| 6/26/2014 5:00:00 AM

La recta final de Petro

Tras el revolcón de su gabinete y a un año y medio de terminar su alcaldía, Dinero analiza los flancos en los que deberá enfocarse Gustavo Petro.

A comienzos de la tercera semana de junio, cuando el ambiente nacional estaba aún impregnado de aires postelectorales, Gustavo Petro volvió a aparecer en la arena mediática. Lo hizo para pronunciar –en medio de un clima de interinidades y de renuncias– los nombres de quienes a partir de ahora conformarán su nuevo equipo de trabajo. De paso, aprovechó para acallar rumores que venían haciendo carrera dentro de los recovecos capitalinos y según los cuales un remezón de enormes proporciones sacudiría los cimientos del gabinete distrital.

El reacomodo de sus alfiles fue leído por muchos como un último respiro para carear el año y medio que le queda al frente del Palacio Liévano. No hay que pasar por alto el hecho de que su apoyo irrestricto a la campaña del reelegido presidente Santos le significó una garantía para poder continuar hasta el final de su periodo. Con esa realidad, ¿hacia qué flancos económicos y de inversión deberá concentrar esfuerzos Gustavo Petro, al lado de su renovada guardia pretoriana, ahora que entra en la recta final de su mandato?

Con el ánimo de responder el interrogante, Dinero consultó a expertos conocedores de la ciudad. Todos ellos señalaron cinco puntos, a su juicio, neurálgicos y urgidos de recibir atención: las precarias finanzas de la Empresa de Acueducto de Bogotá (EAB), las millonarias y apremiantes inversiones que requiere la movilidad, llevar a buen puerto una modernización tributaria hoy en ciernes, definir la suerte del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y, por último, ejecutar correctamente los recursos del sector seguridad.

Para entrar en materia vale la pena dar un vistazo a la situación actual de la Empresa de Acueducto (EAB). Según informes internos de la entidad, en 2013 sus utilidades cayeron 58,36% en relación con 2012. Eso, en plata blanca, representó un bajonazo de $85.985 millones. Pero ahí no se detienen las cosas. Al hablar sobre el panorama de Aguas de Bogotá –filial de la EAB– el 17 de octubre del año pasado el alcalde Petro sentenció una frase demoledora: “la rentabilidad resulta excesivamente baja. No nos da la radiografía contable y no queda claro cuál es su situación”.

Un horizonte que, sin duda, luce sombrío. Tanto es así que la calificadora de riesgos Fitch Ratings señaló en un reciente estudio que el perfil crediticio de la EAB –tal y como van las cosas– podría debilitarse. Consciente de esa realidad, el gerente de la entidad, Alberto Merlano Alcocer, dejó marcadas las pautas para implementar algo denominado textualmente “diseño y puesta en marcha del nuevo modelo empresarial y organizacional de la EAB”. En palabras simples, se trata de cambiar la cara de la entidad mediante un revolcón corporativo.

Hasta ahí la idea suena interesante. Los reparos frente a la iniciativa, sin embargo, no se han hecho esperar. La concejal liberal María Victoria Vargas sostiene, por ejemplo, que en la búsqueda de ese nuevo modelo organizacional, los dos últimos gerentes de la EAB, Diego Bravo y Alberto Merlano, han gastado $3.271 millones y agrega que, a pesar de la para nada despreciable inversión, a estas alturas pocos resultados se han visto.

Por su parte, el concejal y codirector del Partido Verde, Antonio Sanguino, está convencido de que “las decisiones equivocadas que ha tomado el Alcalde con respecto a la Empresa de Acueducto han comprometido seriamente su viabilidad financiera y le han servido para violar su propio plan de desarrollo, que tiene como eje fundamental la defensa de lo público”.

Por todo esto, como dirían en el lenguaje taurino, durante su último tercio Gustavo Petro deberá incluir en los primeros renglones de su agenda un plan para salvar la EAB, por años considerada una de las joyas de la corona.

¿Y el resto?

El segundo foco en el que deberá concentrarse el Alcalde es la movilidad, un tema seriamente rezagado que pide soluciones a gritos. No es casual que en los archivos internos del cabildante Sanguino repose un documento según el cual de los $63.000 millones que componen el presupuesto del sector tan solo haya sido ejecutado un pobre 23,24%, con corte al 30 de mayo de 2014. “Además, la implementación de los seis planes maestros de movilidad –cuyo presupuesto es de $25.000 millones– hoy muestra una ejecución de 12%”, remata el líder verde.

Y, aunque alarmantes, esos bajos índices no es lo que más preocupa a los conocedores de la movilidad. Su verdadero desvelo es que, a pesar de que el Concejo aprobó $3,8 billones para el cupo de endeudamiento –la cifra más alta que se le ha entregado a una administración–, a la fecha estos recursos no han sido licitados por el IDU. Se supone que de esa partida tendrá que salir el metro pesado ($800.000 millones), la troncal de Transmilenio por la Boyacá ($712.000 millones) y los cables aéreos ($253.000 millones), entre otras apuestas.

Así, mientras el Alcalde mete el acelerador a fondo a los proyectos de movilidad, el otro reto que le espera en materia económica es sacar adelante su famosa modernización tributaria. No en vano uno de los ejes de la “Bogotá Humana”, desde un principio, fue generar una estrategia financiera para apalancar lo plasmado en el plan de desarrollo.

Con el ánimo de generar tributos más justos y equitativos, la Administración planteó un ‘rejuvenecimiento’ del sistema tributario encaminado a incrementar el recaudo de la ciudad en $2,8 billones. La idea era reformar y optimizar impuestos como el predial unificado, el de Industria y Comercio, las plusvalías, los derechos de edificabilidad e implementar los cobros por congestión y por parqueo en vía.

“Los resultados a la fecha no se compadecen con esos rimbombantes anuncios. Hoy seguimos esperando la cacareada modernización tributaria”, concluye la concejal Vargas. El llamado, entonces, es para que antes de que termine el año, el secretario de Hacienda, Ricardo Bonilla, radique por tercera vez ante el Concejo un proyecto tributario sólido y bien estructurado.

Por lo pronto, a la luz del presidente del Concejo, Miguel Uribe Turbay, el cuarto reto que tendrá por delante al Alcalde será solucionar el incierto futuro del POT.

Para ello, Uribe sugiere adoptar una catarata de acciones: “evaluar en su integridad el Decreto 190 de 2004; realizar los estudios técnicos que sustenten los cambios en la ordenación territorial y los cuales no se realizaron para expedir el Decreto 364/13. También es necesario concertar con la autoridad ambiental y la ciudadanía, y surtir todos los trámites y los procedimientos que establece la ley”, anota Uribe (ver columna Retos para Bogotá: menos discursos, más soluciones, de Miguel Uribe).

Finalmente, dentro de los frentes de batalla que deberá cubrir Gustavo Petro está el de la seguridad. Allí, según advierte la concejal del Partido de la U, Sandra Jaramillo, el alcalde tiene pendiente aún su promesa de campaña de poner en marcha la Secretaría de la Seguridad, una inversión que, tal y como sugiere la misma Administración, comprometería $15.800 millones.

“Parte del problema de inseguridad que afronta Bogotá, es la falta de un buen gerente con capacidad de decidir. Esto es cada vez más necesario si se tiene en cuenta que, en el papel, la ciudad tiene un plan de ruta y navegación para afrontar sus problemas: por ejemplo, el Plan Maestro de Equipamientos de Seguridad Ciudadana, los 31 pactos por la convivencia y la seguridad, el Plan 75 Cien (intervención integral de los 75 barrios más peligrosos) y los proyectos de la Administración con metas claras trazadas entre 2013 y 2023”, explica Jaramillo.

Quienes conocen los problemas de la ciudad como la palma de sus manos son conscientes de los atrasos, los errores y las improvisaciones que ha habido en esta administración. Saben, además de sobra, que el Alcalde no es ajeno a la realidad. Por eso, lo único que piden es que durante lo que resta de la era Petro en Bogotá, todos los que conforman su Administración hagan un alto en el camino y tomen los correctivos necesarios. Por el bien de Bogotá y de los bogotanos.
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