| 8/21/2014 6:00:00 AM

Sigue la incertidumbre

A diez días de venderse Isagen, el Gobierno aplazó la operación un año. ¿Cuáles son las implicaciones de esta decisión?

La venta de la participación de la Nación en Isagen se ha convertido en el comodín de los últimos gobiernos para cuadrar sus cuentas o buscar recursos de inversión en otros activos. Pero la operación no ha salido bien, ni en el gobierno Pastrana, ni en la segunda administración Uribe, ni en el mandato de Juan Manuel Santos.

Casi un año después de anunciar el inicio del proceso de venta de Isagen para buscar recursos que permitan apalancar el desarrollo de las vías de Cuarta Generación, el Gobierno volvió a recular y aplazó un año el proceso y generó dudas sobre cómo va a conseguir estos recursos –que superan inicialmente los $5 billones–.

Tres escenarios no favorecieron la venta. Por una parte, para muchos jugadores –incluso aquellos que contemplaron la opción de entrar en el proceso–, el precio de la empresa estaba muy elevado e implicaría para quien ganara tener disponibles más de $10 billones para pagar no solo al Gobierno sino a los minoritarios que quisieran salir, en una Oferta Pública de Acciones (OPA) posterior.

Por otra, el Fenómeno del Niño impactó a Isagen en el corto plazo. Primero, porque no está ayudando con el llenado del embalse de Hidrosogamoso –su más reciente central y con la que aumentaría en 40% su capacidad de generación– y, segundo, porque aumentó sus costos operativos, ya que tuvo que comprar energía más cara para cumplir sus obligaciones.

Pero, como señala un analista del sector eléctrico, la estocada final fue política y obedeció a la postura del Partido Liberal en contra de la venta de 57% de Isagen, sumándose así a los partidos que están en la oposición, como el Centro Democrático y el Polo.

El apetito al final no fue el esperado, pues ni GDF Suez –que vendió a Celsia sus activos en Panamá y Costa Rica– ni los chinos, ni Duke ni Gas Natural se la jugaron por el proceso. Además, los interesados en este negocio habrían tenido reparos en el estado de avance de Hidrosogamoso y no estaban dispuestos a asumir riesgos adicionales. Por eso, ninguno se comprometió con la garantía que exigía el Gobierno.

En este escenario, la venta, a un año, no está clara. En especial porque los próximos doce meses van a ser muy complicados para el Gobierno en materia de finanzas: tiene que buscar recursos por más de $12 billones para financiar su presupuesto, adelantar la reforma tributaria y confiar en que los ingresos que provienen del petróleo no se sigan cayendo por cuenta de la baja producción, la ausencia de hallazgos, los retrasos en las licencias ambientales y las consultas previas, y los continuos ataques a la infraestructura. En el caso de las rentas petroleras, se estima que para el año entrante el Gobierno recibirá $3 billones menos.

Y en simultánea debe tener una cuidadosa filigrana para que la estructura política en la que está montado su mandato –con la Unidad Nacional– no se vaya a desbaratar porque podría poner en riesgo las mayorías en el Congreso.

¿Qué puede cambiar en un año el escenario de hoy en la venta de Isagen? Sin duda, la mayor expectativa está en el avance de Hidrosogamoso. Si los cronogramas no se cumplen, se ratificaría el desinterés por este activo.

Pero no solo es el frente interno, también en el externo hay amenazas. Los coletazos del entorno internacional pueden venir con un aumento de las tasas y una caída de los precios de los commodities, especialmente del petróleo y la minería, sobre los que hoy se sustentan las finanzas públicas.

Aunque otros jugadores, como los nacionales que se quedaron en la baraja –EPM y EEB–, han visto con optimismo el aplazamiento, las dificultades en materia de una eventual posición de dominio se mantendrían y el escenario no cambiaría radicalmente. Al contrario, una de las posibilidades es que las empresas del sector público que tienen acciones en Isagen –como EPM (que tiene 13%) y EEB (con algo más de 2%)– se sumen a la propuesta de venta del Gobierno y no se vayan a quedar atrapadas con esas participaciones en la empresa en una eventual transacción.

¿Y las 4G?

El anuncio sobre el aplazamiento de la venta de Isagen cayó como un baldado de agua fría entre los protagonistas privados del desarrollo y estructuración financiera de las concesiones de 4G. “Es un golpe duro porque son recursos importantes y los tenían destinados para financiar este proceso. Creo que el Gobierno queda en una situación difícil porque, si bien la primera tanda –unas diez concesiones que valen cerca de $10 billones– puede avanzar, ¿qué va a pasar con las otras?”, dice un banquero de inversión que prefirió mantener su nombre en reserva.

Además, si con la expectativa de la venta de Isagen en los proyectos que se han asignado –en los que había 10 precalificados– no han llegado más de tres ofertas y en algunas solo una, ¿qué va a pasar en el futuro cercano cuando el proceso de venta de la generadora se alargó un año y hay más incertidumbres que certezas?

Por ahora, Clemente Del Valle, presidente de la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN), tranquilizó al mercado y dijo que los primeros nueve proyectos son viables. “En este momento, nuestro patrimonio técnico es de $470.000 millones, unos US$240 millones a US$250 millones. Eso se va a aumentar de aquí a unos dos meses entre US$100 millones y US$120 millones más y esperamos el año entrante poder subir a cerca de unos US$500 millones. La mayor parte de los recursos van a venir de los multilaterales”, explica Del Valle.

Con esos US$500 millones, la FDN podría apalancar unas 8 a 9 veces; es decir, entre US$4.000 millones y US$4.500 millones. “Es lo que podríamos movilizar por lo menos en estos primeros años y eso es con lo que estamos trabajando y nos permitiría atender los primeros proyectos que ya han sido adjudicados, más los que se van a adjudicar en los próximos dos o tres meses para las primeras nueve concesiones de la primera ola”, agrega Del Valle.

La gran pregunta es: si no es Isagen, ¿qué va a pasar? En especial porque los recursos de Isagen no llegarían directamente a la FDN sino al Fondo Nacional para el Desarrollo de Infraestructura (Fondes) y eso en el futuro podría dar mayor apalancamiento.

El vicepresidente Germán Vargas Lleras dijo que, de ser necesario, se buscarían otros recursos para financiar las obras y al cierre de esta edición estaba pendiente una reunión con el Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, para definir los planes B.

El mismo Vargas Lleras volvió a poner sobre el tapete la venta de un porcentaje de Ecopetrol. Sin embargo, esa no será una tarea fácil por dos razones: una, el costo político y, la otra, el económico. El primero, que para hacer la venta necesita el respaldo del Congreso y en el primer mandato del presidente Santos fue uno de los proyectos que se engavetó porque no tuvo buen ambiente. A esto se suma la segunda razón. Todo indica que no es el mejor momento para vender acciones de Ecopetrol. A lo largo del año, su valor ha caído en cerca de 20% y el escenario futuro no se ve fácil. No aparecen las nuevas reservas, el tema de la tecnología Star con Pacific y campo Rubiales desgastó a la compañía y las perspectivas de que el precio internacional caiga son altas. Además, este año sus cifras no serán las mejores.

¿Qué otros caminos le quedan al Gobierno? El mismo Cárdenas descartó la posibilidad de incluir nuevos impuestos para este proceso y, así, el margen de maniobra se limita (ver Editorial pág. 8). Ahora se requiere de una mayor creatividad por parte del Gobierno para apalancar casi $40 billones y que el país no siga con su retraso competitivo por cuenta de su deficiente infraestructura.
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