| 5/12/2016 12:00:00 AM

Después de un costoso Niño, viene La Niña con 70% de probabilidad

Cepal y el BID estimaron en $11,2 billones el daño causado por La Niña de 2010 y 2011. Las alertas están encendidas por la alta probabilidad de que vuelva a finales de año.

El clima se está convirtiendo en el peor verdugo para obras de infraestructura vial, saneamiento básico y agricultura en Colombia. Por falta de planeación, desconocimiento o, incluso, por hacer caso omiso del nivel de riesgos que implican los cambios climáticos, las pérdidas siguen siendo multimillonarias.

Entre el último trimestre de 2015 y el primero de este año, el Fenómeno de El Niño le ocasionó al país fuertes pérdidas por las sequías provocadas por la baja ocurrencia de lluvias e, incluso, llegó a generarse una amenaza de ‘apagón’.

Pero sin terminar de conocerse el balance de pérdidas por El Niño, las alarmas se volvieron a encender en los últimos días por la información que ya tiene el Instituto de Hidrología y Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) de lo que viene en materia climática: un fenómeno de La Niña, es decir, de excesiva lluvia.

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Coincidente con los datos de organismos como el Noaa –National Oceanic and Atmospheric Administration– de Estados Unidos, que también investiga los fenómenos climatológicos, el director del Ideam, Omar Franco, asegura que en estos momentos existe una probabilidad de 70% de que en el último trimestre del año se agudicen las lluvias y se presente el Fenómeno de La Niña. Pero, ¿qué impacto puede tener este cambio climatológico y qué medidas tomar para mitigar sus daños?

Como se sabe, La Niña que se registró entre 2010 y 2011 dejó a su paso una estela de pérdidas materiales para millones de colombianos e innumerables costos para la economía del país. Un estudio del BID y la Cepal tasó en $11,2 billones el daño económico de lo que se llamó la “ola invernal” y que provocó el aumento desmesurado en el régimen de lluvias durante la ocurrencia de este fenómeno.

También estableció que las pérdidas por las inundaciones y avalanchas llegaron a $2,1 millones y afectaron sectores como la agricultura –que llevó la peor parte–, el transporte, la minería y el turismo. Solo en el caso del agro, las pérdidas alcanzaron los $763.000 millones, según el BID y la Cepal.

Estos antecedentes de daños y pérdidas que dejó la pasada ola invernal, sumados a las alertas por una nueva ocurrencia de La Niña entre finales de este año y comienzos de 2017, motivaron al Gobierno y al director del Ideam, Omar Franco, a iniciar una fuerte campaña de información, prevención y planeación para mitigar su impacto.

Franco es un convencido de que contar con buena información y trabajar en temas de prevención, planeación y disminución del riesgo son las herramientas más eficaces para evitar daños. Por eso, a instancias del alto gobierno, comenzó hace unas semanas una fuerte campaña de divulgación y una correría que lo llevará a todas las regiones del país para crear conciencia de la importancia de tomar las medidas necesarias de precaución.

¿Qué tanto margen de maniobra hay? Franco cree que, aunque no se pueden evitar los intensos veranos o las excesivas lluvias, el país sí puede disminuir los riesgos tomando las medidas adecuadas.

Por eso, el pasado 6 de mayo, durante la Cumbre de Gobernadores en Montería, enfatizó a los mandatarios la importancia de tomar las medidas de prevención para que, conjuntamente con las autoridades municipales y las Corporaciones Autónomas Regionales, se inicie la verificación y monitoreo permanente de diques, vertientes de los ríos, zonas inundables, los jarillones, alcantarillados y las zonas erosionadas o donde son recurrentes los deslizamientos de tierra.

Llamó también la atención a las autoridades regionales para acelerar las obras que eviten inundaciones o tragedias similares a las de la pasada ola invernal. Esto implica, además, desarrollar un trabajo fuerte de verificar que no se hagan construcciones en las riberas de los ríos o se proceda con la reubicación de las familias que viven en zonas de erosión o con alta incidencia de avalanchas o inundaciones.

De hecho, la presencia de familias enteras en zonas de alto riesgo se ha convertido en una constante que tiene en alerta a las autoridades regionales, pues muchas veces lo utilizan como mecanismo de presión para lograr la atención inmediata por parte del Estado, exponiendo incluso sus vidas.

Pero los alcaldes y gobernadores no son los únicos que deben estar alerta. En el sector productivo, según Franco, también hay que tomar medidas, como planear de manera eficiente la ejecución de las obras de infraestructura que están programadas para evitar que los proyectos queden atrapados en medio de la temporada de fuertes lluvias. De hecho, los empresarios del sector de infraestructura ya acogieron el llamado de alerta enviado por el Ideam y convocaron para el próximo 27 de mayo una reunión con las empresas agremiadas a la Cámara Colombiana de la Infraestructura para conocer de primera mano los riesgos que existen y las opciones para mitigarlos.

También el Ideam desarrollará reuniones con empresarios del sector agropecuario, a instancias de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), así como con industriales representados por la Asociación Nacional de Empresarios (Andi).

En el caso de los agricultores, la entidad publica un boletín hidroagrológico en el que participan cerca de 16 gremios y entidades relacionadas con el sector; allí se hace un barrido de los cambios del clima para alertar a los agricultores sobre las condiciones que enfrentarán sus cosechas.

Según Franco, la información es una poderosa herramienta que permitirá al país enfrentar los cambios climatológicos y disminuir los riesgos y daños.

Sin embargo, no es suficiente si no se desarrolla de forma paralela una conciencia en el país sobre la necesidad de mejorar la planeación y ejecución de las obras para enfrentar un fenómeno natural, contra el cual solo se puede prevenir.

Niño costoso

Aunque todavía no se han determinado los costos totales que deja el Fenómeno del Niño, que provocó una de las seguías más intensas en la historia del país entre el segundo semestre de 2015 y el primer trimestre de este año –su fin está cantado para la última semana de mayo–, dos cifras parciales dan cuenta del tremendo impacto que tuvo en la economía.

Por un lado, el director del Departamento Nacional de Planeación, Simón Gaviria, aseguró que solo por incendios forestales las pérdidas alcanzaron el año pasado unos $476.000 millones. La otra cifra la dio a conocer recientemente el gerente de EPM, Jorge Londoño, quien tasó en $800.000 millones los costos directos que El Niño tuvo en esta empresa.

Cifras del desastre

$2,9 billones suman las pérdidas anuales de servicios ecosistémicos de los bosques en el país; es decir, la regulación hídrica, de clima, captura de carbono, control de la erosión y de sedimentación.

$476.000 millones costaron en 2015 los incendios forestales provocados por el Fenómeno del Niño, según datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP). Por incendios forestales el año pasado se consumieron 119.385 hectáreas en el país, de ellos, cerca de 19,5% corresponden a bosques.

30 años podría tardar la recuperación del bosque perdido en el país por efectos de la agudización del Fenómeno del Niño. Magdalena, con pérdidas por $59.334 millones, fue el departamento más afectado por los efectos del clima en 2015.

En territorio, tuvo afectación en 2.849 hectáreas de bosques. Un total de 28.628 unidades de bomberos y más de 5.000 máquinas se movilizaron el año pasado para controlar incendios, según el reporte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).

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