| 9/26/2012 6:00:00 PM

¿Es el momento?

La Administración del presidente Santos está decidida a impulsar la reforma tributaria. Pero muchos dudan que sea oportuna.

El pasado miércoles 19 septiembre, dos meses después de que el actual Congreso entrara a sus sesiones regulares, el Gobierno anunció un paquete de proyectos de agenda legislativa. Este se acordó en una reunión que sostuvo el presidente Juan Manuel Santos con su gabinete de ministros y representantes de los partidos que hacen parte de la Mesa de Unidad Nacional.

Son 15 proyectos que van desde la formulación de un Código Electoral y del Fuero Militar, hasta dos reformas estratégicas para la economía: la tributaria y la pensional; además el Gobierno pondrá a consideración del legislativo su propuesta de eliminar tres ceros en la denominación de los billetes y monedas. El presidente Santos destacó que en lo que lleva este Gobierno el Congreso de la República ha aprobado 84 reformas (79 leyes y cinco actos legislativos) de iniciativa solamente del Ejecutivo.

Pero, más allá de las cifras, es claro que este paquete legislativo es el primer acercamiento del Gobierno al Congreso, luego del bochornoso episodio que se vivió con la presentación y posterior hundimiento de la reforma a la justicia al término de la pasada legislatura y que dejó congeladas, durante casi 60 días, las iniciativas por parte del Ejecutivo.

“La agenda que el Gobierno ha venido planteándole al país ha estado totalmente paralizada. Llevamos más de dos meses desde el inicio del periodo legislativo y quedan apenas un poco más de dos meses para terminarlo. No queremos que en el Congreso se repita el episodio vergonzoso de la reforma a la justicia, con proyectos que se traen corriendo con mensaje de urgencia y que se aprueban a pupitrazos. Eso no puede volver a ocurrir”, dice el congresista David Barguil.

Sin embargo, a mitad de la legislatura, el Gobierno decidió revivir la reforma tributaria que el anterior ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, había declinado presentar y cuya última recomendación al presidente Santos fue precisamente dejarla al margen de la agenda legislativa, pues no la consideraba oportuna.

La reforma estructural, como se llamó a la versión que trabajaban Echeverry y su equipo, buscaba hacer un cambio en el sistema tributario, ordenar ajustes que en el pasado generaron una mezcla de exenciones y excepciones y dieron paso a un sistema inequitativo e ineficiente. También planteaba solucionar el futuro de ingresos provenientes de mecanismos que se perderán en el tiempo, como el impuesto al patrimonio y la eliminación progresiva del 4 x 1000.

Pero, además, con una ventaja adicional: el tiempo. El propósito era hacerla en la primera parte del mandato de Santos, cuando la economía y sus indicadores eran favorables –aún lo son en medio de la crisis internacional–, el comportamiento de la demanda interna ha permitido mantener la confianza inversionista, y sin la presión de debates electorales cercanos.

Pero hoy el panorama ha cambiado. El anuncio de las negociaciones de paz con la guerrilla de las Farc se ha convertido en el nuevo foco de atención del país, y a este se sumará un 2013 en el que empezarán a conocerse las cartas a la Presidencia, se sabrá si el presidente Santos irá por la reelección y se moverán las campañas para el Congreso.

En el campo económico, el país está a la espera de cómo se desenvuelve la crisis europea, cómo sigue el comportamiento de economías como China e India y qué reacción habrá en Estados Unidos, tras su jornada electoral de final de este año, factores podrían impactar el desarrollo de la economía colombiana.

¿Qué tan oportuna, entonces, es la presentación de esta reforma tributaria? Para Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda, el país necesita una reforma tributaria, no estructural ni definitiva, pero sí que permita resolver problemas que tiene el estatuto tributario que no se han podido atender en el pasado por las necesidades de recaudo. “Esta no es una reforma para aumentar el recaudo, sino más bien para repartir las cargas tributarias de manera más equitativa y para que nuestro sistema tributario no genere un efecto que yo creo muy perjudicial: está castigando la generación de empleo formal”.

Con una imagen del presidente Santos en ascenso, gracias a los anuncios de los diálogos de paz, y la percepción de una economía más robusta, es posible que hoy el Gobierno tenga una ventana de capital político que quiere aprovechar.

Para un exministro de Estado, que prefirió mantener su nombre en reserva, con la presentación de los proyectos, el Gobierno busca darles importancia a otros temas “y no quedar prisionero de los diálogos de paz con la guerrilla de las Farc”.

Sin embargo, no todos piensan lo mismo. El empresario Álvaro Gómez Jaramillo, presidente de la junta directiva del Grupo Familia, considera que, a pesar de que todo es susceptible de ser mejorado, este no es el momento. “Si hay un recaudo histórico, ¿por qué nos vamos a meter en una reforma que puede salir bien o mal, pero que asusta a los inversionistas? No es la hora de la tributaria, eso trae angustias y resquemores. No es oportuna y genera temores”, asegura el empresario.

Otro empresario, Juan Carlos Archila, presidente de Claro –antes Comcel–, señala que, aunque no conoce la urgencia para su presentación, “hay muchas variables hoy en la agenda que son difíciles de coordinar y se necesita que todas salgan bien”.

Además, para Fanny Kertzman, exdirectora de la Dian, el trámite en el Congreso de una reforma tributaria –por buena que sea– es peligroso. En una reciente columna en Dinero, Kertzman señaló que si no hay necesidad de aumentar el recaudo “es mejor dejar esa culebra quieta. Más aún en el tercer año de gobierno y con las tensas relaciones entre el legislativo y el ejecutivo. Las concesiones tendrían que ser inmensas”. Ante lo estrecho del tiempo de discusión en el Congreso, la posibilidad de que la reforma salga con grandes distorsiones es alta y podría generar un desgaste político e, incluso, institucional, donde revive el caso de la reforma a la justicia.

No obstante, Cárdenas considera que hay ambiente en el Congreso para el trámite y que el tiempo es suficiente para discutirla, “siempre y cuando tengamos unos acuerdos básicos y no se utilice esta reforma tributaria para incluir una gran cantidad de iniciativas y solicitudes”.

Aunque Cárdenas ha señalado que no se requieren nuevos recaudos, hacia el futuro será necesario mirar de dónde saldrán los recursos que se necesitarán en 2014, cuando se acabe el impuesto al patrimonio y empiece a morir el 4 x 1000, cuyo desmonte termina en 2018, y “si no se tapan esos huecos, que –en total– pueden llegar a representar un punto del PIB, el país no va a cumplir con la regla fiscal”, dice un exfuncionario del Gobierno.

La pregunta es si esta será la única reforma tributaria que va a presentar el ministro Cárdenas. Tal vez no, pues además del complejo tema que representa la búsqueda de recursos para 2014 y atender los cumplimientos de la regla fiscal, todavía no se conoce cuánto costará la negociación de la paz, ni de dónde saldrán los recursos para financiarla, un tema que está hoy fuera del alcance del Ministro y se encuentra solo en la órbita del presidente Santos.
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