide con una disminución considerable en los ingresos por exportaciones del país, lo que significa un choque externo a la demanda interna.

Por eso, incluso en un contexto favorable en las cifras de empleo como el actual –la tasa de desempleo se ubicó en 8,9% al cierre de marzo–, hay mayor precaución de los empresarios que importan bienes, en especial en productos de consumo, por cuanto en un mercado con menor demanda disminuye el poder de precios de los empresarios.

Esto explica que las alzas en los precios de los productos importados, que a comienzos de año parecían inminentes, todavía no se hayan dado en algunos casos, o en otros no lleguen a la misma proporción de la devaluación. Muchas empresas han tenido que frenarlas e, incluso, devolverse después de haber aumentado precios.

Oliverio Enrique García, presidente de Andemos, el gremio de los importadores de vehículos, reconoce que, aunque la devaluación haya llegado a 30%, las circunstancias del mercado hacen que no sea posible aumentar los precios en esa misma proporción.

“Quien aumente los precios de los vehículos en 30% comete un suicidio”, asegura García, y no solo porque el mercado se ha puesto más lento –la venta de vehículos cayó 16% en abril, según el Comité Automotor y Fenalco– sino también porque compite con el que compró un inventario largo, que puede esperar más para subir sus precios.

Aunque algunos importadores han hecho ajustes en los precios de los vehículos, estos son todavía muy tímidos. “Nadie está subiendo los precios a márgenes altos, y lo que se empieza a ver es un deterioro en las utilidades porque las empresas están sacrificando márgenes por ahora”, asegura García.

Lo cierto es que, cuando la tendencia de la tasa de cambio es más o menos predecible, los precios de los bienes importados pueden ir asimilando e incorporando esa expectativa, pero una de las mayores complejidades para administrar los precios de bienes importados se da cuando hay cambios de la tendencia en la tasa de cambio en magnitudes importantes, como ha venido ocurriendo.

Consumo quieto

La menor confianza de los consumidores, no solo en las condiciones actuales sino también de las expectativas futuras, como lo ha señalado la encuesta de Fedesarrollo, también está jugando en contra de los importadores.

En el sector de electrodomésticos, las compañías han tenido que ingeniárselas para mantener sus ventas. Florencia Leal, directora de la Cámara de Electrodomésticos de la Andi, asegura que en su sector “la devaluación afecta a todos: a los importadores, porque recae sobre 100% de lo que traen, y a los fabricantes locales, porque cerca de 40% de las piezas las importan y esto encarece el producto final”, asegura Leal.

Por ser un mercado tan competido, las empresas han optado por afinar sus estrategias y algunas decidieron aumentar sus promociones, rebajar sus precios o acelerar los lanzamientos de nuevos productos. Otras han optado por recortar sus márgenes de utilidad para llegarles a sus clientes. Pocas han podido subir precios.

Julio Baek, presidente de LG en Colombia, asegura que, “pese a que nos afecta el alza del dólar, la demanda no ha caído, por el contrario, está creciendo y esto se debe principalmente a que traemos al país productos con valor agregado y diferenciado, lo que impide que el precio del dólar nos afecte”.

El mercado de televisores en Colombia mueve al año unos US$1.200 millones, y cerca de 90% corresponde a producto importado, de acuerdo con la firma de análisis de mercados GfK.

En su mayoría, la venta de televisores corresponde a productos importados, y este año se espera que tenga dinamismo por la Copa América de fútbol que se jugará en Chile. La meta de Baek, de LG, es que la venta de televisores crezca por encima de 10% y que su marca logre una participación superior a 50% del mercado en el país.

Tampoco se puede desconocer que la reforma tributaria de finales de 2014 implica un menor ingreso disponible para las personas de mayores ingresos en el país, a través del impuesto a la riqueza, lo que sugiere una débil demanda para bienes más suntuosos.

Esto ha obligado a las aerolíneas a diversificar estrategias para mantener el crecimiento que traían desde 2014. Gilberto Salcedo, presidente de Atac –el gremio de las aerolíneas– , explica que el año pasado el crecimiento del transporte aéreo fue de 8,1% y se explica por un aumento en los pasajeros internacionales, de 12%, y de 6,5% en los nacionales.

Para el sector aéreo, el impacto de la devaluación ha sido fuerte, pues se estima que entre 60% y 65% de los costos de operación de una aerolínea son en dólares y, aunque el combustible de aviación cayó, su impacto en la estructura de costos no alcanza a compensar.

Pero el mayor costo no se ha transferido al consumidor porque, según Salcedo, “el precio de los tiquetes, si bien tiene fundamento en los costos, se fija por el mercado. En este sentido, la gran competencia en el mercado colombiano ha ayudado a mantener precios muy competitivos. Tan competitivo es el mercado colombiano que el año pasado fue el segundo país de Latinoamérica con menor valor por kilómetro transportado”.

El panorama de la tasa de cambio sigue incierto, especialmente desde mediados de marzo, cuando el peso colombiano frente al dólar se ha corregido en cerca de 11%.

Esto ha dejado a muchos importadores que habían aumentado o iban a aumentar los precios esperando o preguntándose cómo tomar ventaja de la situación actual para no perder cuota de mercado. Un interrogante aún por resolver.
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