| 11/10/2016 12:00:00 AM

Expendio de drogas ilícitas en Colombia mueve $6 billones al año

El expendio de drogas ilícitas dentro del país mueve $6 billones al año para atender a un número creciente de adictos, que ya llega a 1,4 millones. Esto se convierte en una nueva amenaza para la salud pública.

Existen muchos mitos alrededor del narcotráfico en el país. Se cree que los mafiosos colombianos son los más poderosos del mundo, pero lo cierto es que han perdido el control de varios eslabones de este mercado y ahora son los carteles mexicanos y estadounidenses los que monopolizan el ingreso de droga a Estados Unidos y Europa. Esto implica que los ‘traquetos’ nacionales se quedaron con los cultivos, la producción y la distribución, que es la parte menos rentable de la cadena, mientras sus colegas del norte se quedaron con la parte más lucrativa, que es la venta en la calle a los adictos de los países desarrollados.

También se cree que Colombia es un país productor de narcóticos, pero que no es consumidor. Sin embargo, el número de adictos crece a grandes velocidades. El país pasó de ser el séptimo en consumo en América Latina en 2008, al cuarto en 2014 y el año pasado ya se contaban 1’486.506 consumidores de cocaína, marihuana, bazuco y éxtasis –más que la población de Barranquilla–.

Esto significa que el flagelo de la droga ya no es solo un problema social, de seguridad y de imagen de Colombia en el exterior, sino que es un reto interno y de salud pública.

Esta advertencia la hace el Departamento Nacional de Planeación (DNP), que acaba de terminar un estudio sobre el llamado narcomenudeo, la venta de drogas a consumidores finales.

Precisamente el creciente consumo interno, sumado a las mayores dificultades para sacar la droga fuera del país, han vuelto más atractivo el mercado doméstico, que al año ya mueve $6 billones, lo que equivale a 0,75% del PIB. Con ese dinero, con el que se envenenan cada vez más colombianos, se podrían financiar tres proyectos de las concesiones 4G o multiplicar por siete el presupuesto del programa de alimentación escolar.

Los técnicos de la Dirección de Justicia, Seguridad y Gobierno del DNP hacen estas estimaciones usando como base la cantidad de droga incautada, que permite proyectar cuánta se vende en las calles, así como usando los precios al por menor. Se calcula que en el país una dosis de cocaína (que equivale 0,11 gramos) vale en promedio $9.084. Pero este precio es mucho más alto en San Andrés, donde alcanza los $20.000, debido a las dificultades de transporte. Sucre y Bogotá son las otras dos zonas donde el valor supera los $11.500, mientras en Cauca, Caquetá y Putumayo es en donde la cocaína se vende más barato (menos de $7.300) y tiene que ver con el hecho de que son las regiones de mayor producción del alcaloide.

En el DNP también calculan que una organización de narcomenudeo incurre en unos costos anuales de $688 millones en gastos, como compra del producto, su procesamiento y almacenamiento, pagar a los expendedores –mínimo tres por organización– e incluso unos contadores de las monedas provenientes de la venta del estupefaciente –requieren al menos dos–.

Sin embargo, el costo mayor de estas empresas criminales está en el pago de corrupción, que equivale a unos $566 millones anuales. Tras experiencias como el desmonte de la zona del Bronx en Bogotá se pudieron hacer cálculos más exactos, como, por ejemplo, que una organización de narcomenudeo corrompe a unos 10 policías, que están a su servicio y que reciben remuneraciones económicas a través de nóminas ilegales.

En el país se tienen identificadas 610 organizaciones de este tipo, con gastos conjuntos de $419.680 millones al año.

El peso de la hierba

De los $6 billones que se mueven al año en narcomenudeo, $4,4 billones corresponden a la comercialización de marihuana y $1,4 billones a la de cocaína, el resto es bazuco y otras drogas.

Si la cifra se analiza como un balance empresarial, $2,8 billones corresponden a costos y $3,2 billones a utilidades, lo que muestra por qué es un negocio tan atractivo, incluso sin tener que exportar.

A diferencia de otros productos agrícolas, la parte de la cadena que más gana es la llamada red narcotraficante, que es dueña del cultivo y de la producción, tiene unos costos anuales de $26.000 millones, que incluyen la compra a los campesinos directamente en sus parcelas, y utilidades netas de $274.000 millones, lo que da una rentabilidad de 1.053%. La rentabilidad de la banda delincuencial que opera como intermediaria es de 627% y la del expendedor final es de 21%.

Sin embargo, los actuales narcotraficantes colombianos ganan mucho menos que sus antecesores.

Los llamados por el DNP como carteles de primera generación, que son aquellos que operaron entre 1980 y 1995, alcanzaron rentabilidades de hasta 2.790%. Su ventaja consistía en tener el control de toda la cadena de producción de droga desde el cultivo hasta la comercialización en las calles de Estados Unidos. En esa época producir un kilo de cocaína y enviarla al país del Norte les costaba US$5.900, que luego al mayorista se vendía a US$27.400 y al pequeño consumidor a US$170.521.

Después llegaron los carteles de segunda generación (entre 1996 y 2008), con una rentabilidad de 810%, pues ya perdieron la última parte del negocio, que quedó en manos de pandillas de Estados Unidos que les venden a los consumidores finales. Esto, pese a que producir y exportar un kilo de cocaína costaba menos –US$5.600–, pero en la venta a mayoristas, el precio se redujo –US$24.850– pues esa parte de la cadena la tuvieron que compartir con los narcos mexicanos.

La tercera y la cuarta generación de narcotraficantes (desde 2005 a 2015) tienen una rentabilidad de 260%, apenas 10% de lo que ganaban sus colegas de los años 80. El costo de producir un kilo y sacarlo del país bajó a US$2.760, pero la mayoría solo llega hasta Centroamérica, de ahí en adelante el negocio quedó en manos de otros y eso explica sus menores ganancias.

Este análisis lleva al DNP a recomendar un cambio de orientación de la lucha antinarcóticos hacia las “ollas” de narcomenudeo, por todos los peligros que implican para el país, así como descriminalizar el consumo.

Aunque el narcotráfico es menos rentable que en el pasado y su modelo actual rompe varios mitos, lo que sigue siendo cierto es que es un modelo de dinero fácil que no le hace ningún bien al país.

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