| 9/30/2015 7:00:00 PM

El fenómeno de El Niño también tiene repercusiones en la inflación

Los pronósticos indican que esta sería la sequía más fuerte desde 1950. El déficit de lluvias ya superó el promedio histórico de 70% en el país, las bajas temperaturas tampoco ayudan. ¿Qué viene?

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ya hizo la advertencia: el Fenómeno de El Niño es una realidad palpable y se recrudecerá en los próximos meses.

La Organización Meteorológica Mundial (WMO, por su sigla en inglés) ratifica las razones del nerviosismo. Según el organismo, este podría ser “uno de los cuatro episodios más fuertes de El Niño desde 1950”. La prueba de ello está dada porque, “las temperaturas de la superficie de las partes central y oriental del Pacífico tropical se han situado entre 1,3° y 2,0°C por encima de lo normal, superando los umbrales de El Niño en aproximadamente un grado”.

Bajo estas condiciones, es plausible afirmar que serían grandes las pérdidas económicas y sociales del evento. La economía enfrentaría mayores precios por cuenta de una menor oferta de alimentos. Asimismo, el hecho de que algunos sectores agrícolas hayan tomado la decisión de reducir la producción tendría efectos adversos en el crecimiento. También es adverso porque la energía se volverá costosa y, además, habría riesgos de racionamiento de agua.

Sin embargo, existe un oasis en este desierto. La noticia positiva en medio de la incertidumbre estaría en el avance de los proyectos de infraestructura: cuando no hay lluvias es posible agilizar las obras. Estas son las partes del rompecabezas.

La oferta de alimentos

La preocupación, desde la óptica del Banco de la República, es que la disminución en las lluvias pueda generar un choque de oferta negativo que comprometa, aún más, el cumplimiento de la meta de inflación. En otras palabras, que se reduzca la disponibilidad de algunos alimentos y se vuele la meta de precios. No está de más recordar que en 2006 la inflación cerró a 4,46% y en 2008 llegó a 7,67%, debido a los efectos de El Niño.

Por eso, en el más reciente comunicado de prensa del Emisor se advirtió que la mayor intensidad de El Niño tiene un impacto sobre los precios y las expectativas de inflación y activaría mecanismos de indexación; estos últimos harían que se incrementen los precios de bienes no agrícolas.

Y no es una preocupación menor. El último boletín agroclimático de la Federación de Arroceros (Fedearroz), por ejemplo, recomendó no reactivar las siembras de arroz en algunas regiones del país hasta que no se normalice el clima.

En el mismo sentido, Roberto Vélez, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, asegura que las sequías son caldo de cultivo para la proliferación de la broca y otras plagas, lo cual genera mayores costos de contratación laboral. Por ahora, el líder cafetero sostiene que “a la fecha, 90.000 hectáreas productivas, equivalentes a 18% del total del parque cafetero, se han visto afectadas en algún grado”.

Lo anterior indicaría que existe la posibilidad de que se presente una menor producción cafetera en lo que queda del año. Frente a este aspecto se deben tener ojos avizores, especialmente porque el crecimiento del sector agrícola en el primer semestre del año, 2,1%, estuvo explicado por el incremento en 9% en la producción de café. Excluyendo el grano, el campo habría decrecido 0,4%.

Energía onerosa

Es normal que bajo situaciones climáticas extremas de invierno o verano la demanda de energía se incremente. Así ocurre cuando una fuerte temporada invernal llega a los países que tienen estaciones, las personas prenden la calefacción y se resguardan bajo fuentes de calor. En el caso de altas temperaturas, también se presentan mayores usos de energía. 

Este cuadro ya se está evidenciando en Colombia. Según un informe de XM, operadora del sistema de interconexión eléctrica nacional, las altas temperaturas de agosto pasado generaron, en comparación al mismo mes del año anterior, un incremento en la demanda de energía de 5%. Dicho crecimiento se explica principalmente por el comportamiento de zonas cálidas, como Tolima y Huila, que crecieron 12,5%, la Costa Atlántica 8,8%, el Valle del Cauca 6,4% y los Santanderes 6%.

Bajo este escenario, las inquietudes se originan por la disminución de las lluvias que alimentan a los embalses generadores. Resulta que la generación de energía del país se hace con dos mecanismos: hidráulicos y térmicos, siendo estos últimos de mayores costos.

Para negociar la energía existen dos esquemas. Uno mediante contratos bilaterales en el que se define el precio de manera anticipada, para periodos de tiempo de 3 a 4 años. El otro, de corto plazo, en la bolsa de energía; bajo este esquema, el comercializador (como en el caso de Emcali, Codensa y Cetsa, entre otros) asume las fluctuaciones en el precio ocasionadas por cambios de oferta o demanda.

Cuando hay Fenómeno del Niño, el mecanismo de fijación de precios del país hace que se tenga que demandar energía térmica para conservar el agua de los embalses. Ángela Montoya, presidente de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgén), asegura que “en este momento tenemos que ser responsables con el cuidado de los embalses, porque de no hacerlo podríamos enfrentar un riesgo de desabastecimiento”.

Esto, en últimas, hace que quienes tengan un menor porcentaje de contratos bilaterales con precios fijos deban asumir mayores costos. Según estadísticas de Acolgén, los usuarios de energía de Cali serían los más perjudicados, en vista de que el comercializador tiene un nivel de exposición de 46% a las variaciones de la bolsa de energía, frente al 4% de Antioquia, Risaralda y Tolima, o el 17,5% de Cundinamarca. 

¿Lo positivo?

La cara amable viene del desarrollo de obras civiles. Sería conveniente que, tanto la Ministra de Transporte, como el Presidente de la ANI y el Vicepresidente de la República, aprovecharan esta larga temporada (que iría hasta abril) para acelerar el inicio de las obras de las concesiones 4G.

Desarrollar estos proyectos, que están empezando en forma su etapa de construcción, podría agregarle varios puntos de crecimiento al PIB y paliar los duros impactos que se verán en otros frentes.

Se espera que El Niño les siga dando dolores de cabeza a las autoridades del país. Menor producción agrícola, precios altos y desabastecimiento de agua podrían ser un peligroso coctel en momentos en que la economía se desacelera. Ojalá la infraestructura salve la patria.

Sin agua

No solo es energía, el riesgo de un racionamiento de agua es inminente. Al respecto, el ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, anunció que 210 municipios del país , en 21 departamentos, tienen racionamiento de agua y 300 se encuentran en riesgo de desabastecimiento. En vista de esta situación, el Ministro invitó a activar planes de emergencia en municipios vulnerables. Resaltó la necesidad de “denunciar a los derrochadores e identificar fuentes alternas de agua potable para contrarrestar el desabastecimiento”.
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